Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2016: Cultura y democracia: Ideas para (re)construir tejido social

Fecha: 31 de octubre de 2016

Línea: Arte y literatura

Autores: Eduardo Cano y Ana Lucía Vásquez

Aguja e hilo. Tejiendo lenguaje, iluminando memoria, expresando arte

Dos conceptos provocadores son los que permiten el desarrollo de este escrito, uno le da pie a la palabra y el otro lo concluye, el vivir y el tejer. Ambos conversan y le dan lugar al tiempo, al lenguaje, a la memoria y al arte. El primero como una concepción colectiva y un gran instrumento de anclaje para vestir un recuerdo, donde el lenguaje lo materializa, le da una forma y un sentido. Entonces el tiempo y el lenguaje dejan de ser una abstracción y se convierten en vivencias compartidas, las cuales se tejen y se destejen constantemente. Tiempo y lenguaje son pues memoria y el recordar se traduce en habitar de otro modo la experiencia, dándonos lugar en ese tejido en el cual buscamos descubrir y recrear el laberinto de la existencia, inventarla una y otra vez por medio del arte.

Vivir

¿Tiene sentido emprender alguna reflexión por fuera de la necesidad de saber y tratar de comprender que estamos vivos, que lo que hacemos se hace en nuestra existencia compartida con nosotros mismos y con los demás?

Tiempo

Muchas de las actividades que llevamos a cabo como seres humanos están regidas por el tiempo. Nos indica o se convierte en guía de lo que deberíamos estar haciendo, o cuando algo va a suceder. Nuestra historia está descrita a través del tiempo por medio de períodos, etapas, épocas o eras. El tiempo es como una corriente sin fin que nos transporta, trasladándonos desde el pasado, presente, y luego al futuro.

La idea de que el tiempo pasa, de que el tiempo se mueve está muy arraigada al ser humano, estamos acostumbrados a dividir el tiempo en pasado, presente y futuro, asumimos que lo que sucede entre estos estadios es el inexorable fluir de los segundos, es la necesidad de contabilizar.

Entonces se nos aparece como un río que fluye del nacimiento a la muerte, pero en realidad de lo que nos percatamos es de los cambios

El tiempo entonces puede ser una forma de imaginar un instrumento. El tiempo como anclaje del presente para que se desarrolle lleno de pasado o de futuro. Si el tiempo se ha quebrado usarlo como materia prima, haciendo que por medio del lenguaje nos permita reconocer una imagen (representación desde la inmortalidad) del pasado desde el presente, suscitando la ocasión para el recuerdo. El momento exacto, tiempo que sucede en las oportunidades, el momento adecuado u oportuno, que va a llevar a reconocer a través de los sentidos y darle lugar a lo inimaginable, escudriñar la memoria del otro, el recorrer sus pasos, suscitando su recuerdo por medio del lenguaje del arte. El arte como potencia, la cual le da lugar a la realidad. El lenguaje que le da voz al drama humano.

Lenguaje

El tiempo en lo humano es tiempo porque lo hemos aprehendido con lenguaje. Quizás ni siquiera lo hemos tomado: el lenguaje es la posibilidad de hacer tiempo, de darle forma, de moldearlo, de nombrarlo, de pensarlo. El pasado es pasado, el presente es presente y el futuro es futuro porque en lo humano hay lenguajes que los nombran, reflexionan y expresan. Así los acontecimientos a más de irse acumulando en datos, se van viviendo en los vivos y en los muertos. Sabemos de la historia porque los testimonios de los muertos, que son un gran patrimonio, continúan hablando, porque tenemos la posibilidad de seguir percibiendo sus lenguajes: las palabras, las imágenes, los sonidos, las formas están y se siguen haciendo. Sin embargo, y sea que se tome como una desventaja o como su más afortunada condición, no hay lenguaje absoluto, total. Todo lenguaje es insuficiente: puede rodear, penetrar, ampliar, construir, destruir, mas nunca dará cuenta de manera última a ninguna experiencia ni existencia. Por ello los lenguajes son perspectivas, horizontes, conexiones limitadas con el mundo. Si por ejemplo decimos que hablamos, y que lo hacemos en castellano, tenemos la oportunidad de conocer un universo maravilloso, pero estaremos restringidos, incomunicados en tantos otros. Si decimos que guiamos nuestra sensibilidad por las formas acaso dejaremos suspendido el mundo de los sonidos. Al lenguaje lo acompaña siempre un abismo, el de la imposibilidad de expresar, un abismo que no puede decir y que tiene quizás su mejor descripción en el silencio. Y si bien de un lado todo lenguaje es insuficiente, asimismo cualquier experiencia solo puede ser expresada de manera incompleta, a cualquier sentimiento solo se le aproximan unas cuantas palabras, unas cuantas imágenes, unos cuantos sonidos unas cuantas personas. Decimos que algo nos duele y en tanto el lenguaje nos abre la puerta para mostrar, tramitar, compartir, sufrir o guardar nuestro dolor, en el abismo el silencio nos continúa doliendo el dolor. Sería mejor decir, que vivimos en dimensiones en donde habita el dolor en nosotros, así como nos habita el amor, nos habita la angustia, nos habita la alegría... El tiempo es apenas un hilo muy extenso, que nos da la ilusión de conectarnos, pero es vago, impreciso, invisible, en cambio el lenguaje es la forma como tejemos con el hilo del tiempo, es el hilo visible que hace al tejido. Hoy somos una voz, una parte del gran tejido humano, de lo que en el futuro leerán como el pasado. El tiempo y el lenguaje dejan de ser una abstracción y se convierten en la vivencia compartida entre vivos y muertos en un lazo frágil y común que se tejen y destejen constantemente. Tiempo y lenguaje son memoria, son los lazos que nos unen y nos separa al mismo tiempo.

