Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Arte y literatura

Fecha: 22 de julio de 2013

Libro: Arte y filosofía

Texto: Romanticismo y psicoanálisis

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Volvamos a imaginar al personaje imaginado por Alvaro en la memoria pasada. Un hombre de nuestro tiempo, de unos treinta años, con una particular disposición del espíritu que nos recuerda a un héroe creado por Musil, está enfrente de una pintura de Picasso. Este hombre singular ha tenido un acercamiento al arte desde la temprana juventud, se deja conmover por la pintura; los viriles minotauros lo perturban, siente, o por lo menos así parece, estar enfrente de la propia belleza. ¿Que ha conmovido a este hombre? ¿Que efecto le ha producido esa figura mítica de un toro y un hombre que comparten un mismo cuerpo?

La pintura ha desatado en él el libre juego del entendimiento, la razón y la imaginación; su espíritu alimentado por las más nobles ramas del saber ha entrado en dialogo con el pintor; de manera consciente se despliega ante él la Grecia antigua con su mitologías, su filosofía y su arte; reconoce el poder, la desolación, la muerte; llega a su cerebro la imagen de un bisonte visto en un documental sobre antiguas cavernas francesas; su ojo de experto catador le advierte de una técnica prodigiosa en el cuadro; hace una lectura detallada, minuciosa de la obra; el tiempo pasa y perplejo se ha olvidado del resto del museo, en la noche y en los días posteriores la pintura le seguirá dando vueltas en la cabeza.

Pero no solo se ha operado en él un mecanismo consciente, racional, también ha estado atravesado por mecanismos inconscientes, aquellos que lo acompañan sin que el se percate, aflorando, participando de esa elección aparentemente dada por la voluntad. Fue justamente esto en lo que nos concentramos en la última reunión del grupo de arte y literatura: racionalismo, intuición, inconsciente, poder transformador de la obra de arte, limites de la interpretación. Nuestros expositores se situaron en pensar en dos posiciones encontradas: la que ofrece Kant desde su racionalismo y la que ofrecen los románticos desde la intuición, pero también la nueva manera que trajo el psicoanálisis al utilizar los mismos elementos del romanticismo, pero desde una posición racionalista por una necesidad de interpretación.

Los románticos desengañados por los ideales burgueses de la revolución francesa se aproximan al objeto bello, amado desde una idealización que les impide acercarse a él, aprehenderlo, pues estos están en una esfera sagrada y el indagar sobre ello es casi una profanación; además proclaman la espontaneidad y denigran del mercado y de la moda. El romanticismo y el psicoanálisis comparten los temas elegidos: el folclor, los sueños, la ocurrencia, los cuentos de hadas, la mitología, la infancia, pero divergen en la manera en que se abordan, el psicoanálisis no se opone a el racionalismo Kantiano, su ideal es el análisis; ambos giran entorno al sujeto, pero no desde el entendimiento sino a través de problemas universales como la muerte.
Una nueva forma de la modernidad es ver el arte desde el psicoanálisis; a través de significantes los que tiene el mito y el lenguaje. El sujeto puede verse en dos posiciones: la del creador y la del interpretador, el primero asociado al genio capaz de enfrentar su pasado y construir a partir de él, y el segundo, el que interpreta desde sus mitos, ese que dialoga entre lo racional e irracional, necesarios para la significación y representación que nos vamos haciendo. El psicoanálisis hace más complejo el abordaje de una obra al introducir el inconsciente en el sujeto que se protege de excesos de saber y comprensión y que pondría en cuestión la unidad del ser; el inconsciente tiene la posibilidad de no descartar lo que se descarta, es un almacén necesario para la construcción y la interpretación.

Zuleta nos ofrece nuevas miradas filosóficas que nos permitirán comprender lo expuesto por Kant sobre lo bello y lo sublime. Al introducir dos conceptos opuestos: lo apolíneo y lo dionisíaco.
Lo apolíneo hace referencia a lo que tiene limites, control, en última instancia a lo bello, y lo dionisíaco, lo que se desborda, lo que nos conmueve, lo sublime.

Después de las exposiciones, nuestra comentadora crítica inicio el dialogo retomando dos preguntas fundamentales de la exposición ¿Cuales son los limites de la interpretación? ¿Cual es la potencia transformadora del arte?

Uno de nuestros participantes lo expreso de manera muy pertinente: los románticos le dan a la asociación libre toda su potencia y no parten de que ella les permita establecer una interpretación; por el contrario el psicoanálisis a partir de la asociación libre interpreta desde la palabra. La asociación libre permite que un saber supuesto del sujeto emerja; el psicoanálisis interpreta desde este saber supuesto que emerge en la palabra. Los limites de la interpretación de la obra de arte están puestos en el ser del sujeto, este abarca las posibilidades de que hacer con ese ser mismo, en la medida que lo impacta en su realización con la obra de arte. La potencia creadora esta en generar nuevos sentidos posibles en la realización del ser que esta en contacto con la obra de arte.

Interpretar es producir sentidos, y se interpreta con: fantasmas, equívocos, temores, inhibiciones, resistencias, anhelos, errores; interpretar es asistir a la obra con todo esto esto y no pretender agotarlo.
En la interpretación hay una transformación del ser y se mueve no solo lo consciente, sino lo inconsciente. Hay un encuentro entre el sujeto y el objeto que aunque no es siempre consciente requiere una predisposición.

Zuleta usa todas las ramas del saber para hacer mas compleja la lectura de la obra de arte, pone en dialogo a sus filósofos predilectos, e incluye al psicoanálisis para hacer mas compleja la interpretación; Pero ¿Existen limites en la lectura de la obra de arte que hace un hombre que no ha tenido como conquista estos saberes a los que hacemos referencia?

La verdadera obra de artera sobrevivirá , ya se trate de una pintura rupestre, de un Caravaggio, de una suite de Bach, o de la novela fascinante de un Thomas Mann. El arte estará entre nosotros aún sin Freud, sin Kant, y sin el mismo Zuleta; pero solo estará mientras tenga un sujeto que le oiga, le vea, le escuche y le piense.

Oscar Restrepo.
Relator de la sesión