"Cine latinoamericano"

 

la vida util

La vida útil

Federico Veiroj (2010)

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Después de un prolongado descanso que siguió al cierre del ciclo de cine ruso que durante todo el 2014 nos ocupó, les invitamos a reiniciar con nosotros las actividades del Cine en conversación en este 2015, con una película uruguaya que será la primera de un ciclo anual con el que pretenderemos acercarnos al cine latinoamericano, a partir de una valiosa selección de películas que poco o nada circularon en el momento de sus estrenos por las salas de cine nuestra ciudad, y que creemos serán motivo de interesantes discusiones, fuente de bellas y enriquecedoras experiencias, y material de trabajo para seguir haciendo de nosotros unos mejores aprendices de cine.

Sobre la película que veremos el próximo sábado, a continuación les ofrecemos un pasaje de un texto titulado “De momentos propicios para ver cine en Medellín”, publicado en el blog Cine en apuntes –espacio también de discusión que surgió como retoño de este cineclub–:

“…Y La vida útil… una película con mucho encanto que a partir de la narración de una tragedia tan personal, colectiva y actual como puede ser el cierre de una cinemateca por presiones de tipo económico, nos lleva en un viaje hacia un cine del pasado, a partir de la forma (encuadres, iluminación, música, sonido) que con el transcurrir de la historia la película va adquiriendo. Al final, con tacto y muy buen gusto, la película parece querer afirmar que la única tragedia en la vida de la cual no nos podemos reponer es la de la muerte. Por eso se repone el protagonista –un personaje a quien fácilmente se puede extrañar cuando la película termina–, y por eso se repondrá también el cine de los embates de un sistema que considera inservible y desechable todo aquello que no genera ganancias económicas. Es una película que al final deja una muy buena sensación, y que se siente como hecha desde el conocimiento y el amor por el cine”.

Para leer el texto completo y revisar las demás publicaciones del blog:

http://corpozuleta.org/medios/blogsebcine

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez


  

Memoria

Película: La vida útil.

Dirección: Federico Veiroj.

Año: 2010.

Un sábado de una calurosa tarde de marzo, dimos inicio a nuestro acostumbrado cine en conversación, un espacio de La Corporación Estanislao Zuleta que le apuesta a la formación y sensibilización del público en el lenguaje cinematográfico, y en pensar sobre asuntos de la vida cotidiana que nos ofrecen sus historias. Durante este año hemos querido hacer un recorrido por el cine latinoamericano, por su riqueza visual, y argumental, que se contraponen al desgastado cine de las viejas industrias.

La obra con que iniciamos este ciclo, refleja la difícil tarea a la que nos hemos visto abocados todos los que de una u otra manera acometemos labores similares. Transcurre en una ciudad como la nuestra, con edificios, calles, buses, magistralmente retratados y embellecidos por una fotografía en blanco y negro, que logra dar un efecto poético y atemporal a la película, de la misma manera que lo han hecho directores contemporáneos como Jim Jarmusch Con hombre muerto, Alexander Payne con Nebraska, o el mismo Tim Burton con Ed Wood.

Los primeros 35 minutos nos muestran el día a día de un viejo cine club de ciudad que enfrenta la peor crisis de su historia: los socios han disminuido mes a mes, el proyector tiene problemas serios, las sillas se han deteriorado, y hay un retraso en el pago del arriendo y de los derechos de proyección; pero sobre todo, ha perdido el respaldo económico de la única  fundación que lo apoyaba por considerarlo no rentable, ocasionando su cierre definitivo.

Realidad y ficción se alternan en la obra de Veiroj. Los encargados de la cinemateca son Jorge y Martínez, interpretados por Jorge Jellinek un crítico de cine -que nos recuerda a nuestro querido Luis Alberto Álvarez- y Manuel Martínez Carrril, quien también fue crítico y director de la cinemateca Uruguaya. Y la vieja sala que vemos allí, no es otra que la sede central de la cinemateca Uruguaya. Aunque Veiroj con probable ironía al inicio de la película advierte que esta historia no es la de la cinemateca Uruguaya, el arte profetiza y algo de verdad se esconde allí.

