Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2016: Cultura y democracia: Ideas para (re)construir tejido social

Fecha: 13 de junio de 2016

La responsabilidad de ser ciudadano: conquistar una posición filosófica

Texto de referencia: Para una concepción positiva de la democracia. Estanislao Zuleta.
(Texto complementario: Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, Immanuel Kant.)

Plenaria a cargo de: Subgrupo de Historia, economía y política

Modera: Aura María Rendón Lopera

Relata: Beatriz Florez

Exponen:

Subgrupo de Psicoanálisis: Daniela Cardona
Subgrupo de Arte y literatura: María Camila Giraldo
Subgrupo de Filosofía: Isabel Salazar
Subgrupo de Historia, Economía y Política: Alejandra Betancur

ESCUCHE EL AUDIO AQUÍ

La exposición central, a cargo de Alejandra, partió de dos preguntas básicas que se hizo el grupo al discutir el tema propuesto:

1) ¿Qué significa ser ciudadano?
2) ¿En qué consiste tener una posición filosófica?

Respecto a la primera pregunta, ¿Qué es ser ciudadano? surgieron dos concepciones: la primera que considera al ciudadano como aquel individuo que ha adquirido, por su origen o adopción, vínculo con un Estado y por ende, con una sociedad, vínculo que le otorga el derecho a tomar parte en el devenir social. De esta concepción de ciudadano se deriva la afirmación de que bajo una forma de gobierno autoritario se diluye la condición de ciudadano.

Pero luego en la discusión se llegó a otra concepción más incluyente de ciudadano: aquel individuo que goza de derechos, deberes y normas sociales, en síntesis, todo aquel inmerso en la ley civil. Pero nos advierte Alejandra que el sólo ejercicio del voto no nos otorga a plenitud la condición de ciudadano. Ésta sólo adquiera plena validez cuando asumimos conscientemente el derecho a participar en las decisiones que tienen que ver con lo público, participación que puede darse en forma activa, haciendo parte de cualquiera de los cuerpos decisorios de un Estado, o desde una posición simplemente de veedor, ejerciendo control sobre el manejo de lo público.

Ha sido nuestra costumbre limitar nuestro quehacer político a la elección de los gobernantes, bien sea a nivel de Presidente o de los demás órganos colegiados: Congreso, Asambleas departamentales, Concejos municipales, elección que generalmente responde a la identificación con los planteamientos políticos de los candidatos votados; ¿Pero qué pasa con aquellos que no se sienten representados por ninguna de las propuestas en contienda electoral? ¿O cuando los elegidos no cumplen sus promesas? Zuleta señala entonces nuestro deber como ciudadanos de ejercer vigilancia sobre los funcionarios que detentan algún tipo de poder. Eso es ejercer la ciudadanía, concretarla y es un proceso que requiere aprendizaje y que debe emerger desde la base de la sociedad. Sólo así se conquista una democracia real pues de lo contrario se reduce a simples condiciones expresadas en un papel llamado Constitución. Aunque no contemos con los espacios ideales para expresarnos, debemos apropiarnos de los pocos que se nos permitan; introducir el debate, la crítica en los espacios cotidianos, en el barrio, para ir construyendo una cultura ciudadana hasta lograr que sea un ejercicio del común.

Frente a la segunda pregunta ¿En qué consiste tener una posición filosófica?, Alejandra daba cuenta de lo concluido por el grupo de Política, Historia y Economía: a la luz del texto referenciado de Kant, tendría que definirse como el proceso de conquistar “la mayoría de edad” que para este pensador no es más que “atreverse a pensar por sí mismo”; no adoptar las ideas de los demás sin someterlas antes a un juicio crítico. Exige el interrogarnos y cuestionar las verdades, las afirmaciones que circulan a nuestro alrededor y no darlas por verdaderas sin previo análisis.

¿Y qué condiciones son necesarias para que surja una posición filosófica entre los ciudadanos? Zuleta anota que debemos modificar lo que él llama “una concepción negativa de la democracia” que no es otra cosa que la idea de la tolerancia como “resignación”; aceptar el pluralismo, la diversidad, como un mal necesario lo que significa adoptar una posición pasiva ante el otro; a esto debemos oponer la concepción “positiva” de democracia: ver en el disenso, en el conflicto, una oportunidad de enriquecer nuestra lectura del mundo, de aprender del otro. El debate se convierte así en territorio de la libertad humana.

Al detenernos en la importancia del debate, es inevitable recordar a Zuleta cuando nos habla sobre la “insociable sociabilidad” de ser humano. Es bajo el conflicto, en esa resistencia al otro, cuando se despierta toda la fuerza del hombre, superando la inmovilidad y dando lugar a que emerjan los impulsos ambiciosos de dominación. La tensión que estas fuerzas originan y la forma de resolverlas es lo que articula lo individual y lo colectivo.

