Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Arte y literatura

Fecha: 12 de mayo de 2014

Texto inédito: "El pabellón # 6" de Antón Chejov

"La vida en aquella ciudad ahogaba y aburría,
la sociedad carecía de intereses vitales y arrastraba a una existencia oscura y absurda"

Antón Chejov

Una novela, unos apuntes críticos sobre esa novela hechos por Estanislao Zuleta, una realidad planteada por ambos autores; dos personajes, uno Ivan Dimítirich considerado como un sujeto que aprecia la sociedad y sus leyes, y el otro Andrey Efímich considerado como alguien a quién la vida le ha dado todo lo que ha querido, un encuentro que no se esperaba y que se le asigna a las casualidades de la vida, la reflexión por la sociedad rusa de ese entonces y esa transición del feudalismo al capitalismo que se ve reflejada en sus habitantes.

Un autor como Chejov mostrándonos en todos sus cuentos la relación que sostiene con lo humano, que pone en juego asuntos comunes y universales, el manejo del lenguaje y su logro de vincular al lector.

Una conversación que gira entorno a la pregunta por la esquematización del pensamiento, y una propuesta lanzada para pensar el texto desde esa posible relación que se da entre la locura (en este caso no idealizada), la realidad (a la cual nos enfrentamos a diario y el ¿qué hacer con ella?) y la adaptación (que no se debe satanizar por el significado que tenga en la sociedad, sino como algo necesario para una supervivencia); una inquietud que nace de una intervención donde se cuestiona si ¿es Zuleta quién esquematiza para poder interpretar el texto o es Chejov el encargado de que se interprete así? Pero se dice que lo que Zuleta hace con la lectura es un acumulado por su recorrido en el mundo de las letras y la filosofía y de lo que Chejov le brinda como escritor; entonces ¿qué significa leer a la luz de un problema?, ¿se puede realizar el ejercicio sin esquematizarlo?, ¿desde dónde lee el que lo hace?, son preguntas que ya antes se han hecho dentro del grupo de estudio pero que cada vez que se toma un texto surgen de nuevo; ¿hay un juego entre la dialéctica y la historicidad del lector?, ¿qué se entiende por dialéctica? Se podría entender la dialéctica como una actitud, manera de proceder o una postura, ¿el médico podría ser otro médico en un contexto diferente?, ¿qué hacen Andrey e Ivan con sus dramas?, ¿es un esquema reduccionista o algo que el pensamiento no logra encausar?, ¿cuál es la relación de los caminos para leer y la lectura que permita la conversación? Son preguntas que van emergiendo de la conversación. Ahora, la esquematización que hace Zuleta no reduce, sino que es la posición de un lector, pero que no deja de ser muy exigente, porque recoge elementos y los pone en relación y es importante reconocer que surge para una buena interpretación, además hay un compromiso de él con el problema, se vería más de la forma en que entre la esquematización y la relación con el texto tratado hay un algo funcional y que no se podría reducir a una fórmula por su complejidad, es más bien una articulación y una propuesta para el pensamiento, que está en cada lector adaptarse o no a esa propuesta, se corre el riesgo de adaptar el pensamiento de uno a un otro, y aquí se deja ver al Zuleta psicoanalítico con las caracterizaciones de cada uno de los personajes. Los sentimientos, la melancolía, la depresión y su relación con una supuesta locura; lo irreconciliable que ve en la relación entre adaptación – locura- realidad.

Para finalizar se establecen las relación entre el arte y la conversación, nuevamente la pregunta por ¿qué es el arte?, ¿quién interactúa con el arte? ¿Zuleta empobrece el arte? La forma del arte y la aproximación que nos hace Zuleta a él, la expresión de una situación compleja y dialéctica de la realidad que prevalece en el tiempo y que logra capturar algo en ese espectador que hace que se vuelva a la obra; la propuesta de Zuleta sobre la literatura y el arte. Cabe anotar que él reconoce en la literatura una potencia para entender el presente, lo que posibilita una lectura crítica y la influencia de la filosofía como herramienta para acercarse a la misma.

Sara Aguirre
Relatora de la sesión

Adenda: Sinopsis La sala número 6 de Antón Chéjov escrita por Eduardo Cano

En un villorrio abandonado está el hediondo, descolorido y mísero hospital. Por el patio se puede ingresar al pabellón número seis. Allí, custodiados por el guardia Nikita, están recluidos en precarias condiciones un total cinco locos, solo uno es de ascendencia noble, en tanto los demás provienen de la pequeña burguesía. De todos ellos resalta el noble: Iván Dimítrich Grómov. Hombre de 33 años, antes funcionario, padre de una familia sobre la que cayó la desgracia. Es un lector voraz, siempre luce excitado, nervioso, como si esperase algo inminente, sufre de un marcado delirio de persecución y teme que le tiendan una trampa. La situación en que vivía la resumía en una conclusión: la vida en aquella ciudad ahogaba y aburría, la sociedad carecía de intereses vitales y arrastraba a una existencia oscura y absurda.

