Memoria del Club esporádico de lectura “La mujer, el amor y la locura”

Memoria de la tertulia que abarca el capítulo XI al XXII de la segunda parte de Rojo y Negro

Fecha: Abril 12 del 2012

{mp3}/ClubdeLectura/Rojo-y-negro/05_Rojo-y-negro_quinta-sesion_Abr-12-2012{/mp3}

AUDIO DE LA SESIÓN

En esta ocasión la novela nos ofreció mejores elementos para reflexionar acerca de la mujer y sus posibilidades para pensar el amor y la vida. Aunque es importante resaltar que esa reflexión la hacemos a través de Matilde, una mujer bastante singular, de la aristocracia, con unas posibilidades de realización que pocas mujeres tienen en el siglo XIX. Julián, por otro lado, muestra un cambio en su actitud hacia la Sta. de La Mole, donde ésta ya no le es indiferente aunque también conserva su prevención respecto a las intenciones de ella y de los otros jóvenes que frecuentan la casa del Marqués.

El amor entre Julián y Matilde fue el principal tema de discusión de la tertulia. Entre ellos se establece una relación confusa respecto a si tras eso que hacen por el otro hay en verdad un sentimiento amoroso. Hay varias tensiones que los impulsan, por momentos, a transgredir la norma y después a retroceder. Fuera ello por orgullo o en defensa del honor, es una situación en la cual sus sentimientos varían entre extremos -el amor y el desprecio- durante las dos semanas que nos relata el narrador. Algunos de los asistentes consideraron que este amor es muy racional y calculador para ser auténtico: la señorita, por ejemplo, afirma para sí que se ha apasionado tanto como ha podido; Julián, por otro lado, se acerca a ella por el lugar de igualdad que lograría conquistar al convertirse en el amante de la hija de un Marqués, además le complace verse elegido por encima de otros jóvenes que algún día serán Duques. Hay en estos dos una búsqueda de cómo afirmarse en la pasión o en la igualdad a través del amor. Sin embargo, para otros de los asistentes, esa búsqueda que Julián y Matilde han emprendido, con las singularidades de cada uno, no necesariamente es la negación de un amor entre ellos, aunque se manifieste la duda, el egoísmo, el orgullo y la ambición ¿Es posible diferenciar si lo que les impulsa a estar juntos es un amor por lo que el otro encarna? Aunque pudiésemos afirmarlo así, si lográramos develar el origen de una pasión no necesariamente nos encontraríamos con el amor; cabe la posibilidad de que sea un empuje a transgredir el deber, como en el caso de Matilde, o a ser reconocido como un igual por parte de los nobles, como en el caso de Julián.

La moderadora resaltó la posibilidad que estos capítulos nos brindaban para hacer una mejor caracterización de Matilde: la fuerza en su búsqueda de la pasión y el deseo de encontrar un objeto que la lleve a la máxima expresión posible de ésta; su orgullo y la defensa de su honor, dos fuerzas que frenan esos impulsos que tiene por Julián; y también la felicidad y la tristeza, dos estados en los que se encuentra con frecuencia basculando de uno al otro. Estos rasgos en su carácter y las condiciones sociales de nacimiento y educación abren un abanico de posibilidades en el desarrollo de la moral y de la pasión en ella. Sin embargo esos caminos posibles también encuentran los límites que le impone ese lugar que ocupa ella en la sociedad. Siendo la pasión un tema central en esa relación que entablan ellos y teniendo presente el contexto en que tienen lugar sus vidas, Isabel planteó un problema para la conversación: ¿Qué lugar ocupa la pasión, particularmente en Matilde, en una época en que el orgullo sustituye el honor? Ella se encuentra ante el deber de defender algo que ya no considera fundamental, como es el apellido que debe honrar. Este es un deber que le deja muy pocos caminos para la realización que ella quisiera alcanzar de su vida; caminos que en general están asociados a una cotidianidad monótona. En ese distanciamiento con su época no es posible identificar un discurso que sostenga y le dé más vuelo a esa posición que asume, por lo que sólo se queda en algunos actos de transgresión; muchas de esas acciones –opinaban algunos de los asistentes- no las lleva a cabo porque estén sostenidas en unas razones o ideas que encuentren en su proceder una vía para la realización. Sin embargo ese enaltecimiento que hace de la valentía tiene algo de comprensible: es una forma desesperada de evadir el aburrimiento, donde es necesario hacer algo, bajo una forma virtuosa, con tal de evitar el tedio. Hasta el momento parece ser que para ella es más importante alcanzar los ideales que para su vida se ha representado, como es estar con el hombre que encarna unas virtudes merecedoras de su amor, y es allí donde duda que Julián sea ese hombre.

Durante la conversación se habló del romanticismo en la relación amorosa que estos jóvenes tienen. Éste es un movimiento que está en pleno apogeo en la época en que transcurre y se escribe esta novela. Los rasgos románticos se distinguen en las formas en que cada uno desafía la muerte y se ven seducidos por lo que ella representa. En Matilde, por ejemplo, se distingue en la emoción y la felicidad que la embarga cuando Julián en un arrebato toma una espada con la intención de matarla, y aunque se detiene e intenta disimularlo ella ya lo ha notado; otras formas en que se hace presente el romanticismo es el mechón de cabello que ella se corta o la forma en que Julián sube una escalera y accede a la habitación de ella. En todas estas acciones lo que se muestra es que hay en los dos el valor de desafiar al destino por un objeto que ocupa un lugar privilegiado en la vida de cada uno: el amor para Matilde y la igualdad para Julián. Aunque ambos se muestran dispuestos a asumir las consecuencias de sus actos con dignidad, esa pasión, bajo el ideal romántico, constituye para ellos una fuerza destructiva, que no tendría que ser así, pues cabe la posibilidad de que ésta cobre un carácter potenciador para sus vidas.

Esta novela, como se ha visto en la historia que sus personajes construyen, tiene un amplio trasfondo político que recorre en conjunto desde la Revolución Francesa en 1789, el Imperio Napoleónico y La Restauración. Son estos unos cambios muy bruscos en un periodo corto, poco menos de medio siglo, que ponen en expectativa y en tensión las relaciones entre la aristocracia, el clero y la burguesía, que están personificados en un Marqués de La Mole, un padre Pirard, un Conde Altamira, un Julián, un Fouqué, incluso el mismo narrador, que se excusa por lo que se apresta a decir sobre una señorita de la aristocracia. Todos los que son allí nombrados representan uno de esos tres estados y hacen sus vidas, o intentan hacerla, en medio de esas tensiones. Así es como hemos visto que Matilde y Julián no encuentran las posibilidades dadas para afirmar sus existencias en un sentimiento y en unos ideales que van en contravía de los que dicha época proclama; el contexto en que se encuentran no tiene unas condiciones para darle cabida a eso en lo que cada uno se quiere afirmar, pues ese es un tiempo en que todo aquello que alude a los ideales de la revolución sólo produce temor.

Aura María Rendón
Responsable de la memoria