Club esporádico de lectura La mujer, el amor y la locura

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Escuche el audio correspondiente a la cuarta sesión del club de lectura "La mujer, el amor y la locura", donde se discutió la tercera parte de la novela Madame Bovary:

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Memoria de la tercera parte de Madame Bovary

 

Fecha: Julio 28 del 2011

Mme. Bovary ha muerto y ésta fue una oportunidad para rendirle un homenaje, reconociendo por supuesto que hay muchas críticas por hacerle. La tertulia fue dirigida por Sandra, quien para dar inicio a la conversación propuso el tema del amor y el desamor encarnados en Mme. Bovary y León. Pensar esa relación que ambos construyen es un primer paso para entender ese hastío recíproco que terminan sintiendo. En esta introducción a la conversación Sandra compartió con nosotros un análisis sobre esta novela, el cual establece una relación entre Mme. Bovary y la obra de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. En dicho análisis se resaltan unos rasgos comunes que son significativos en la estructura de ambas obras: la importancia de la literatura y los libros para Mme. Bovary y Don Quijote, pues aún cuando no son los mejores lectores, esas lecturas los empujan a emprender proyectos dadores de sentido para sus vidas. Decía Zuleta sobre la novela que ésta nos permite ver la aventura existencial de sus personajes en el sentido vital y no del mero acontecimiento. Mme. Bovary encarna ese carácter existencial de la novela, en ella podemos observar que se van operando cambios, por ejemplo, en las diversas posiciones que asume en el amor hacia León, en un comienzo recatada y al final liberada de la culpa y las conductas.

Uno de los participantes intervino y dio lugar a un nuevo problema. Nos trajo esa cita en que Emma, conversando con León, reconoce lo inútil de su existencia: “Lo que es más lamentable, verdad, es arrastrar como yo una existencia inútil. Si nuestros dolores pudieran servir a alguien podríamos consolarnos con la idea del sacrificio”[1]. Hacia el final de la novela, Emma reconoce que no ha sido un ser muy útil, que de hecho es más el mal que ha causado a otros que el bien que ha traído. Preguntas que la moderadora planteó a partir de esta intervención apuntaron a cuestionar cómo podían valorarse esos amores de Emma: ¿habían sido inútiles? Es una pregunta que no se dirige sólo a Emma, sino que se devuelve a nosotros para pensar ¿para qué el amor?, ¿para qué la vida?, ¿Cómo se le puede dar un lugar a esas historias de amor que, como le sucede a Emma, caen sin abrirle nuevas perspectivas a la vida?.

En relación con el amor en la vida de Mme. Bovary se sitúo un problema y es la necesidad de preguntarle a esta mujer por la forma en que asume y piensa las relaciones con esos hombres; siendo su relación con Carlos una premonición de eso en lo que hubieran devenido las relaciones con Rodolfo y León si hubieran tenido la posibilidad de realizarse en una “normalidad”. Hubo un intento por construir una vida en pareja “normal” con esos hombres, intentos que fracasaron. Puede decirse, y es triste decirlo, que Emma estaba soñando sola cuando estaba con Rodolfo; muy diferente a su constante encerramiento con León en un cuartito de hotel, siendo esta última una forma de construir una relación donde no hay ningún riesgo, ninguna apuesta que pudiera provocar un progreso de eso que iban tejiendo para sus vidas, que por el contrario los agotaba a ambos. Uno de los presentes señaló como esas formas que caracterizaban las vivencias de esta mujer con sus amantes dejan ver lo sola que se encontraba. Una frase de Zuleta, leída durante la tertulia, nos permite entrever que la soledad de Mme. Bovary no es gratuita, nos brinda una nueva perspectiva sobre la forma en que ella construía sus relaciones: “La soledad no es una falta de relaciones, la soledad es un tipo de relación, una relación en la cual lo que uno es para sí y lo que uno es para otros no es compatible”. Sin embargo esa pregunta dirigida a Emma, sobre los tipos de relaciones que construye con esos hombres, también debe dirigirse a ellos en tanto no proponen alternativas para construir una vida con ella. Son unos hombres impotentes y ella no es una mujer brillante pero sí fuerte, desadaptada y transgresora.

