Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2016: Cultura y democracia: Ideas para (re)construir tejido social

filosofia 1 2016

Fecha: 16 de mayo de 2016

¿Puede la enseñanza incitar al pensamiento?

Texto de referencia: A la memoria de Martín Heidegger

Plenaria a cargo de: Subgrupo de Filosofía

Modera: Alejandro López

Relata: Diana Marcela Suárez

Exponen:

Subgrupo de Psicoanálisis: Elizabeth Giraldo
Subgrupo de Arte y literatura: Álvaro Estrada
Subgrupo de Filosofía: Santiago Gutiérrez
Subgrupo de Historia, Economía y Política: Beatriz Florez

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“El sembrar es una manera de dividir y de distribuir el tiempo en ciclos y en ritmos; es prever y en ese sentido implica asumir la pérdida de algo, que se deja de utilizar inmediatamente como alimento, con la esperanza de recuperarlo multiplicado; es un sacrificio actual, una muerte parcial de la semilla para que resucite y se reproduzca; es la inscripción en un futuro definido como un ‘ha de ser’ y en el trabajo necesario para realizar lo que aún no es. Y cosechar también es reunir que es una figura del pensar, pues el pensar reúne, compone, produce síntesis nuevas. Así, ‘cosechar’ y ‘sembrar’ pensados a fondo, son el logos, el pensamiento.”
Estanislao Zuleta – A la memoria de Martín Heidegger

Una plenaria con una pregunta a la cabeza: ¿puede la enseñanza incitar al pensamiento?, que logró ser puesta en escena de seres pensantes, seres pensando, de pensamiento siendo, en la cual no faltaron esas preguntas propias y también esas ideas propias desde las líneas y desde las singularidades que alzaron la voz para ser partícipes de la exploración que juntos hicimos en un bosque de sillas, un bosque tropical de calor ambiente y calidez humana en la palabra que vincula a unos y a otros para ser tejido de sentidos colectivos.

El problema propuesto por la línea de filosofía fue abordado, de manera simultánea, en sus partes y en el todo: la enseñanza y el pensamiento mirados a través del lente interrogador, crítico, reconocedor y propositivo que con Zuleta hemos configurado, y la pregunta por si la primera puede incitar al segundo y las condiciones para que esa incitación pueda darse.

Pensar, pensamiento, fuimos invitados a reconocer desde la línea de filosofía, como procesos y concreciones que involucran estos movimientos en doble vía, reflexivos: interrogar e interrogarse; investigar e investigarse; dar sentido y darse sentido. Y a la enseñanza, entre paréntesis la educación, y en particular a aquella que busca incitar el pensamiento, podemos entenderla como un preparar al ser para llegar al ser de la autenticidad. Entonces, como derivación lógica de lo anterior, resultó la pregunta: ¿de qué enseñanza se trata y dónde se da, esta que posibilita el ser de la autenticidad? Se arriesgó una afirmación: allí donde se establezca temporalmente un vínculo, con lo cual no se restringe entonces al campo de la familia, de la escuela o la universidad.

Ahora bien, conjugando estas enunciaciones, nos fueron propuestos unos rasgos que no dejaré de enlistar y que definen esa enseñanza que incita al pensamiento:


“Una que vea en el sujeto de la enseñanza, y en el objeto de ella, una estructura de posibles. Una que no tenga por base: se es todo; Enseñar para ser un ser de la decisión resuelta; Una que forje la idea de la voluntad como el fruto del saberse mortal, limitado, inacabado; Una que haga brotar el deseo de saber lo esencial de las cosas y del ser; Que prepare para hacerse cargo de lo que se dice, cree, piensa, siente y hace; Que haga de la fundamentación una necesidad del ser, de volver y hacerse a eso que le ha antecedido, a otras conquistas de la humanidad; Que prepare en el ser la decisión de ceñir su comportamiento y su actuar de cara a lo inevitable del ser: la angustia y la muerte; Una que le permita al ser saberse lenguaje y hacerse creador de lenguaje; Una que prepare para la significación del mundo; Una donde se participe conjuntamente de la producción de conocimiento; Que sostenga el vínculo: conocimiento y propias ideas y preguntas; Que propicie la reflexión entre lo que hace y el contexto social en que vive; Que prepare al ser para la percepción de los nexos históricos, espirituales entre el proceso social y las manifestaciones culturales.”

Puestos entonces en la necesaria reflexión sobre la enseñanza nos fue preciso detenernos en los sujetos que participan de ella, en los seres que se vinculan y el cómo de ese vínculo, y en la institucionalidad en que ella, la enseñanza, suele tener lugar. Así entonces los aportes desde las líneas de Historia, Política y Economía y de Psicoanálisis y teorías del sujeto y algunas participaciones en la conversa, abordaron estos asuntos.
El maestro, aquel ser que, en tanto busque incitar al pensamiento, se disponga entonces como un suscitador de preguntas, que le permita al otro conocer de la angustia y la falta. Un ser que le proponga al otro un vínculo de sujetos, intersubjetivo, y que también le permita a ese ser en formación ubicarse históricamente, que el saber sea y tenga lugar en el ser para actuar en el mundo y modificarlo. El maestro entendido entonces como un puente entre el conocimiento, el estudiante y la realidad, abriendo entonces la posibilidad de ser “actor social”: un ser con consciencia de su presente, del hoy, responsable de su devenir y el de su sociedad, y el educar, puesto en este contexto, como un acto político.
Una enseñanza entonces que va del Uno al Yo, esto es, que se piense como proceso en cual participan subjetividades en vínculo, que no esconda la singularidad de cada ser. Que en ese movimiento que es la enseñanza, en esa práctica cultural, se establezcan transferencias: la incitación a pensar lo no pensado, a caminar hacia lo no sabido. La participación del deseo se hace ineludible, como esa posibilidad de saberse en falta y en búsqueda de ese conocimiento auténtico, de nuevos sentidos y, por tanto, de nuevos mundos. Movimiento sea entonces la enseñanza, el ser siendo, haciéndose, no acabado, que transita entre lo que no es y lo que puede llegar a ser, el tiempo del ser que puede llegar a ser: la posibilidad. Una práctica cultural con incidencia en el mundo en la cual participan el lenguaje –que significa el mundo-, la vida –puesta en interrogación- y la técnica –las herramientas para modificar, para transformar-.

Las interpelaciones y cuestionamientos a tan sugestivas propuestas no se hicieron esperar: entonces ¿a pensar sólo puede invitar una persona que piensa?, ¿es posible, y acaso deseable, imaginar que devengan como fruto maduro el pensar y el pensador si contamos con una enseñanza en la cual participen los sujetos (maestro y ser en formación) que porten estas prendas que hemos identificado?, ¿cómo hacerse las propias preguntas cuando la educación nos demanda respuestas? Sobre esta pregunta última bien apuntaba una participación a señalarnos los rasgos del dispositivo de enseñanza que se despliega en el mundo actual, la escuela: perdida en el recetario, entregada a la instrucción buscando apropiarse al individuo para la propuesta de realidad que nos es dada, impedidos para una relación de rigor poético con el lenguaje, aquel que posibilita nuevas significaciones, imposibilitados para el pensar, para afrontar la angustia y saber de la falta que pone en marcha, que moviliza el deseo. Pero, ¡ojo!, llamaba la atención otra participación, ¿cómo hablar de la enseñanza sin caer en las habladurías de la enseñanza?, mientras nos proponía habitar las exigencias que implica entender la enseñanza como acontecimiento, como entramado azaroso; la complejidad de lograr una posición ética que propone habitar la pregunta como frente, algo en lo que sin duda debemos insistir. Y todavía emergió una cuestión más para debate: de esta propuesta del pensador y sus acontecimientos, sus propias ideas, sus propias preguntas queda la sensación de un ser solitario, de aislamiento del mundo: ¿qué acciones y en qué contexto se participa desde acontecimientos que parecen tan individuales, tan particularistas?, ¿cuál es el lugar del pensador (artistas, filósofos, intelectuales) en nuestras sociedades?, ¿cuál es la fuerza de la producción simbólica que realizamos para hacer y ser en el mundo?

Entonces, insistimos, perdidos en ese bosque: ¿Qué estamos entendiendo por enseñanza? A la enseñanza entenderla como “forjarse en el mundo”, el ser se forma en el mundo. Y ¿sí se puede entonces enseñar a pensar, formarse para ello? ¿Cómo se ingresa al pensar y el arte qué papel puede jugar en ello? Además, ¿qué nos permite pensar el arte y el arte cómo enseña? Desde la línea de Arte y Literatura, dos reconocimientos más logramos: 1. El tiempo: elemento fundamental para el pensar. El pensador, nos deja ver Zuleta –en otro texto, Arte y filosofía-, es un ser libre que no está bajo la presión del llegar a una respuesta, es libre de generar los caminos y perderse en ellos, perderse en el bosque y regresar. ¿Qué tan libres somos, bajo que modelos de enseñanza, para incitar el pensamiento? 2. Las preguntas del arte no son necesariamente las que se hace la filosofía. El arte no es instrumental, no necesariamente atiende a las exigencias de la racionalidad; atiende, por ejemplo, a la inocencia de la poesía. ¿Qué tan racionales son o deben ser las preguntas que nos hacemos?, ¿qué otras maneras de preguntarnos por el ser y el existir? El arte, entonces, nos enseña: del sentido de ser y existir, a dar sentido al mundo, a la existencia, a reconocer lo que nos hace particulares; la capacidad de expandir la realidad humana, en lo subjetivo como en lo objetivo; a acompañarnos en las preguntas esenciales y más costosas de la humanidad. El arte hace tiempo que se está haciendo preguntas por cosas vigentes, cosas que siguen vivas y por ello es que podemos reconocer la universalidad de algunas obras y creaciones que siguen siendo compañía para ser siendo.

Y ¿cómo tiene que ver esta enseñanza con la vida social y política en democracia, con las prácticas culturales y con el relacionamiento interpersonal?, fue la pregunta no abordada con la cual esta plenaria dejó abierta la puerta, con no pocos elementos al pie de ella, para aportarle al problema del año: Cultura y democracia: ideas para (re)construir tejido social.

 

                                                                                   Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

Photo from Santiago Munoz