Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Historia, economía y política

Fecha: 21 de abril de 2014

Texto: Conferencia 1 de Teorías políticas contemporáneas (Inédito)

ESCUCHE EL AUDIO AQUÍ

"Marx no pretende, como algunos otros, hacer una Ciencia social por encima de los intereses, poniéndose la máscara de la neutralidad: no hace una Economía neutral con relación a los intereses de las clases, ni nada por el estilo; pero tampoco abandona el criterio de que sea verdadera". La anterior cita, que hace parte del texto de referencia leído para esta sesión: Teorías políticas contemporáneas 1, la presento aquí porque a partir de ella se reconoció una pregunta – que surgió en el subgrupo de estudio: ¿qué es lo que entiende Marx por ciencia? Una que dejamos en suspenso para centrarnos en el desarrollo de otras preguntas que a continuación se recogen.

La presentación del problema por parte del grupo de estudio tiene como texto de referencia la primera de un conjunto de conferencias que Zuleta ofrece en 1989, en las se puede apreciar una honda preocupación por el marxismo y por la relación que dicha teoría tiene con los efectos de los marxismos realistas que sucedieron en los socialismos. Zuleta entonces retoma el marxismo para pensar el presente en ese momento histórico.

El problema presentado al grupo recoge una tripleta problemática que sobresale en el texto a partir de la crítica que Zuleta recuerda, de la mano de Platón, sobre la forma en que se puede asumir la política. Una en la que se puede desconocer la relación de ésta con la filosofía cuando se afirma que el político no tiene ningún interés en el conocimiento. El desarrollo de esta afirmación, en un razonamiento lógico que va hasta las últimas consecuencias– como lo hace Platón – termina en una polarización del filósofo y del político, en dos figuras opuestas en su relación con la verdad. En esa oposición de ambos, Zuleta reconoce una tensión problemática entre objetividad, postura y relatividad. Tres dimensiones que están presentes al pensar el problema de la verdad, cuya tensión se acentúa al buscar reconocer esa frontera que separa al filósofo y al político al abordar un mismo problema. Una frontera que sería tan amplia que no les permitiría reconocerse, pues el político, en tanto tiene que tomar una decisión y actuar en unos tiempos restringidos, no podría darle lugar a esos ritmos que reclama la construcción del conocimiento y siendo así, al no tener una relación con la verdad, tampoco tendría un interés en la ética; el político encarnaría una posición para la acción, movido sólo por sus intereses, cosa que no podría hacer el filósofo, que se quedaría divagando en la pregunta por la verdad.

Dado que el filósofo, en esa apuesta por la verdad, se aboca a la construcción de un conocimiento que le permita dar cuenta de ella, se podría pensar que asume una postura similar a la del científico, que también está apostado a la construcción de un conocimiento en relación con la verdad. Sin embargo, cuando ponemos la mirada en la universidad – que se ha hecho reconocer como el principal centro para la investigación – nos damos cuenta que esa relación con la verdad no se da por fuera de unos intereses y lineamientos que le son trazados desde el estado como derroteros para su actuar, afectando la relación con el conocimiento que en ese ámbito puedan construir los individuos que la componen, y por tanto no es la ciencia un campo de la neutralidad.
De modo que se trata de una relación a indagar, la del filósofo y el político, y apostar – tratando de reconocer todas las dificultades que implica – que es posible asumir una posición política, frente a un problema, a partir de una fundamentación filosófica de dicha postura. Sostener para ello las siguientes preguntas: ¿para qué conocemos?, ¿cómo encarnamos las ideas?, ¿cómo esas ideas cobran materialidad, se vuelven acción?

Ahora, Zuleta enriquece esta discusión con el problema de la relatividad, que recoge por el lado de Platón, para sumarle otra dimensión al problema con el tema de la historicidad. En relación con la verdad, la relatividad cultural es un problema que se debe tomar con cuidado, pues se puede caer en la negación de la discusión, de poder considerar la superioridad de una cultura y – por tanto – del reconocimiento de unos valores superiores para la humanidad, que en últimas es una pregunta por la verdad, a nombre de que cada cultura es histórica.

