Cine en conversación, sesión marzo 8 de 2014

 

Ciclo: "De amores, sexualidades y géneros"

Conferencia: El amor y las verdades del corazón.

Película: La historia de Adela H.

Dirección: Francois Truffaut.

Año: 1975

Al no tener la sonrisa del amor, me conformo con su mueca.

Adela H.

En el año de 1863 la joven y hermosa Adele H. llega desde Europa haciéndose pasar como la señorita Lewly, y se instala en la sencilla y respetable pensión del matrimonio Saunders en la pequeña ciudad de Halifax, Nueva Escocia. Va en busca de una ilusión, de una quimera, de un esquivo amor. Se lo hace saber a los Saunders y, aprovechando las casualidades, le envía una carta al hombre que ha motivado su viaje, el teniente británico Pinson. Sin embargo el militar no muestra mayor entusiasmo por la llegada de la viajera. En los días siguientes, la enamorada Adele H. irá escribiendo en su diario miles de palabras de adoración por el oficial convencida de la unión espiritual que los enlaza y no atenderá el rechazo permanente, ni la comprobación de que él ya tiene otra vida, otras mujeres, otros intereses que no la incluyen a ella. Agotada, Adele H. cae enferma, y debido a una carta dirigida al escritor francés Victor Hugo, se descubrirá furtivamente su identidad. Ella es la segunda hija del gran poeta, hermana menor de Léopoldine Hugo quien murió accidentalmente ahogada justo después de contraer matrimonio. Con su fracaso ante Pinson, la tragedia y la obsesión de Adela H aumentan: le ofrece al hombre dinero, mujeres, la promesa de una vida segura, también recurre a un hipnotista y, más desesperada, destruye la reputación de él ante la familia de la mujer con la que se ha comprometido. Adele H. no comprende, le escribe a sus padres anunciándoles su compromiso y luego la posterior boda con el militar. Finalmente en 1864 Pinson es enviado a una misión a Barbados; la joven cada vez más enloquecida lo sigue hasta el trópico, se hace llamar la “Señora Pinson”; harapienta, enferma, sin conexión con su padre, con su nombre, con la realidad, estará sumida en un anestésico sueño idílico que la cegará y le impedirá reconocer incluso el rostro del hombre por quien se fue de su propia casa.

No dejó de ser notorio el hecho de que Adele, una mujer dotada en principio de múltiples atributos, belleza, juventud, talento, riqueza, popularidad, y quien tendría hipotéticamente un futuro promisorio, terminara sumida en la obsesión, en la enajenación y en la indigencia, rendida ante un soldado como muchos otros. Mas ahí se puede ubicar parte de la explicación: en ese misterio de lo inconsciente en el cual los sentimientos no se controlan. ¿Y es que hay alguien en este mundo que pudiese asegurar que nunca le pasará lo mismo que a Adele? ¿Existe un solo ser que se afirme seguro, incólume, indiferente, anestesiado ante los vaivenes del amor? Al menos cabe rescatar que incluso en su solitaria y abstrusa obsesión Adele amó, lo hizo de una manera romántica, totalizando al otro, pero amó; lo hizo convirtiéndose en la esclava del militar, pero amó; lo hizo negándose a ella misma cualquier otra posibilidad, pero amo. Y es que el amor enmarca una cantidad indefinida de sentimientos, de cruces, de encuentros y de desencuentros que a estas alturas resulta difícil decir que existe un solo amor verdadero, que todo amor es el ejemplo de la bondad y que quien es herido por Cupido está destinado a gozar del Paraíso. Las cosas muestran que el asunto es más complicado. En la verdadera historia de Adele H, asistimos a un permanente dolor de la protagonista, a la descomposición paulatina de su cuerpo y de su espíritu, a un perseguir que desencadena un deambular sin rumbo; ella misma llega a reconocer que todo está perdido. Aunque estuvo perdido desde mucho antes, cuando las posibilidades sociales no se concretaron en principio debido al rechazo de la misma familia del gran escritor francés, a las convenciones sociales. Entonces Adela quiso ir más allá de lo normal, transgredió modelos y pautas establecidas para el comportamiento de una “joven de bien” y cruzó el Atlántico en busca de un sueño, de eso que le faltaba y que como un anzuelo le dirigía su ruta. Acaso en ese gesto se encuentra una actitud heroica, mas los héroes caen pronto; y si bien su padre literato no tuvo tiempo de cantar su travesía, ella misma lo hizo en su diario, probablemente su única y verdadera compañía, diario que no la salvó, pero que le dio realidad y al menos recibió el talento de una pluma desafortunadamente ahogada. Y Adela como su hermana se ahogó en un mar de tinta ¿Fueron sus diarios y sus cartas entonces el escenario donde ella vio realizado su amor? Quizás ¿Entonces ella amó una idea, amó al hombre o a sí misma? ¿Se enamoró del amor?

Sería simplista decir que lo que le aconteció a Adele fue solo locura; es una salida fácil y mentirosamente obvia. Ella estuvo enamorada de algo, atrapada por una fuerza, una fuerza que fue una aventura, y en las aventuras nadie sabe en verdad qué va a pasar con nosotros. Hasta el mismo Pinson lo comprobó: terminó siguiendo a la mujer de la que había escapado durante una buena parte de su vida.

Eduardo Cano U.

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