Club esporádico de lectura La mujer, el amor y la locura

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Escuche el audio correspondiente a la tercera sesión del club de lectura "La mujer, el amor y la locura", donde se discutió la segunda parte de la novela Madame Bovary:

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Memoria de la segunda parte de Madame Bovary

 

Fecha: Julio 7 de 2011

Una vez más, nos reunimos alrededor de cuarenta personas movidas, cuestionadas, admiradas, suspendidas, por las palabras, la forma, la narración, la propuesta de este gran escritor que es Flaubert, que nos ha dejado su obra, sus líneas, su composición para permitirnos pensar y pensarnos a través de los personajes, en especial a través de una de ellas con quien cada uno de nosotros algo comparte, Emma, y poner en diálogo asuntos que como seres humanos comprometidos con la existencia nos atañen de manera profunda y vital.

Esta segunda parte del libro, sobre la cual nos arrojamos en esta reunión, nos propuso varias preguntas que, a medida que avanzaban las participaciones, iban dotándose de más sentidos, de más posibilidades para la indagación, para ahondar y escarbar en esa grandeza de personajes por el autor configurados. Emma, nuestra protagonista y relación con el amor, con la lectura, con los hombres, consigo misma, con la vida, con su época, sus posibilidades, sus realidades, sus determinaciones, nos condujo por los caminos que trataré de plasmar en esta memoria.

Una primera participación, de una que ya nos avisaba el tema que guiará su ponencia, nos puso de frente a una condición que no podemos perder de vista al realizar interpretaciones de esta maravillosa obra, y de Emma, y es la de que estamos ante una obra y una mujer del siglo XIX, un siglo que propuso una mirada del mundo particular, que determinó a quienes lo habitaron de tal o cual forma, en todo caso diferente a la que realizamos nosotros, y que nos abre a preguntas de esta índole aportadas también desde otros comentarios: ¿Cuáles eran las posibilidades de interactuar con el mundo que tenían las mujeres en dicho siglo? ¿Cuáles los ideales que sobre el amor, el matrimonio y la familia se habían establecido en la sociedad y sus apabullantes convenciones? ¿Cómo era ser mujer, y también cómo ser hombre, en aquellos años? ¿Cómo se configuraban sujetos e identidades desde ambos géneros? ¿Qué caracterizaba a los pueblos y a las sociedades de esa época y de que posibles proveían a quienes los habitaban y las conformaban?

Así pues, la palabra circuló entre los asistentes y Emma se fue llenando de caracterizaciones muy diversas: ella, su lugar en el mundo, dependía enteramente de la relación con los hombres; su identidad la afirmaba en relación a sus vínculos con ellos y en comparación a las posibilidades de experienciar el mundo que ellos poseían. Sin embargo, advertía alguien, ese reconocimiento de Emma de sus deseos, de sus anhelos y cómo éstos cuestionaban su configuración actual de vida, hacen de ella una mujer particular para su época, una que de manera excepcional comenzó a afirmarse, desde sí misma, como sujeto, y no desde el “deber ser mujer” avalado en ese entonces; unos deseos que, puestos en su contexto, logran particularizarla de las demás mujeres; una soñadora de concepciones del amor y del matrimonio idealizadas según la propuesta romántica novelesca que la puso en aprietos y le significó grandes dichas, y así también las decepciones, y que a nosotros nos suscitaron más preguntas: ¿qué significa para Emma el amor? ¿Cómo podemos entender ese amor romántico que ella al parecer encarna? “El amor, creía ella, debía llegar de pronto, con grandes destellos y fulguraciones, celeste huracán que cae sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como si fueran hojas y arrastra hacia el abismo el corazón entero. No sabía que, en las terrazas de las casas, la lluvia hace lagos cuando los canales están obstruidos y hubiese seguido tranquila de no haber descubierto de repente una grieta en la pared”, citó un asistente. Entonces, el amor era para Emma posibilidad y muerte, promesa y decepción, entre el matrimonio y el adulterio no encontró ella un reposo para su alma en constante movimiento.