El grupo de Arte nos trajo otra interesante reflexión: el ser “ciudadano” implica pasar del ámbito personal al colectivo; es pasar de una posición egocéntrica en donde sólo me interesa satisfacer mis propios intereses a una posición solidaria con los otros miembros de la sociedad. Señalaban cómo el Arte tiene un papel decisivo en la construcción de ciudadanía porque tiene la capacidad de develar lo que no es evidente a los otros, traer frente a nuestros ojos una realidad social; pero también, a través del artista, dar un lugar público a quienes no lo tienen. En este punto recordaron cómo el fotógrafo Benjamín de la Calle, a través de su trabajo, visibilizó personajes marginados como travestis y prostitutas en ese Medellín de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Planteó también este grupo su inquietud por una ética ciudadana que tendría su primera expresión en la responsabilidad en el momento de elección de los mandatarios.

El grupo de Psicoanálisis abrió su intervención preguntándose si, habitar una posición filosófica abre el camino para ser ciudadano y si existen las condiciones materiales y espirituales para conquistar una posición filosófica. Ya Marx y Kant nos hablan de unas condiciones mínimas necesarias para una verdadera democracia: libertad para pensar y disentir, acceso a la educación, construcción de espacios para el debate...

¿Y qué del saber nos sirve en este propósito de conquistar una posición filosófica? ¿Desde dónde el individuo puede ser parte de la sociedad? Sólo desde el reconocimiento de nuestra falta, de nuestra incertidumbre, de nuestro vacío, podemos entender que necesitamos del “otro” para nuestra completitud. La democracia necesita del sujeto porque es al reunir las faltas de cada uno cuando se logra una construcción colectiva constituyéndose cada uno en parte real de la sociedad. Por el contrario, con un ciudadano concentrado en sus propios intereses, volcado únicamente sobre sí, es imposible construir sociedad.

En esa construcción de sociedad tienen que estar presente cuatro dimensiones:

1) La dimensión de lo subjetivo: la presencia de la “falta”
2) La dimensión de lo social: la convergencia de todas las “faltas”
3) La dimensión de lo político: presente en la tensión entre los diversos intereses individuales
4) La dimensión de lo colectivo: la conciliación entre todos esos intereses individuales.

Tendríamos que preguntarnos, esta sociedad capitalista, ¿qué le ofrece al ciudadano para garantizar la presencia de estas cuatro dimensiones?

La línea de Filosofía nos trajo otra reflexión: la democracia se afirma en la capacidad de pensar de los individuos, es decir, en la existencia de un cuerpo consciente, que asuma que sus derechos no son naturales sino que hay que conquistarlos. Y en eso concuerda con lo expresado por la línea de Psicoanálisis: si bien, es necesario que los ciudadanos se organicen, resulta imperativo que se les garanticen espacios de participación, y para una participación efectiva, debe existir una formación previa. Queda así la pregunta de, si tener una posición filosófica despeja, por sí sola, el camino para un ejercicio político.

La pregunta por una posición filosófica lo que busca es dar contenido a ese concepto de ciudadanía conectándolo con el de solidaridad, entendiendo que es en ese colectivo de individuos en donde se ponen en juego las relaciones sociales: económicas, éticas, políticas, etc. Entendiendo esto, comprendemos que todos somos responsables de la sociedad que habitamos porque somos actores permanentes de su reproducción o de su transformación, según nos situemos como simples receptores de la mercancía que nos ofrece: bienes, educación, diversión, o, por el contrario, reafirmando siempre nuestra dignidad y la de los otros, mediante el ejercicio del derecho a la crítica y a la participación en las decisiones políticas, en permanente lucha contra el sistema capitalista por la conquista de mi reconocimiento como sujeto.

En este punto apareció una observación importante: toda discusión sobre el concepto de ciudadanía hay que mirarla en su evolución desde lo humanístico lo histórico, lo político; volver nuestros ojos a la historia colombiana; analizar las relaciones de poder pues la participación política tiene escenarios y tiempos diferentes. Hay momentos en los cuales el pensamiento y la postura filosófica trascienden la vida del individuo.

Y, el reconocerse como ciudadano ¿Cuándo se da? El capitalismo trata de promover individuos “llenos” supliendo esa falta que habita al individuo con bienes materiales. Recordemos la sentencia de Hanna Arendt: “No se es ciudadano, se conquista”. Eso va en vía opuesta a la idea de que la ciudadanía se construye desde afuera, que es una condición creada por el poder. Aunque sí es evidente que el pensamiento político debe trascender el ámbito privado, debe hacerse explícito. En este punto también se planteó la necesidad de hacerle comprender a los ciudadanos que todos somos responsables por la sociedad que se tiene, que las transformaciones no son responsabilidad única de quien detenta el poder.

Se llamó la atención sobre el reto que significa para el sujeto el pasar su subjetividad a través del lenguaje (el arte por ejemplo) a fin de vigorizar la posición del individuo en la comunidad, y tener presente que, en la relación con el otro, siempre se trabaja con lo “inconsciente”. A esta afirmación siguió una pregunta: ¿Cómo fortalecer ese “cuerpo consciente”? Porque en lo público es frecuente una “acomodación al sistema”, quizás por comodidad o por temor a la confrontación. Pareciera que no hay lugar para las utopías.

Finalmente, señalar que para ese ejercicio de la democracia es necesario aceptar la “humanidad” del otro, su falibilidad, lo que no quiere decir adoptar una posición pasiva frente a sus planteamientos.

Para una concepción positiva de la democracia. Estanislao Zuleta. Y texto complementario: Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, Immanuel Kant.