Se hace necesario prevenir de un posible anacronismo a la forma en que cuestionamos a la mujer de Bovary. Desde nuestra concepción actual del mundo cualquier persona podría reclamarle que nunca se hubiera divorciado o simplemente alejado de Carlos. En el contexto de la época de esta novela a una mujer le era posible divorciarse asumiendo unos costos muy altos para su vida, pues las posibilidades de llevar una vida en el ámbito social se reducían a muy poco. Pero más allá de las dificultades que traía el divorcio, es notable que esas otras mujeres de Yonville no tenían ninguna pregunta por el papel que debían asumir en las relaciones con sus maridos, no pretendían abandonar ese papel. ¿Cómo se puede analizar históricamente la posición que tomaban estos hombres?, ¿sí habían otras alternativas, en el contexto social de la época, para que estos hombres asumieran una posición diferente en la relación con Emma? Supongamos una respuesta afirmativa, entonces cuáles eran esos hombres y cómo ellos, desde sus subjetividades, se inscribieron de forma impotente ante esas alternativas.

Una mujer observó que esa rebeldía de Flaubert frente al romanticismo — ya mencionada en sesiones anteriores — se refleja en el tipo de novelas que caracterizan las primeras lecturas de Emma. Lecturas que años más tarde no habría olvidado y de las cuales recogería la forma en que se vivía el amor para intentar reproducirlo en su vida. En el amor romántico, que Emma encarna, parece ser que el amado es un ídolo, ser sin tacha, alguien con quien se establece una relación de consumo en donde se mira y se admira al otro. Ejemplo de esta posición de Emma frente al amor nos es recordada en una cita de la novela: “Emma acabó reconociendo que tal vez fuese demasiado dura con él [León], sin embargo consideraba que denigrar a las personas que se ama siempre nos aparta un poco de ellas. Es mejor no tocar a los ídolos porque algo de su dorada capa se queda entre los dedos”[2].

Uno de los presentes, quien contribuyó a la formación de este club de lectura esporádico El amor, la mujer y la locura, hizo una aclaración respecto al amor romántico, que también está presente en las otras dos novelas que nos hemos propuesto leer: Rojo y Negro y Ana Karenina. Este tipo de amor, propio del siglo XIX, es un tema capital en esas novelas pues sirve de plataforma a estas mujeres para la transgresión, pero también las termina inmolando. En la crítica que se hace al amor romántico se puede caer en la generalización del amor y, por ende, terminar afirmando que éste no puede ser una bandera para la vida, que conduce al fiasco de una lucha, que termina conduciendo la vida por caminos erráticos. La expresión amorosa como pasión es siempre la idealización de un objeto, y esto — afirmó quien hacía el comentario — no es un defecto. Idealizar un objeto es situar a alguien en un horizonte que contribuye a que uno haga labores de perfeccionamiento. Este no es el tipo de amor que encarna Mme. Bovary, ella no idealiza un objeto sino el sentimiento amoroso, lo cual puede ser una forma de definir el amor romántico. Ante esta última afirmación una de las presentes, nuestra moderadora, sitúa una pregunta: ¿cómo la idealización de un objeto puede ser una alternativa al amor romántico, siendo ese objeto un ser humano, demasiado humano, con escisiones y defectos?. Siendo así, ¿dónde se reconoce la falta del objeto de amor si se idealiza? ¿Un objeto puede soportar la idealización? Sin embargo — dice quien tenía antes la palabra — también es problemático afirmar que un objeto no soporta la idealización porque entonces no tendría sentido idealizar en la vida. En este punto de la discusión sobre el amor romántico, otra de las mujeres presentes señala que pueden existir múltiples objetos de amor, puede ser un saber, un oficio u otra cosa – con lo cual también queda la pregunta por el uso correcto del término objeto en relación con el amor pasional –. En la novela nos encontramos con una indiferencia de Mme. Bovary hacia esos objetos alternativos de amor pasional, e incluso llega a contraponérseles. Hay un momento de su vida en que ella adquiere una posición mística y decide cambiar su literatura romántica por la religiosa, pero la termina rechazando al encontrarse con una descripción muy pobre de los sentimientos.