¿De dónde Emma con esas ideas sobre el amor y la vida, ella, una campesina? Un participante nos llevó de la mano de esta pregunta a reconocer ese origen social de Emma y la fortuna –fortuna decimos nosotros que valoramos el estar en permanente reflexión y cuestionamiento (sin que por ello deje de tener cabida el dolor)-, las desdichas, insatisfacciones, lamentos que le significó el haber tenido acceso a los libros y a la lectura. La relación entre la lectura, la realidad y la idealización se nos propuso para la conversación. La lectura, fuente de donde bebieron los ideales del amor, la pasión, los hombres, el matrimonio, el enamoramiento, la soledad que habitaban en Emma, propicia un conocimiento que viene de una palabra y de las vivencias –ficticias o reales- de otro, enseña realidades muchas veces desconocidas a quienes se disponen para ella y puede ocurrir, como en el caso de nuestra Madame, que no concuerden esas propuestas de vivencias, con las vivencias propias y que se genere, pues, la constante insatisfacción en ella. De cualquier modo, continuó el comentario de un asistente, esa relación con la lectura hace de ella, de Emma, una mujer “en las sendas de la Ilustración”, una postura particular que la puso en apertura al conocimiento y la dotó de una palabra que la distinguía en su sociedad, para ser admirada o para ser señalada puesto que también se creía de los libros, por la gente común de aquel entonces, que eran los venenos que perturbaban las buenas maneras del “deber ser”, como lo señala la señora Bovary madre.

De otro lado, no hay que olvidar, y no lo olvidaron los asistentes, que en esas relaciones amorosas de Emma participan también los hombres de la novela, Charles, León y Rodolphe, como tres propuestas de vínculos muy diferentes que también promovieron indagaciones en nuestro encuentro: ¿qué es lo que le propone cada uno de estos hombres a Emma? ¿Qué es el amor para cada uno de ellos? ¿Logran ellos comprender el alma de Emma y lo que ella demanda? En esta parte de la novela, ¿Qué es lo que tiene uno, Rodolphe, que no tienen los otros dos y que la conducen en apertura a él, arriesgando mucho y nada por la posible transformación que ella anhela, y que así se le propone en la aventura del adulterio? Entre los asistentes emergieron diversas posturas con respecto a Rodolphe siendo así calificado desde disímiles apreciaciones: de manipulador, de astuto, de estratega que supo cómo comprender los anhelos de Emma, configurarse con rapidez una idea de quién era ella, presentársele con artificios para luego dejarla, dijeron unos; otros arriesgaron decir que era sincero y, al mismo tiempo, cobarde, que se nos presenta como un personaje de sentimientos contradictorios cuando habla de Emma con ternura y conmoción, que quizás si la amó, pero que la propuesta de ella no comulgaba con sus intereses particulares, discusión ésta que prosiguió en el foro virtual que está en nuestra página web. Con respecto a Charles, una participante se pronunció en su defensa resaltando que su propuesta de amor, situándola en el contexto de su época, ofrecía más de lo que le era exigido como hombre en esa sociedad, lo cual hace de él un hombre también peculiar, pero que en relación a Emma, la incomprensión y la simpleza de sus maneras respecto a los ideales de ella, lo hacían el postor menos dotado.

Seguramente muchas más cosas se dijeron y se cuestionaron en este encuentro, así como muchas más vendrán en los dos que nos restan, pero vamos pues, animosamente, tejiendo significados y sentidos inteligentes y profundos en esta indagación sobre la mujer, el amor y la locura que nos movió para juntarnos a leer, en algunos casos releer, y poner en diálogo los elementos que esta bella obra nos ofrece, tanto en su estilo como en su narración, y que nos ha hecho gozar, llorar, pensar, sentir, evocar, como lo ha logrado hacer, venciendo el paso del tiempo.

Diana Marcela Suárez

Corporación Cultural Estanislao Zuleta