Memoria del Club esporádico de lectura “La mujer, el amor y la locura”

Memoria de la tertulia que abarca el capítulo I al XII de la primera parte de Rojo y Negro

Fecha: Noviembre 10 del 2011

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AUDIO DE LA SESIÓN

En una pequeña provincia de Francia de corte conservador, llamada Verrières, se desarrollan estos primeros capítulos de la segunda novela que nos hemos propuesto leer para el club de lectura esporádico “El amor, la mujer y la locura”. Tres objetos de estudio que queremos analizar de la mano de los personajes y las historias que nos presentan. Es en el siglo XIX donde encuentran esos dos primeros objetos, el amor y la mujer, la posibilidad de una realización que hoy continúa reinventándose, y está allí la locura, también como objeto de estudio, aunada a la mujer pero no de forma patológica sino como una expresión inusual de las vías que ésta encuentra para su realización. En este encuentro contamos con la agradable presencia de algunos con quienes meses atrás leímos Mme. Bovary, y tuvimos también, como una promesa para el futuro, la oportunidad de escuchar a otros hombres y otras mujeres que por primera vez asistieron al club de lectura.

Tres personajes que sobresalen en esta primera lectura capturaron nuestra atención durante la conversación. Uno de ellos es un joven próximo a los veinte años. Muchas interpretaciones se expresaron sobre su carácter, su personalidad y sus intenciones, la mayoría de éstas propuestas tentativas, pues, dijeron quienes las enunciaban, que habría que esperar lo que en el futuro éste, que se llama Julián Sorel, nos permitiera decir; sin embargo también hubo de esas interpretaciones unas que se enunciaban con la picardía y la seguridad de quien ya ha leído el futuro. Sobresale también una mujer de posición social reconocida y aún joven, cuenta con 30 años. Ella, que es Mme. Renal, empieza a asomarse a algunos mundos que desconoce de la mano de un sentimiento que la empuja a salir de su cotidianidad como madre y esposa. Por último se habla de un señor de la alta sociedad, el alcalde de la provincia donde se desarrolla la novela; un hombre que pareciera estar cristalizado en su vida ya hecha. Él tiene una constante preocupación algo paranoica, por su posición social y política, asumiendo una postura defensiva en todo momento, preocupación que surge del lugar que ocupa frente a sus pares. Su visión simplista de la mujer no la compartimos las lectoras y los lectores de hoy, mientras ciento ochenta años atrás resultaba normal la pronunciación de las palabras a continuación referidas, que en él parecen un estribillo: “¡Estas mujeres! ¡Siempre hay algo que recomponer en esas dichosas máquinas!”. Todo esto en una pequeña ciudad, que como sucedió en Mme. Bovary parece ser la antítesis de París, ciudad que constituía en la novela de Flaubert el sueño de su protagonista, y ya veremos si en las próximas páginas llega a constituir el anhelo de alguno de nuestros personajes.

Es el preceptor de los hijos del Sr. Renal un joven que aún guarda muchos misterios sobre las intenciones de sus actos pues, además de su aversión por los ricos y sus ideales puestos en la figura de Napoleón, muy poco se puede afirmar de este personaje. El narrador nos deja ver lo vulnerable e inseguro que se siente ante la familia Renal, incluso frente a los niños a los que les enseña quienes le demuestran su cariño y a Mme. Renal, en quien no sabe leer su actitud de recato e indiferencia y en cambio la entiende como desprecio. Está constantemente en defensa de su dignidad, por lo que se propone constantemente unos retos que le merecieron diversos calificativos como el de infantil o estratega y calculador. Unos preguntaban ¿acaso pone él algo esencial de sí en los retos que se propone?, mientras otros decían ¿pero no están estos ligados a unos objetivos que apuntan a alcanzar un futuro que ambiciona? Esas acciones desafiantes y provocativas para Mme. Renal que este joven emprende, como la de tomarle la mano por la noche mientras conversan con su amiga, son vistas por algunos como infantiles, y por otros como unos actos estratégicos. Luego la pregunta debe cuestionar que quiere decir “infantil” y “estratégico” allí. Es un muchacho lleno de inseguridades frente a esos de los que él depende, y esas pequeñas empresas desde su perspectiva, le dan más fortaleza a su carácter para la consecución de aquello que ambiciona. ¿Mas, se le podría llamar un estratega en el sentido maquiavélico? No es posible asegurarlo, una muestra de ello fue el rechazo de la propuesta de su amigo, a quien no quería engañar. Él en esa búsqueda de fortuna carece de experiencia y las decisiones que toma son, en mayor parte, producto de la lectura que hace del mundo, muchas veces influenciadas por la visión simplista que tiene de esos que pertenecen a la clase alta.

