Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2016: Cultura y democracia: Ideas para (re)construir tejido social

Fecha: 3 de octubre de 2016

Arte como crítica a lo establecido

Texto de referencia: La memoria y la escritura. Lección 8 del libro "Lógica y crítica"

Plenaria a cargo de: Subgrupo de Arte y Literatura

Modera: Laura Giraldo

Relata: Álvaro Estrada

Exponen:

Subgrupo de Psicoanálisis: Daniela Cardona
Subgrupo de Arte y literatura: Eduardo Cano
Subgrupo de Filosofía: Isabel Salazar
Subgrupo de Historia, Economía y Política: Xiomara Meneses

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¿Apoya el acuerdo final para terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera?
SI - 49,78% NO – 50,21%
Abstención: 62, 57%

En una fecha en la que originalmente teníamos planeado trabajar una de las lecciones del libro de Estanislao Zuleta “Lógica y crítica”, específicamente la titulada La memoria y la escritura, la realidad, ese extraño todo que nos desborda a cada uno de nosotros, exigió hacer un pare en la rutina, en la cotidianidad de este grupo de estudio, y tratar de comprender. La propuesta para la sesión fue la que tanto ha defendido esta organización en momentos como este: darle lugar a la palabra.

Desde la línea de arte se reconoció que no es lo mismo volver a la memoria a través de la escritura que cuando se viven los hechos en carne propia, esos que terminarán haciendo huella. En otras palabras, es distinto acceder a la memoria, esa que ocurrió en un antes que genera cierta distancia, a vivir la memoria, en un ahora que nos hace parte de ella, pero que se vive en dos direcciones: hacia atrás, es decir, ese pasado con el que tenemos que contar; pero también hacia todos esos futuros posibles con los que ya no podremos contar. También se reconoce la posibilidad del dolor, hay memorias que nos duelen, ¿entonces cómo afrontarlas? Es importante en momentos como esos hacer duelo, ese proceso de aceptar la dolorosa verdad de lo que ya no será más y, en ese sentido, reconocer la importancia de la narración y la escritura para aceptar ese dolor. Es ésta otra forma de ese vivir artísticamente, línea de indagación que el subgrupo de arte ha sostenido hace ya rato, que no se puede reducir a una relación bucólica con la vida, pues queda claro que no podemos dejar de un lado el aspecto trágico de lo humano, inherente al arte y a la existencia.

La representante de la línea de Psicoanálisis propone algunas preguntas para tratar de articular lo ocurrido en el país con la propuesta de discusión de la sesión: ¿qué huellas se han constituido en las subjetividades de muchos colombianos y colombianas en este tejido social?, ¿qué tan diferentes son las huellas que nos constituyen?, ¿por qué pareciera que en algunos que comparten un mismo tiempo y espacio, es decir, que constituyen una misma comunidad, no se encontrara algunas de esas huellas?, ¿dónde están las huellas que deja la violencia de un país como el nuestro?

Retomando el pensamiento de Platón, de que estamos constituidos de huellas que hacen eco con ese afuera, esa realidad limitada que experimentamos, no deja de angustiar cómo esa infinidad de huellas que nos moldean, entablan una relación y una acción frente a sensaciones actuales. El arte es una esperanza para suscitar, para volver sobre las huellas y resignificarlas. Son sensaciones actuales, pero ¿quién lo escucha y quién lo siente?, ¿ese arte dónde llega?, pregunta la expositora.

Si entendemos la escritura como una forma de la rememoración, en otras palabras, esa forma de memoria externa que se diferencia de una memoria autentica, entonces ¿cómo se construye memoria auténtica?, ¿cómo el acaecer de la experiencia se hace memoria? ¿qué responsabilidad tenemos con esas huellas y memorias que nos habitan, para volverlas enunciación? Si el tejido social se logra del efecto que multiplicidad de huellas tienen en una gran diversidad de subjetividades, finalmente, ¿quiénes hacen, o hacemos, tejido social?, ¿quiénes inciden en esa construcción de nuevas huellas constitutivas para futuros posibles? ¿qué queremos decir cuando hablamos de tejido social?, ¿lo reconocemos en toda su complejidad, o tendemos a positivizarlo?

La representante de la línea de filosofía vuelve al texto de Zuleta para abordar una pregunta muy pertinente: ¿cómo se produce una opinión falsa?, que no es sino otra forma de preguntarnos cómo conocemos o cómo sabemos. Continúa diciendo que en esa disyuntiva del se sabe o no se sabe tan conocida de Sócrates: “Yo sólo sé que nada sé”, la opinión falsa sería la del que no sabe y el que tiene la opinión verdadera, en este caso la memoria auténtica, es el que sabe. Pero, la relación que ofrece Platón de memoria y escritura es que al escribir hay algo que se aprehende (y se aprende) y hay algo que se olvida. Importante resaltar esa imagen de la relación memoria – escritura - olvido: cuando hacemos memoria y escribimos, algo olvidamos. Además, se resaltó que aquí se habla de la memoria como algo que se escribe, es decir, se habla de ella como actividad y no como reserva. La memoria como experiencia está en permanente construcción y esa experiencia, que se está actualizando constantemente, es una que pasa por una verdad primordial en cada sujeto.