Conversación:

La conversación inicia con una invitación a recordar la referencia que Zuleta hace a Agnes Heller para pensar el problema de la relatividad, en especial cuando se trata de la valoración de una cultura. Esta pensadora afirma que la occidental es una cultura superior exponiendo como criterio para hacer tal afirmación su capacidad autocrítica. Un juicio de valor que no sitúa el debate del lado de la comparación de dos culturas para establecer si una es superior o inferior a otra, sino que resalta ese rasgo como uno que abre las posibilidades de una sociedad para cualificarse, en tanto puede cuestionarse a sí misma: puede pensarse y modificarse en sus formas. Ello no deja de lado que en efecto hay un debate necesario de llevar a cabo sobre los criterios desde los cuales es posible juzgar una cultura, y en que ámbitos ello es pertinente, como es el que se pregunta por unos derechos humanos universales, aunque éste sea un debate muy amplio, de muchas tonalidades, que por la misma historicidad de las culturas no nos permita construir unas afirmaciones más allá de lo temporal, y que por lo mismo es una pregunta que siempre ha acompañado a la humanidad. Pero en relación con ese rasgo que se atribuye a occidente, el de la autocrítica, surgen otras preguntas: ¿cómo llega una sociedad a adoptar esa posición?, ¿de qué lado se sitúa una pregunta por la verdad en esa necesaria relación, que reclama toda sociedad, del político con la ética?

El político, como ya se mencionaba, debe actuar y en ese deber se presentan dos tensiones en las cuales debe tomar una decisión: la primera, entre la objetividad y la postura subjetiva, la segunda, entre la relatividad y la verdad. En esa primera tensión es que se hace necesario actuar a partir del reconocimiento de unos contextos y, conectando con la segunda tensión, darle lugar a las posturas éticas que se han reconocido para la acción.

Así, la conversación fue ahondando en este problema que se plantea pensar la ética en relación con la verdad. Problema que debe sostenerse en el debate, pues la pregunta de para qué seguir pensando desde la verdad tiene sentido en tanto haya una articulación de esa búsqueda, que se da con miras a lo universal, con la construcción de una ética desde la cual un individuo se posiciona para actuar. Esta articulación dialéctica entre la verdad y la ética, que defendemos, es muy necesario situarla en un ámbito social con ese rasgo de la autocrítica, pues con ello se plantea que la relación ética - verdad es una defensa de la posibilidad de buscar unas verdades, no la defensa de unas verdades en sí mismas. Lo anterior también podríamos recogerlo en esa síntesis que hace Zuleta de un razonamiento de Kant, que es pensar la ética como la construcción de una morada provisional para la moral.

Lo presentado en ese texto de referencia tiene sentido en tanto es una pregunta por el futuro, y es por esa crisis en que lo sitúa la caída de la URSS, que aparece la pregunta por la relación entre el filósofo y el político con la verdad. La forma en que Zuleta retoma a Platón, su crítica a esa concepción del político como uno completamente escindido de una preocupación por la verdad y del filósofo como uno desentendido de la sociedad que habita, permite ver lo ridículo que es pensar esas dos posturas como ajenas y reconocer que, por el contrario, ellas cobran sentido en tanto pueden dialogar.

Sin embargo, en la conversación emerge una nueva figura, además de las dos ya mencionadas, y es la del ciudadano como una que necesariamente se encarna en tanto se hace parte de una sociedad. Quedando alrededor de ella otras preguntas ¿cómo se adopta: cómo nos hacemos miembros de esa sociedad? y ¿cuál es esa posición política que se asume en calidad de ciudadano, que es diferente a la del político?

Aura Rendón

Responsable de la memoria.

 

Sesión del 05 de marzo de 2013

Cuento leído y analizado: “El pintor de margaritas”, del escritor colombiano Eduardo Cano.

 

                                                                                   Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

Photo from Santiago Munoz