Madame-sata

Madame Satä

Karim Ainouz (2002)

Ciclo: "De amores, sexualidades y géneros"

Sábado 10 de mayo de 2014, Hora: 5:00 pm.

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 ¿Qué ser podría resultar de la fusión entre una bella, justa, voluptuosa deidad, con inmensos poderes de seducción, y un fiero, descabellado e insaciable tiburón, que se alimenta de otras fieras por diversión? ¿Sería acaso un ser con rasgos predominantes de la una o del otro?¿Deberíamos en adelante llamarle en correspondencia con esa predominancia de la una o de la otra forma, deidad o tiburón, olvidándonos de los rasgos no predominantes? ¿Por qué es necesario para la sociedad en que este ser habita, catalogarle como la una o el otro? ¿Qué implicaciones y consecuencias trae consigo esta catalogación?

Hacemos de nuevo pausa –como acostumbramos cada mes– en nuestro ciclo anual de Cine ruso, para volver desde la experiencia cinematográfica al tema del que en este año se ocupa La Conversación del miércoles: De amores, sexualidades y géneros, y más específicamente al asunto que este mes se pretende tratar: ¿No somos sino hombres y mujeres?

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez


Memoria de la conversación.

Cine en conversación, sesión mayo 10 de 2014

Ciclo: "De amores, sexualidades y géneros"

Película: Madame Satä.

Dirección: Karim Ainouz.

Año: 2002.

En un bar nocturno de Lapa, barrio de burdeles, truhanes, prostitutas y homosexuales en Río de Janeiro, un negro de cuerpo musculoso que delata su anterior oficio de estibador, observa entre bambalinas el show de la artista invitada y sueña con llegar a ocupar algún día, ese mismo escenario. Es João Francisco dos Santos, un hombre nacido años atrás en una familia de antiguos esclavos, cuya extrema pobreza los obligó a cambiarlo cuando tenía 7 años por una yegua, con seguridad más productiva que el travieso chico. Años más tarde, su familia adoptiva se trasladó a Rio de Janeiro en donde, gracias a su talento artístico, y después de ejercer duros oficios como cargador y vigilante, se convirtió en atracción de las noches cariocas adoptando el nombre de Madame Satã, en memoria del personaje creado por Cecil B. DeMille para una de sus películas.

Una historia de exclusión, como lo manifiesta Aïnouz; João reunía varias condiciones, cada una de las cuales era suficiente para su marginación; pobre, negro, analfabeto y homosexual, tuvo que aprender a abrirse paso en la vida ejerciendo la violencia, única manera de sobrevivir; aventajado practicante de capoeira, cuenta la leyenda que una vez se enfrentó a 24 policías, poniéndolos a todos fuera de combate; este individuo puede ser símbolo de todos aquellos excluidos en razón de su ideología, religión, cultura o nacionalidad.

Pulsión de vida y muerte a través de la violencia y el deseo, pero también ternura, habitan a este ser, quien defiende prostitutas agredidas y dedica el tiempo libre a cuidar de “su princesa”, la hija de Laurita, amiga y compañera de vecindario, y a quien promete, si llega a triunfar como artista, educarla en un internado francés de monjas. Un personaje que es capaz de desafiar ese “deber ser” que la cultura impone al hombre (o a la mujer), y que asume con altivez el malestar que su “diferencia” origina en la sociedad. Frente a ese medio hostil, sólo restará la violencia para reafirmar su singularidad; el poder, representado aquí por la policía, lejos de proteger sus derechos, actúa como otro estigmatizador, en este caso, legal; alborotador, mal hablado, son sólo algunos calificativos que le endilgan en un interrogatorio humillante; está condenado de antemano; no es pues extraño que pase en la cárcel, 27 de los 76 años que vivió.

João exorciza su dolor, soñando, reinventándose cada vez bajo un personaje diferente, creando para él, leyendas diferentes: unas veces será esa lista princesa Scherezada, obligada a inventar cada noche un cuento para huir de una muerte segura; otras será la hermosa mulata, Jamacy, que se enfrenta, en fiera lucha con el Tiburón para terminar fundiéndose con él en forma tal, que era imposible distinguir quién era el uno o la otra; Y es entonces cuando recordamos la pregunta que formuló Carlos Mario González en su última “Conversación del miércoles”: ¿No somos sino hombres o mujeres? João lleva en sí esa dualidad masculino-femenino que hace imposible nombrarlo solamente como hombre o como mujer. Algunas de las frases pronunciadas por el protagonista denotan la aceptación de su condición social como predeterminada: “nací para llevar una vida de bandido” pero que expresan por otra parte, esa rabia sorda, ese doloroso sentimiento de frustración que arrastra: “Hay algo dentro de mí que no me deja calmar, una rabia sin fin…” Sin embargo, ese sórdido mundo que le rodea no logra robarle la capacidad de soñar y es eso lo que le mantiene vivo.

Aïnouz logra aquí, mediante el uso de la cámara siempre en movimiento y de los colores fuertes, transmitir ese ambiente febril de un Lapa nocturno vibrante, a la vez que transportarnos a otro Brasil, no aquel de playas doradas que nos venden las agencias turísticas; la música desbordante y sensual inunda la pantalla; la vida está allí en plena explosión, pero también acecha la muerte si se traspasan ciertos límites.

 

 Beatriz Florez

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