Memoria del Club esporádico de lectura “La mujer, el amor y la locura”

Memoria de la tertulia que abarca el capítulo XXIII al XXX de la primera parte de Rojo y Negro

Fecha: Febrero 2 del 2012

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Iniciamos este año con un tercer encuentro del club de lectura sobre los últimos siete capítulos de la primera parte de la novela. A lo largo de las tres lecturas realizadas nos hemos encontrado con un Julián que se ha ido transformando en sus sentimientos y en sus maneras de proceder con los demás, por lo que ha sido posible hacernos a una idea cada vez más compleja mas no acabada de su personalidad. En las páginas que correspondían a esta sesión tuvimos la dicha de encontrarnos con un narrador osado, como no los había en su época, que se dirige al lector desde una posición propia frente a esos hechos y personajes que hacen parte de su narración.

La lectura realizada para esta tertulia tiene su comienzo y final con una despedida. Nos presenta inicialmente a una Mme. Rênal inquieta ante el porvenir de Julián, pues éste ha de abandonar Verrières para internarse en un seminario en Besançon, y ante la perspectiva de ser olvidada, como sería natural en él por la ambición que le anima, se queda callada, sumida en la quietud, tan fría como un cadáver en ese último encuentro con Julián, que es previo a su partida. También en la primera noche que pasan juntos antes de él irse a París, en un principio ella se muestra reacia a sus palabras de amor y a sus intenciones de pasar la noche juntos. Ambos momentos de ruptura ofrecieron dos problemas a la conversación. Siendo uno de ellos la pregunta por la forma en que se manifiesta la tensión que produce en Mme. Rênal el reconocimiento de la pérdida de un amor y la posibilidad de quedar en el olvido, que se traduce en una incapacidad o resistencia a mostrar sus sentimientos. Y por otro lado, una de las presentes cuestionó si en realidad se le podía llamar amor a lo que Julián sentía por Luisa Rênal, pues lo que leía en él era un anhelo por ser amado pero no de amar, sin embargo no todos estuvieron de acuerdo con dicha observación, pues el riesgo que él corre al visitarla antes de partir a París, bien se puede interpretar como un empuje del amor que siente por ella.

La vida de nuestro héroe, que fue recogida durante varios meses en esos siete capítulos, transcurre en su mayoría en el seminario. Tienen lugar allí relaciones conflictivas, principalmente con sus compañeros seminaristas. Tensiones que nos ofrecen una amplia problematización sobre algunas preguntas, sostenidas en las dos tertulias anteriores, por la ambición, la pasión y la fortuna, los cuales están presentes en su relación con los demás y en la carrera que ha decidido hacer, pero que aún no nos permite afirmar con certeza cuál es su carácter, es decir, cuál es la fortuna que ambiciona, y si hay en ello alguna pasión ¿qué le apasiona?

Antes de darle lugar a las preguntas y problemas que sobre esos temas se expusieron en la conversación, resultaría mucho mejor recordar algunas de las precisiones que sobre la época realizó la moderadora, las cuales a su vez permiten comprender las tensiones que se daban dentro del seminario. Recordemos entonces que en ese periodo que sucede a la revolución francesa, la iglesia se encontraba debilitada por la pérdida de gran parte del poder económico que otrora tuvo, además del miedo que permanecía hacia los Jacobinos por los desmanes que éstos habían tenido con el clero. Para comprender mejor la forma en que actúan los seminaristas, Isabel nos sugiere hacernos la siguiente pregunta ¿Qué pasa en un momento de revolución, en el cual muere aquello que se tenía por cierto o verdadero?, donde la autoridad ya no la tiene el Rey, ni la nobleza, y la iglesia ha perdido mucho de ese lugar que tenía como autoridad moral. Qué actitud se esperaría de un seminarista cuando la apuesta es por recuperar ese poder que se tenía. La iglesia no estaba unificada, en ella se dan conflictos de orden ideológico y político, y los seminaristas constituyen una fuerza a cooptar para fortalecer una u otra posición ideológica. De ahí que Julián no resultara simpático pues era para ellos sospechoso de ser Jacobino e incluso protestante.