Con estas intervenciones que hacían referencia al objeto de amor, a los ideales y a la idealización, se hace necesario una claridad desde cómo están siendo adoptados por quienes los utilizan como puntos centrales en sus intervenciones. Uno de los presentes, que había defendido la idealización del objeto, tomó la palabra para hacer una claridad de lo que él entiende por ideales, idealización y objeto pasional. En El elogio de la dificultad Zuleta invoca la necesidad de unos ideales elevados para la vida, siendo aquellos que trazan un horizonte para que la vida alcance una mejor forma. Sin embargo aclara que existen muchos tipos de ideales y no todos podrían calificarse como elevados, pues si se consideran los ideales que demanda la vida burguesa habría que reconocer que éstos son rastreros. Ésta es una sociedad con una pésima relación en la concreción de unos ideales, es muy común en ella que se idealice una unidad y no unos rasgos, y al descubrir una falla en ese objeto que era admirado se convierte en objeto de odio: se bascula del todo amor al todo odio. Es diferente a si se objetiva la idealización que se tiene de una persona en unos rasgos, por eso es tan importante la racionalidad en el amor. La idealización siempre tiene que ver con encontrar un objeto sobre el cual se encarne el ideal que a uno le anima, objeto que ofrecerá rasgos o aspectos que prometen el logro de una buena vida y un bello ser; es diferente a querer encontrarse con seres perfectos. Mme. Bovary hace una idealización del sentimiento y no del objeto porque en la totalización del amor ningún ser humano puede darle la talla. También es válida la crítica al romanticismo por el camino que ofrece a la despolitización, y el capitalismo lo ha aprovechado para decir que la vida es encontrarse a otro con el cual tendrá dicha perpetua, entonces ya la ciudad y los otros no tienen importancia y desaparecen.

Otra de las presentes intervino para compartir unos elementos que Zuleta ofrece a esta discusión sobre la idealización del sentimiento por fuera de la idealización del objeto. Zuleta dice que tanto Carlos como Emma se posicionan ante la vida de una forma que es impotente y no les permite abrir otros horizontes a ésta. Emma quiere que ese hombre se presente con unos atributos para abrirle otras posibilidades, pero al no suceder tal el hombre se convierte en un escenario para ir amarrando sus ilusiones sin que estas se puedan concretar. Un ejemplo de esa forma en que ella amarraba sus ilusiones se observa en su relación con León: en el adulterio había vuelto a encontrar todas las mundanidades del matrimonio y acusaba a León de sus desilusiones como si la hubiese traicionado, sin embargo le escribía, y cuando lo hacía pensaba en otro hombre, sacado de sus más profundos recuerdos y deseos.

Otra de las presentes señala como en la Biblia se habla del amor en una forma muy particular, como aquél que todo lo puede, todo lo perdona, y la pregunta que surge es quién puede amar así. Carlos parece amar así a Emma. Ella estaba segura de que él le perdonaría todo, su amor era incondicional y sin embargo no lo quería, le exasperaba la idea de que Carlos tuviera una superioridad sobre ella. Emma buscaba el amor pero no amaba. El amor que él le profesaba era muy grande, más allá de que lo hubiera hecho de la mejor forma. Sería interesante pensar cuál es la propuesta del cristianismo sobre el amor y qué tan problemático puede ser. Parece hacer una valoración de ese amor que se dirige a todos por igual y no de aquel tipo de amor, llamado por algunos eclesiásticos “egoísta”, que se dirige a un objeto en especial y no de forma equitativa a todos los mortales.

Con esta tertulia dimos fin a una bella lectura que nos ha permitido pensar el problema del amor, conocer una mujer en una época muy distinta a la actual y a la vez no tan distinta, unos hombres y unas mujeres muy diferentes, no todos buenos, tampoco malos; unos hombres y unas mujeres muy humanos en los cuales reconocemos unos problemas que nos tocan a todos a lo largo de la vida.

Relatora: Aura María Rendón Lopera.

 



[1]    Flaubert, Gustave. Madame Bovary. Ediciones Catedra: Barcelona. 2007. P. 316

[2]    Ibid. p. 364