Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Filosofía

Fecha: 30 de septiembre de 2013

Texto: "Edipo como drama del pensador"

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"El problema de la grandeza de un pensador es un problema de coraje, no de habilidad ni de erudición. ¿Qué tanta verdad puede resistir un espíritu sin romperse?; eso es lo que determina su dimensión."
Estanislao Zuleta (refiriéndose a palabras de Nietzsche)

Una propuesta que de la mano de Zuleta recibimos: aventurarnos en la historia de Edipo haciendo énfasis en la interpretación de la vivencia de Edipo como el drama que todo pensador encarna. No ha sido ésta vía la única que han perseguido quienes le han analizado -a Edipo, una de las tragedias más mencionadas y trabajadas desde diversas disciplinas-, siendo la mirada de Zuleta una que invita a explorar, a través de las categorías del pensamiento psicoanalítico, los movimientos del pensamiento y los rasgos del pensador; aquello que de tribulación conlleva y también las exigencias y potencias a que nos dispone esta actividad del pensar.

Como no podíamos suponer que todo participante del grupo de estudio o lector de esta memoria conociese la narración de Sófocles, en una idea muy general podría decirse de ella esto: Edipo sale a buscar la verdad de quién es, en su historia personal, pues por un borracho se entera de que no es hijo de sus padres. La inquietud se siembra en él guiándolo hasta donde el oráculo para indagar por su origen, el cual, en lugar de resolverle esta inquietud le da cuenta de su destino, de lo que ocurrirá con él, esto es, que matará a su padre y se casará con su madre. Por lo anterior, Edipo sale huyendo de quienes han sido hasta ahora sus padres y en el camino le da curso a la advertencia de lo que le ocurriría sin saberlo: matará a su padre, descifrará el enigma de la esfinge, se convertirá en rey de Tebas y se casará con su madre. Tebas entra en una época dura, de muerte y enfermedad, carga con un mancha de sangre que Edipo, en tanto rey comprometido, se propone sanar, sanación que le pone en un búsqueda incansable de lo que será su verdad personal también: que él es causante de dicha mancha, que él asesinó al rey de Tebas, su padre, y está ahora casado con su madre; verdad dolorosa que, advertido por muchos, no cesó Edipo de buscar, yendo más allá de lo evidente, asumiendo los riesgos de ella, hasta las últimas consecuencias.

Edipo como drama del pensador es la lectura que Zuleta hace de Sófocles, la cual es, a su vez, la lectura que Sófocles ha realizado de un mito que ronda en Grecia y lectura que ahora nosotros nos proponemos realizar, de la mano de Zuleta. Una primera pregunta emergió: ¿por qué propone Zuleta el drama y no la tragedia? Una elección del pensador tiene que ver con hasta dónde seguir indagando, ¿seguir más allá o no? La tragedia pues es el momento de la elección mientras que el drama es la vivencia de la pérdida que le supone al que elige pues toda elección implica pérdida. El pensador ya no está eligiendo si ir más allá o no, él ya está yendo más allá con esa voluntad de descubrir que le caracteriza. Lo que desata el drama es la voluntad de descubrir, no la elección de hacerlo. Y ¿cómo es ese drama del pensador? Tendrá que ver, propone Zuleta -también apoyado en otros referentes suyos como Nietzsche- con contradecir una idea querida, un parricidio simbólico que es el despojo de las identidades primeras que con otros nos son dadas o que construimos, un "matar al padre"; también con la culpa que sobrevendrá a ese parricidio en tanto que no habrá "muerte del padre" sin reconocimiento del mismo, el pensador siempre es un deudor. También tiene que ver con el ponerse en cuestión, sostenerse en la indagación, un dejar de ser lo que és en ese vaciamiento que de sí debe lograr; con oponerse a todo, incluso a sí mismo. También involucra la autonomización del ser, el ser capaz de ver más allá suspendiendo los juicios propios, y la creación que deberá seguir a la transgresión necesaria, esto es, trasgredir para afirmar, romper para crear.
Un drama que no nos debe parecer tan lejano, que algo de familiar en él encontramos, y es que dirá Zuleta que se trata este drama de uno que es universal, que la pregunta por cómo se piensa, como se llega a pensar, como emerge el pensamiento, es una pregunta de hoy y ha sido de todos los tiempos, así como todos en algún momento nos preguntamos por el ir más allá. En el grupo nuestro ya para este punto de su análisis se preguntaban y afirmaban cosas como estas: ¿está el pensador destinado a pensar como lo estaba Edipo?, ¿qué se hace el pensador con el descubrir, con lo que emerge de la exploración?, ¿cómo socialmente se traducen las preguntas de cada quien, siempre encontrarán resonancia? El pensamiento tiene que ser la vivencia del descubrir para que tenga sentido en el ser lo que se descubre, por ello, otro que lo enuncie no es suficiente, ¿cómo incide esto en los procesos de transmisión? No goza en la dicha del ensimismamiento el pensador, tiene que conectarse con otros, tal como se vincula Edipo en el compromiso de verdad para su pueblo, ya no la suya individual. Por otro lado afirmaba el grupo que no hay alegría en el parricidio, que él es camino de la angustia pues se trata de negar lo que nos ha sostenido por años y que se hace con conciencia (¿o no?) de quien es el padre, incluso amándolo mucho. El horizonte de la verdad no es siempre feliz así como tampoco tiene que ser el parricidio la muerte total del referente, es quizás lo necesario para la desidealización del mismo y que así se le reconozca lo que se le debe al tiempo que pueda uno distanciarse para construir lo propio. En lo anterior enunciado ronda la angustia pues en el poner en cuestión el propio ser intuimos que nos vamos a transformar, incluso puede llegar a ser anhelado el cambio, pero no sabemos qué resultará de esa transformación, no necesariamente será algo bueno, no lo podemos predecir ni anticipar.

Desde el grupo que exponía se propuso también explorar el camino del pensador, tras recorrer el del drama. Y es que en cuatro sesiones que llevamos ya sobre el pensar no hemos arriesgado a decir qué es el pensamiento. Por el momento, parece ser que nos inclinamos no a "el pensamiento es", sino a "el pensamiento tiene que ver con" y también a entender el pensador como quien actúa el pensamiento. Entonces, el pensamiento tiene que ver con la ejecución, una concentración en un asunto de lo que se busca o se mira, dejando de lado otros y haciéndose entonces particular ese mirar; con el detenimiento en un rasgo de lo que le interesa explorar; con la creación en tanto se realiza una ejecución particular con lo indagado. El pensador explora y permite explorar; actúa la significación: es intérprete del mundo y la realidad, es creador de sentidos; tiene un compromiso vital con lo que busca que es la verdad; es transgresor, amenaza una estabilidad poniendo en interrogación a la vez que introduciendo sentidos nuevos. Rasgos del pensador serán: el saber algo cueste lo que cueste, el compromiso de sentimientos, emociones y también del intelecto para hacer la búsqueda con lo que és además reconociéndose parte de una sociedad. No hay método para el pensador que pueda ser transferido a otros, se piensa con lo que se és y se pregunta por el qué hacer con ese descubrimiento, hasta donde llegar con él, qué efectos producirá en su sociedad en tanto no todo será dicha, también habrá destrucción y pequeñas y grandes muertes. Serán el coraje y la valentía, y no tanto una postura del intelecto, las herramientas con que el pensador cuenta a la hora de enfrentarse a estos movimientos que le son constitutivos. Una pregunta se vislumbraba a esta altura de quien exponía: ¿Qué es eso de la voluntad del pensador?, ¿cómo opera en el pensador la voluntad?
Un entendimiento se hizo necesario para el grupo: que hay los pensadores que son posibilidad de exploración para otros pero también se propone el como una forma de estar en el mundo, como una posibilidad para todo ser humano; unos crean y permiten explorar, otros exploran y crean para sí sentidos. Y por esta vía el grupo en pleno se supo pronunciar también señalando una pregunta sobre la dimensión de lo que ocurre con el pensar: ¿el pensamiento nuevo será trascendente para uno o para el mundo? Pensar por sí mismo es el camino para producir algo nuevo, desde el arte, desde la ciencia, sea que transforme el mundo o se transforme el sujeto. El pensamiento como un logro propio nos lleva a diferenciar la originalidad de la autenticidad. El pensamiento como vivencia tiene que ver con un "yo lo elaboré", "yo lo conquisté" y partir de ello se hace posible el transformarse, así no se trate de algo inédito para el mundo, pues sí lo será para el ser pensante. Es muy importante el pensar por sí mismo como transformación del ser pues abre el camino para transformar la sociedad, así se recupera el pensador no de cosas inéditas, pero sí auténticas, ideas creadoras para cada ser. Y es que el pensar filosófico para Zuleta tiene que ver con una postura para mirar y estar en el mundo, esto es, una conquista de seres que se indaguen y se reconozcan en la búsqueda de su identidad lo cual tiene un valor inmenso para la construcción de la sociedad. Una pregunta se situó en cuanto a las condiciones efectivas para el pensamiento, el tiempo y las herramientas que se requieren para su emergencia. Se reconoció de Zuleta un recuperar rasgos del pensador, no una referencia de condiciones para el pensar, él no hace críticas estructurales como las de su época, no hace radiografías de los obstáculos más detallados de lo que no deja, por ejemplo, pensar. En esta medida, sobre la palabra y pensamiento de Zuleta nos preguntamos por las implicaciones de señalar condiciones o de señalar rasgos en tanto Zuleta nos propone una ética para el pensamiento y no un modus operando para pensar ni para vivir. El pensamiento propone el destruir para que nazca algo nuevo reconociendo que a la conquista la precede la angustia, siendo posible que luego tenga lugar la satisfacción de la creación. Qué se hace con lo hallado y cómo se significa será el paso de lo dramático del pensar para dar lugar a la movilización del hacer algo con ello, la autonomía del pensante y la promesa de nuevos sentido para el ser y, por qué no, para otros.

Diana Suárez
Responsable de la memoria

 

 

Sesión del 05 de marzo de 2013

Cuento leído y analizado: “El pintor de margaritas”, del escritor colombiano Eduardo Cano.