De otro lado, el doctor Andrei Efímich se llegó a preparar para la carrera eclesiástica pero influenciado por su padre tomó la de medicina, aun careciendo de vocación. Tiene un aspecto pesado, torpe, de mujík, alto de estatura y ancho de hombros pero de pisada y andar suave. Al posesionarse en su cargo, el hospital estaba ya en pésimas condiciones higiénicas y morales. Él tampoco hizo mucho por remediar lo miserable de la situación. Andrei Efímich es un hombre que ama la inteligencia y la honradez, pero no sabe dar órdenes ni hacer prohibiciones, además se le dificulta mirar a los demás a los ojos y desatiende los pedidos de los enfermos. Al principio trabajó con celo, sin embargo las circunstancias de corrupción y pobreza en el hospital le llevaron a pensar ¿para qué impedir que la gente muriese si la muerte es el fin normal de todos? ¿Para qué aliviar? Tales preguntas lo desalentaron y dejó de ir con tanta frecuencia al hospital.

La vida del doctor es monótona. Trabaja con el practicante Serguei Sergueich y con el doctor Jobotov, realiza consultas con desgano, vuelve a su casa, come lo que le prepara la empleada Dariushka y lee. Lee mucho y con placer. Eventualmente habla con Mijaíl Averiánich. Piensa que los libros son la partitura y la conversación es el canto. Considera que en este mundo todo es minúsculo e intrascendente, salvo las supremas manifestaciones espirituales del entendimiento humano.

Cierta noche el doctor Andrei Efímich entra al pabellón número seis siguiendo por compasión al loco Moiseka, en la sala se encuentra con Iván Dimítrich quien lo llama ladrón y lo increpa, acusa lo injusta de la situación de estar encerrado cuando afuera hay tantos locos. El médico le responde que todo es producto de la casualidad. La inteligencia y la capacidad reflexiva del loco impresionan al médico, por lo cual se propone visitarlo. Comienzan así los encuentros placenteros, verdaderas conversaciones entre el doctor y el paciente.

En sus conversaciones Andrei Efímich sostiene que el pensador desprecia el sufrimiento, que lo exterior es insignificante y que el interior se puede dominar; mientras Iván Dimítrich piensa que la sensibilidad es importante, que la excitación define los comportamientos, de ahí que Diógenes en su barril no hubiera sido el mismo en Rusia, además le increpa al doctor porque este nunca ha conocido el sufrimiento, por ser un vago acomodado, un perezoso, es decir, que no conoce la vida, que simplemente deja pasar las cosas porque la muerte todo lo acaba.

Pronto se corre el rumor de que el doctor visita el pabellón de los locos y comienan a dudar de él por lo que se le propone tomarse un descanso. En compañía del fastidioso Mijaíl Averiánich, Andrei Efímich viaja a Muscú y luego a Varsovia en donde se siente hastiado con la presencia del otro hombre. Finge malestar y se la pasa reposando. Por culpa de las apuestas de Mijaíl, el doctor pierde la suma de 500 rublos. Al regresar al pueblo tiene que alojarse sin ahorros en una habitación miserable. Una visita de Mijaíl termina alterando el ánimo del doctor. De ahí que por influencia del mismo Mijaíl y del médico Jobotov, Andrei Efímich acepta recluirse en el pabellón de los locos, aunque sostiene «Mi única enfermedad consiste en que durante veinte años no he encontrado en la ciudad más que una persona inteligente, y está loca. No hay dolencia alguna; pero he caído en un círculo vicioso, del que no puedo salir. Ahora bien: como me da igual, estoy dispuesto a todo.» Recluido en el pabellón número seis Andrei Efímich comprende lo difícil de su postrada situación, su debilidad y limitación. Quiere beber cerveza y fumar, quiere salir. Ante el alboroto que provocan sus reclamos el guardián Nikita golpea a Andrei Efímich. Pocos después muere de apoplejía. A su entierro solo asisten Dariushka y Mijaíl Averiánich.

Sesión del 05 de marzo de 2013

Cuento leído y analizado: “El pintor de margaritas”, del escritor colombiano Eduardo Cano.