En relación al tema de tejido social, nuestra compañera pidió no obviar la advertencia del subgrupo de psicoanálisis: se puede constituir un tejido social con sujetos que creen que no hacen parte de ese tejido, que están convencidos de que no existen hilos transversales que los conectan a un todo. Puede haber cada vez más una tendencia a creer que nada nos toca, creer que lo ideal sería borrar completamente a ese otro que no piensa como yo, por eso, no podemos ignorar las tendencias fascistas de nuestra época.

Desde la línea de Historia, economía y política, además de sentirse recogidos en las intervenciones anteriores, se nos recuerda la concepción de error que ofrece Zuleta en el texto: “una interpretación de la conciencia que toma su experiencia actual por una antigua huella que no es”. ¿Entonces cuál es la huella que es?, ¿cuál es la memoria que nos ha sido transmitida, cuál es la que hemos vivido y cuál es la que hemos construido?, son interrogantes que deja el subgrupo y que vuelve a complejizar conceptos como verdad y memoria. Acerca del arte, se rescata ese ponernos de cara al otro; el arte nos puede abrir a la sensación y a la emoción, pero también necesitamos del discurso explicativo que nos permita hacer con eso. No puede ser una sociedad exclusivamente artística o exclusivamente racional, se necesita de ambas dimensiones para entender esta realidad.

En relación al tema del año, el subgrupo ofrece algunas reflexiones sobre la relación poder y memoria, y reconoce que existen intereses que no quieren que recordemos, o que buscan imponer una memoria hegemónica, que responde a una versión de la realidad que no tiene en cuenta a otros y que quiere convertirnos en unos repetidores de esa memoria. Zuleta, en su crítica a la escuela, resalta la manera como nos enseñan saberes como la Historia: una acumulación de datos que no nos tocan, que no sentimos, que no vivimos, no los hacemos nuestros. Como sociedad hemos sido constituidos con memorias inauténticas, nos han atragantado de datos inconexos, hasta el punto de la llenura que no permite la búsqueda, que elimina la falta. El subgrupo se pregunta ¿cuándo una Historia se vuelve experiencia, o qué tiene que pasar para que alguien la pueda vivir?

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Es esta, quizás, una de las sesiones que más aportó a pensar el significante tejido social, parte del ciclo que decidimos abarcar a principios de este 2016: Cultura y democracia: ideas para (re)construir tejido social. El 2 de octubre fue uno de esos días poco comunes en la vida, uno donde la metáfora del tejer con otros se hizo muy evidente, especialmente ese aspecto que nos dice que debemos tejer con quien es diferente a nosotros; la dificultad de tejer, de ponerse en el lugar del otro, fue el común denominador de las intervenciones en la plenaria.

Más allá de todos los interrogantes que surgieron, también surgieron algunas claridades.

Es importante entender que un tejido social genera unas subjetividades, pero al mismo tiempo, esas subjetividades tienen la capacidad de transformar ese tejido social; que a pesar de que se teje en el campo de la política y lo social, alma, cuerpo, mente y espíritu siempre están presente en las huellas primordiales que generan acciones. Por eso es necesario adjetivar el tejido social, porque diversas son las formas que puede cobrar y esa diversidad de actores que hacen parte de este tejido dificulta llegar a acuerdos en términos de moral, justicia, libertad o democracia, entre otros.

Tejemos con las concepciones y conquistas que se logran desde la racionalidad y la palabra; el acuerdo de paz es un ejemplo de ello, un documento que dejará huella en la historia de este país; pero también tejemos desde esa compañía tan necesaria del arte y la sensibilidad frente al mundo. Tejemos en el tiempo, pues existe un choque constante entre tradición y novedad, entre pasado y futuro, entre historia y posibilidad.

También se puede sostener de todo lo dicho que eventos como estos que hemos debido afrontar dejan claro que la democracia no es una práctica “natural” de la cultura, que ésta es una forma específica del constituirnos que hace parte de esa lucha de ideas y acciones del vínculo humano. Con esto, reconocer que el reto, finalmente, es conquistar las condiciones que permitan construir democracia ¡y construirla! porque lo primero no garantiza lo segundo.

Finalmente, resaltar el que fue, quizás, el interrogante más importante de todos los que fueron compartidos: ¿Está Colombia a la altura que demanda una sociedad que de trámite al conflicto por vías diferentes a la de la lucha armada?, porque algo más que queda claro en todo esto es la validez de la famosa cita de Estanislao Zuleta: “Sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz”