Memoria del Club de lectura La mujer, el amor y la locura.
Ciclo Ana Karenina – Primera parte

4 de abril de 2013

"Yo creo que si hay tantas opiniones como cabezas, hay también tantas maneras de amar como corazones".
Tolstoi, Anna Karenina

Llevamos a cabo un segundo encuentro que nos permitió darle lugar a la palabra con mucha más seguridad y firmeza, pues los personajes ya se nos presentan con muchos más elementos que nos van permitiendo armar ese universo de relaciones llamado Ana Karenina. Dimos paso a la lectura de algunos pasajes que cada quien reconoció importantes para así adentrarnos en ese bello estilo que tiene nombre propio: Tolstoi.

Iniciamos nuestra conversación enunciando algunas preguntas que en sí mismas nos ofrecen derroteros posibles con los cuales avanzar en nuestra reflexión; en esta segunda parte ya se nos esclarece mucho mejor la figura central de Ana. Ella es ahora quien emprende una aventura pero, ¿con quién?, ¿cuáles son los rasgos de éste que la acompaña?, ¿qué amor pueden construir? Su nombre es Alexei Wronsky. Ana despliega con él un amor que amenaza la quietud de su vida, una que se mueve entre el ser esposa, madre y mujer reconocida en los círculos sociales de San Petersburgo. Estas posiciones niegan la legitimidad que puede tener ese sentimiento amoroso concretado en el encuentro público con Wronsky, pues ello le implicaría un divorcio, y éste a su vez, alejaría a su hijo de su lado y al mundo social en que se mueve. Sin embargo esta aventura que le significa a Ana angustia y goce, no es para Wronsky un sacrificio de la misma intensidad en esos aspectos fundamentales de su vida que son el mundo militar y las carreras de caballos; parece ser, en cambio, una novedad en gracia al descubrimiento de un sentimiento amoroso nunca antes experienciado. No obstante, dicho sentimiento fue cuestionado por varios asistentes, pues no veían que en Wronsky el amor cobrara formas de peso, tanto así que luego de saber a Ana embarazada y haber causado la muerte a Frufrú (la yegua), dice el narrador de éste último incidente que "sería el recuerdo más penoso y doloroso ".

A Ana la habita una pasión amorosa, pero no le implica una claridad en su proceder: ¡no sabe qué hacer! Sin embargo, en esa confusión ella opta por desdoblarse, por un lado, como una esposa diligente y sumisa y, por el otro, como una amante siempre presta al encuentro renovador con Wronsky. ¿No hemos dicho en otros ciclos que este es un rasgo de la locura? Pues similares rasgos encontramos en Kitty y en Dolly ante el desencuentro amoroso que cada una vive. Dolly en gracia a la infidelidad de Esteban y Kitty debido al rechazo que Wronsky le depara al dirigir su mirada a Ana y no a ella. ¿Qué goce les significan tales relaciones a estas tres mujeres? Una pregunta más sobre la que iremos reflexionando a lo largo de los próximos encuentros.

Dijo una asistente que un rasgo importante de esa relación que construyen Ana y Wronsky es su clandestinidad, pues por un lado se constituye como un adulterio en una época que considera este acto como una afrenta a la valoración establecida de la familia, por otro lado, es una relación que no se anuncia a viva voz, sin omitir el hecho de que empieza a recorrer las bocas de las damas que frecuentan ciertos salones, pero curiosamente, es también clandestina porque algo dentro de Karenin, aun con todas las insinuaciones ajenas, los murmullos y el cambio en la actitud de Ana, le impide reconocer fehacientemente la infidelidad de su mujer. ¿Por qué se niega Alexei Karenin a hacer caso de toda sospecha que otros se apuran a comunicarle? Él no da muestras de amarla, no se apura a reconquistar un amor ausente en ella hacia él, ¿y si no es el temor a ya no ser amado, qué es lo que le agobia? Algunas voces entre los asistentes señalaron que su preocupación radica en el honor que él supone debe sostener y el miedo a la opinión de quienes le conocen. Ahora, no descuidando nuestra posición de interrogadores permanentes, no nos pasó de largo la siguiente pregunta ¿Le imprime la clandestinidad alguna dinámica particular a esa relación de Ana y Wronsky en el orden del sentimiento amoroso? He ahí una pregunta más que no alcanzamos a contestar ese día.

Hemos dicho que Ana no sabe qué hacer con ese amor que ya ha empezado a cambiar su vida. Frente a esto alguien se pronunció diciendo: que si bien vemos a Ana desorientada, los hombres se nos presentan de forma pragmática, cada uno con su mirada particular del mundo y su ideal configurado en él: Wronsky le propone a Ana fugarse con él para así darle lugar sin más impedimentos a esa pasión; Alexei Karenin acepta la infidelidad de su esposa si ésta sabe guardar las apariencias; de igual forma podemos apreciar este rasgo en Levine y en el príncipe Cherbatsky.

He aquí, pues, nuestra conversación de la segunda parte que nos ha dejado más preguntas que la primera, justamente por la posibilidad que en ella tenemos de ir perfilando mejor los personajes principales y sus conflictos que, como alguien decía de forma muy atinada, no nos son ajenos.

Aura María Rendón
Responsable de la memoria