Memoria

Así como el lenguaje es decir y silencio, la memoria es recuerdo y olvido. Cuando en la escuela repetíamos información hasta recitarla decíamos que memorizábamos, no que hacíamos memoria, porque se trataba más de almacenar a la manera de un dispositivo. Si el tiempo es el hilo invisible, el lenguaje el visible y por ende el tejido al cual referenciarnos, la memoria es lo que ante nosotros se ilumina u oscurece, los caminos que gracias a vivos y muertos logramos reconocer e identificar. Con la memoria nos damos cuenta de que tejer es complejo, que depende no soló de intenciones sino también de fuerza, y eso explica que sean unas voces las que más predominan. En la memoria se presenta la tensión entre memorizar, recordar y olvidar. Quedarnos en memorizar, que es un ejercicio importante, nos puede conducir a la insensibilidad, a la banalización. Usualmente las versiones oficiales son memorizaciones más o menos colectivas, como que el 20 de julio es el Día de la independencia o el 25 de diciembre se festeja la navidad. En el recordar como lo estamos planteando, somos afectados por lo que en el tejido sobresale de tiempo atrás, por lo que vivieron otros o vivimos nosotros. Recordar es habitar de otro modo la experiencia. Por eso recordamos con ciertas intenciones o de manera inesperada. Así nos ubicamos en un lugar del tejido, o en varios al mismo tiempo, por eso tenemos perspectivas del presente o el pasado, ya sea para sufrir, gozar o reflexionar. Aún así, dado que lenguaje y existencia no son absolutos, el olvido es una necesidad. Mas ¿qué olvidar? ¿Qué dejar en sombras en el tejido? A fuerza de recordar podemos encauzar los olvidos, cuestionarlos. Curioso, pero olvidar también puede ser una alternativa para habitar, para que el abismo del silencio permita levantarnos en la mañana. Nuestra historia está iluminada y oscurecida por recuerdos y olvidos, a veces los recuerdos son sombras y los olvidos luces, pero que no necesariamente son los que mejor nos permiten comprender. Acaso es necesario meternos en el gran tejido e ir con una linterna buscando, haciendo conexiones y caminos, y por qué no trazar con la aguja un nuevo recorrido. Algunos llamarán a eso que se ilumina en el tejido con la linterna filosofía, otros historia, hay una que suelen llamar arte.

Arte

El arte es tiempo y lenguaje y memoria que configura, crea, habita, recuerda, olvida, expresa y silencia nuestra condición humana. Se dice generalmente que depende de la forma y el contenido, es decir, de lo que ilumina y deja en las sombras. Como lenguaje, es tejido que pretende ir más allá de lo establecido, sabiéndose profundo e insuficiente. Aunque no todo lenguaje es arte. El que describimos pretende revelar y recrear la complejidad de la existencia inventándosela, haciendo ficción, sacando de la vida la materia para inventarse otra que parece por fuera pero que está adentro de ella. Paradójicamente nos permite estar adentro y afuera de lo que acontece, actuar desde una posición que solemos llamar poética, haciendo metáfora, juego, invención, dándose licencia para hablar y callar al lenguaje que inicia con una vocal y que se comunica con el mismo cuerpo. Y es que el arte nos hace tanto hablar al dolor como dejarlo en silencio, por eso en el territorio del arte es en donde se busca que el ser humano sea. Que allí se haga habitación de y con la existencia. Pensamos en aquellas obras de Doris Salcedo y veremos que es en las personas, en los objetos, en las relaciones que se instala y se presenta el vivir. El arte es la presentación y la habitación de la existencia.

Tejer

Entonces ¿Somos o hacemos tejido? O ¿Estamos en el tejido? Sabemos de referencias, coordenadas, fechas, lugares, impresiones, acompañantes, formas que nos son comunes, singulares propias o ajenas a cada cual. Y sin embargo aún vamos con aguja e hilo tejiendo lenguaje, iluminando memoria o expresando arte. Hacer tejido tal vez es ser y hacer parte, es ser la aguja y ser el hilo que de despliega. Por ello rehacer tejido ya en sociedad es encauzar las rutas, buscar unas formas de autenticidad, de confianza, de existir solo y entre todos. De eso trata también el lenguaje, la memoria y el arte. Tejer con lo visible y lo invisible, con lo recordado y olvidado, con el silencio y lo que se enuncia buscando con las dificultades hacer causa, como el río, hacer una corriente, crear un caudal.

 

                                                                                   Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

Photo from Santiago Munoz