Uno de los principales conflictos que sitúa el narrador es el desencanto del joven Sorel frente a esos 320 compañeros, a los cuales encuentra vulgares, quienes - como decía uno de los presentes - constituyen una desilusión frente a las expectativas que se había hecho del alto nivel intelectual que iba a encontrar allí. También su forma de proceder, sus gestos, chocan a esos jóvenes, quienes notan un distanciamiento de él hacia ellos. Uno de los participantes observó que éste es un hombre que, cosa rara, se atreve a pensar por sí mismo y resulta problemático porque eso, que ahora parece tan corriente, tan propio de la autonomía de cada cual, en ese entonces no era así. Sin embargo hay en él un esfuerzo por adaptarse a ese mundo, por ganarse el respeto de algunos de sus compañeros. Labor que no es sencilla, como lo fue en Verrières con los Rênal y los demás burgueses y aristócratas, los cuales apreciaban su inteligencia y el conocimiento que podía tener. En ese claustro destinado al estudio, la reflexión y la oración, los jóvenes inteligentes disimulan esta virtud, mientras los pensamientos del común de los internos están destinados a la comida y cómo conseguir una parroquia rentable para el futuro.

Durante la conversación hubo tres elementos que una y otra vez salían a relucir, con una conexión aunque esta no fuera definitiva, sino más bien una suposición ¿Qué es la fortuna para Julián Sorel? Aún cuando no se puede afirmar con plena certeza, algunos de los participantes opinaban que - sin descartar la importancia de lo económico - va tomando en él un lugar firme la idea de trascender. En esas reflexiones que hace sobre Napoleón y los grandes hombres, él cree tener algo singular, virtud ésta que él considera le permitiría ir más allá de la posición social que le ha correspondido por nacimiento, y por lo cual está dispuesto a asumir posiciones heroicas. Reconocerse como alguien singular le ha llevado a ambicionar, a creer que puede decidir sobre su futuro, sobre el papel que desempeña en la sociedad, mientras lo que le exige el medio en que se encuentra es que se acomode. Pero es además un joven con muchas incertidumbres frente a las apuestas que debe hacer en la vida, ya que sus ideales no son bien vistos por la época.

Varias de las intervenciones estuvieron dirigidas a cuestionar el lugar que tradicionalmente se le ha dado a la ambición y la fortuna como algo negativo. Siendo que en Julián la ambición parece estar en pos de alcanzar una mejor posición social, él parece inquieto por aquello que representa su felicidad y su relación con el dinero. Dice Julián: “será posible que tenga la felicidad tan cerca de mi, el gasto que representa una vida semejante es muy poco, puedo elegir entre casarme con la señorita Elisa o hacerme socio de Fouque. Pero, ¿el viajero que acaba de ascender por una alta montaña si se sienta en la cumbre y encuentra un placer perfecto en descansar sería tan feliz si se le obligase a descansar siempre?”

Una de las asistentes destacó uno de esos rasgos que hacen a Julián diferente del resto de seminaristas: su capacidad de amar lo bello, la cual se hace ver como una cualidad especial en él. En un episodio en que se encuentra adornando la iglesia, nos dice el narrador “nunca llegaría a ser un buen sacerdote ni un buen administrador”. Cuáles son las posibilidades que tiene un hombre sensible a lo bello, pero que en un contexto se encuentra ante unas posibilidades de realización reducidas y definidas.

¿Qué es una pasión o qué significa una pasión?, ¿qué es una pasión en un seminario? Ese creer poder decidir algo es también el creer en la libertad y es algo que se le puede cobrar muy alto, pues las posibilidades de decidir son muy pocas. Se le presentan muchas oportunidades, que le resultan afortunadas, pero frente a ellas no tiene una pasión definida. Él sigue el camino del sacerdocio porque es el que se le presenta. Sin embargo, como observaba una de las presentes, de habérsele presentado la opción de ser militar también podría haberla elegido.

Julián no se ha adaptado a ese mundo en que fácilmente haría carrera y ganaría fortuna económica. Pero no ha llegado hasta allí sólo por su inteligencia. El padre Chelan representó para él un conocimiento de algunos clásicos, que no eran los padres de la iglesia y el obispo de Besançon, promueve en él la curiosidad por otros clásicos, para él desconocidos, y tiene ese bello gesto de regalarle la obra de Tácito. Ésta posición de dos curas, que leen a los clásicos, en contra de lo que dicta la tradición eclesiástica, tienen un efecto de resistencia en Julián a adaptarse a las formas institucionales. También el narrador crítica el rechazo a los libros por parte de la iglesia, porque ve en ellos una amenaza. Por último quisiera recordar que en esa relación con los libros, un camarada encontró un punto común entre Julián y Mme. Bovary. Una relación con los libros que nos permite sostener la pregunta por la significación de ese objeto, unido a la lectura y los lectores en los distintos ámbitos y contextos donde se presenta.

 

Relatora: Aura María Rendón Lopera.