Hay algo paradójico en eso que ambiciona Julián Sorel. Él que es receloso con los ricos, e incluso odia a algunos, desea hacer algo grande de su vida a partir del ingreso a la alta sociedad y con ello, suponemos, obtener algo de poder para satisfacer su orgullo. Ello nos deja algunas inquietudes a los presentes en esta ocasión. ¿Qué tipo de poder desea alcanzar, es económico o social? ¿Desea ser reconocido o famoso? Hay quienes afirman que este joven desea tres formas de la fortuna que son el poder, la gloria y la riqueza; dicen unos que él desea ser adinerado, mientras otros agregan que a pesar de no despreciarlo tampoco parece muy conciente del poder que éste le traería, los que participan nos leen pasajes de la novela en que se corrobora lo uno y lo otro. Es este, pues, un personaje que a pesar de su inexperiencia, ambiciona y desea un poder con el cual acceder un reconocimiento. Otro de los asistentes plantea una pregunta interesante: ¿cuáles serán esas lecturas que Julián ha hecho y cómo han influenciado en su forma de ver el mundo? Todavía no tenemos elementos para responder a ella, pero tal vez emerjan más adelante. Por ahora sólo sabemos de la Biblia, la cual ha sido muy útil al momento de ganarse el reconocimiento de algunos personajes con los que Julián interactúa y, por supuesto, algunos escritos sobre Bonaparte, quien es su principal referente existencial en la búsqueda de su individualidad, y de quien ha adoptado ciertas visiones del mundo, en especial sobre los ricos.

Si Julián ha resultado un personaje difícil de ubicar en sus deseos, pasiones y ambiciones, es aún más difícil de ubicar respecto a Mme. Renal. Una de las presentes observa que en ellos dos surge un sentimiento, aunque no es el mismo. En ella es un afecto que nace como un interés por este joven aspirante al sacerdocio, en quien ha encontrado una delicadeza que no había visto en hombre alguno, que se va transformando en algo más intenso, y por vez primera siente un amor diferente al que siempre había tenido por sus hijos. Dicho sentimiento, que tiene en ella un efecto vivificador, la lleva a reflexionar sobre el matrimonio y la fidelidad, rasgos que van mostrando, en ésta, una mujer sensible ante los otros y la vida. A diferencia de ella, en él no ha emergido tal cosa como el amor, tampoco ha leído en ella los sentimientos que tiene por él, pues no la ha reconocido en su singularidad, interpretando los gestos de interés y preocupación por su bienestar como propios de la soberbia en una mujer rica. Lo más cercano a un reconocimiento de Mme. Renal es la mirada que, en una ocasión, observó la belleza de ella, cuando sus ojos se detuvieron en esas hermosas manos que, como un deber para su valía debía retener entre las suyas, pero que le llevó a disfrutar por un momento de algo hasta el momento desconocido para él.

Se hizo por un momento un esfuerzo para tener una mirada menos cargada hacia Julián de nuestras concepciones sobre la ambición del poder o de la fortuna; no moralizarle por sus aspiraciones, su orgullo o por no compartir los mismos sentimientos que hacia él siente Mme. Renal. Todo ello con el esfuerzo que nos implica situarnos en una época de la cual desconocemos mucho, pero que es lo que nos permite comprender la complejidad con que Stendhal crea personajes como el joven preceptor o el Sr. Renal. Por lo pronto queda esperar lo que a partir de los próximos capítulos podamos decir de los hombres y mujeres que en esta ocasión mencionamos y de otros que puedan concitar nuestra palabra.

Relatora: Aura María Rendón Lopera.