Mientras Jorge, este hombre sin edad, con su traje anacrónico y sus lentes gruesos, recoge sus pertenencias, y las mete en su vieja maleta, para luego atravesar el pasillo despidiéndose del lugar en el que estuvo durante 25 años, la proyección de la última película anuncia la palabra FIN, se cierra el telón, y la canción de Los caballos perdidos de Leo Masliah anuncia su despedida ¨Vacío, inútil, perdido como un viento mutilado¨.

Aunque nosotros por un momento esperábamos un final trágico, la historia adquiere un tono optimista y esperanzador; como si la película que Jorge soñara y viera tantas veces, se fundiera con su vida -una rosa púrpura del Cairo en la que él se mete en la pantalla y cambia su destino- Paola, una profesora de Derecho por quien este siente una inclinación especial, contribuye con ese giro particular de optimismo. Quedan 35 minutos cargados de humor, de referencias directas al cine, desde Orson Welles, Fred Astaire, Gene Kelly, Buster Keaton hasta el mismo Bresson. Jorge espera encontrarse con ella a las 9, para invitarla a cine. Solo falta media hora, el tiempo suficiente para engañar a un grupo de estudiantes de Derecho, pronunciado un bello discurso tomado de Mark Twain, que le permitirá exorcizar su dolor.

¨La mentira es universal. Todos mentimos, todos debemos mentir. La prudencia consiste en saber mentir con fines laudables. Hay que mentir para hacerle bien al prójimo. En una palabra: hay que mentir sanamente, por humanidad. Hay que mentir francamente. Hay que mentir con valor. Hay que mentir con la cabeza erguida. No hay que mentir con egoísmo. No hay que mentir con crueldad. No hay que mentir con tortuosidad o con miedo. Hay que mentir como si estuviéramos avergonzados de la mentira. La mentira es noble, libremos al mundo de la funesta verdad que lo aqueja. La mentira nos hará grandes, y buenos y bellos, dignos de habitar un planeta en que la naturaleza miente sin cesar, pero qué puedo yo agregar, novicio como soy en el noble arte de la mentira, en vano intentaría ponerme a nivel de los miembros de esta bruta sociedad, mintamos señores pero sepamos mentir, ya que la mentira es una ley ineludible. Sepamos cuándo debemos mentir y cuándo no debemos mentir…¨

El cine también es una bella mentira, como lo es el ir a la peluquería para estar más bello en el encuentro con el otro, o el creer que el arte es tan importante como la vida, o que estas empresas culturales tienen una larga vida útil.

Al terminar la película hablamos sobre lo conmovedor que nos había resultado la misma; era como un espejo que reflejaba lo que había pasado en nuestra ciudad: el cierre de la cinemateca El subterráneo, la decadencia de las salas del Colombo Americano después de la muerte de Paul Bardwel, las dificultades que tuvo Luis Alberto Álvarez con el periódico en el que publicaba semana tras semana sus inteligentes críticas sobre el cine que veíamos en Medellín; conversamos sobre los caminos que se nos abrieron en el momento en el que todo parecía terminar. El internet abrió posibilidades que fueron vedadas a nuestros antecesores; se nos hizo más fácil encontrar los materiales, el cine se democratizó, películas que en otros momentos serían imposibles de ver, las teníamos en la red; directores, actores, historias se nos hicieron posibles.

Fue también en la red, justo en el momento final de nuestra conversación, cuando alguien nos percató de manera oportuna sobre un correo en el que los distribuidores de la película nos pedían una explicación sobre las razones que tuvimos para presentar la obra sin un permiso legal. La ficción de Veiroj seguía aún como un fantasma que rondaba por nuestra corporación. Por fortuna todo se aclaró,  pues la misma película fue nuestro argumento y la mejor recompensa recibir un breve correo del propio Federico Veiroj, a quien con estas palabras le damos las gracias por esta obra de arte sencilla y bella, sin pretensiones, sin discursos grandilocuentes, en el que la imagen habla por sí sola, con planos generales que retrataron la ciudad, bellos planos medios que nos acercaron a la emoción de sus personajes, como esos en los que se veía así mismo reflejado en el agua o veía a la peluquera antes de abandonar su vieja maleta.

Oscar Restrepo.

Corporación Cultural ESTANISALO ZULETA