Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Historia, economía y política

Fecha: 24 de junio de 2013

Libro: Ensayos sobre Marx

Textos: "Marx y el presente" y "El individualismo de Marx"

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Con la pregunta ¿qué es para Marx lo humano? se da inicio a la presentación de los Ensayos sobre Marx de Estanislao Zuleta. El principal interrogante que aflora tiene que ver con la visión antropológica de Marx, que parece apuntar a la posibilidad de una sociedad ideal en la cual la justicia en la ordenación social y económica eliminaría el carácter conflictivo de las relaciones humanas. Esta idea marxista de lo humano es criticada por Zuleta a partir del psicoanálisis, basándose en la idea, desarrollada por Freud, de que el conflicto es inherente a la humanidad, ya que entierra sus raíces mucho más allá de la estructura socioeconómica de una sociedad: en la psique de los individuos. El conflicto puede entenderse así como un factor estructural y estructurante de las relaciones humanas, pero además como un elemento potenciador de las capacidades individuales y sociales.

De este modo, Zuleta se distancia en dos sentidos de la concepción marxista de lo humano: en primer lugar, no comparte la idea de que el conflicto pueda ser eliminado de la sociedad, y en segundo lugar, no cree que éste sea algo necesariamente dañino, sino que, al contrario, puede actuar como un motor que impulse las potencias individuales y colectivas.

Así pues, mientras que la concepción antropológica de Marx no considera que haya nada esencial en el ser humano a más de una sociabilidad a secas, Zuleta aporta un matiz psicoanalítico a esta idea afirmando que la humanidad es conflictivamente sociable, pues su ingreso forzoso en lo simbólico la determina como tal. Aparece entonces una diferencia importante con Marx, toda vez que para éste es la propiedad privada la que introduce el conflicto en las relaciones humanas, motivo por el cual su eliminación sería garantía de una sociedad armónica y sin conflicto. Como acabamos de indicar, esta tesis es repudiada por Zuleta a partir de la idea freudiana de la conflictividad inherente a la psique humana.

Otro argumento que sirve a Marx para apoyar la tesis de la desaparición de la propiedad privada y la subsecuente eliminación de la diferencia y la conflictividad, es la historicidad del ser humano, pues de ella se deduciría un carácter maleable que daría lugar a formas sociales radicalmente opuestas a las que hoy conocemos. Sin embargo, para Zuleta hay condiciones esenciales al ser humano que no desaparecen con la historia, aunque tengan manifestaciones diversas a lo largo de ésta, como es el caso de la tendencia al conflicto. Con esto Zuleta contribuye a complejizar la comprensión de lo humano, oponiendo a la antropología optimista de Marx la idea freudiana de que la armonía absoluta es un ideal inalcanzable, pues más bien es la insatisfacción estructural lo que impulsa la búsqueda constante y por tanto el desarrollo histórico mismo. En este orden de ideas puede imputarse a Marx un racionalismo exagerado que desemboca en una apreciación fundamentalmente negativa de la diferencia, lo cual denota una incomprensión de los mecanismos por los cuáles ella puede ser creadora de riqueza.

Sin embargo hay que aclarar que esta crítica a la antropología filosófica de Marx no es una crítica destructiva, pues Zuleta cree que el marxismo puede desmarcarse de ese optimismo idealista sin perder su esencia progresista y revolucionaria. Por ejemplo, Zuleta comparte la crítica de Marx a la teoría liberal de la igualdad, afirmando que el ser humano no nace determinado y, por ello, en la praxis social no existe una igualdad efectiva que trascienda el discurso y la forma ideológica, sino solamente una igualdad abstracta proclamada por el derecho.

Esta observación se conecta con el problema del individuo universal concreto, otro concepto desarrollado por Marx que reviste especial importancia para Zuleta. El individuo universal concreto se refiere al ser humano tomado en el contexto de sus múltiples determinaciones y de sus posibilidades efectivas; es el individuo como ser particular, con la carga social e histórica de su entorno, pero también como ser genérico, como posibilidad de realización de la esencia de la humanidad. Así, el concepto de individuo universal concreto permite criticar la idea liberal del individuo en abstracto, idea que aparece en el concepto jurídico de contrato, pues éste hace referencia a un ser irreal, que sólo en teoría aparece como realización de sus posibilidades. El individuo del contrato liberal es un individuo abstraído de las relaciones sociales concretas que lo determinan, y por tanto, un individuo libre en abstracto, cuyas capacidades para realizar sus derechos formales son exiguas. Qué importa que las leyes lo permitan si la vida lo niega.

Desde este punto de vista, y en una perspectiva filosófica, Marx propone al individuo un deber ser según el cual debe estar en capacidad de apropiarse efectivamente de todo lo grande que ha producido la humanidad. De aquí puede afirmarse que Marx no niega el absoluto, exhibiendo con ello una clara herencia hegeliana. Sin embargo, el absoluto queda postergado hasta un futuro estadio de la historia, estadio correspondiente a la realización de una sociedad ideal, despojada de toda diferencia y antagonismo. Esta postura, como ya hemos señalado, es criticada por Zuleta a partir del psicoanálisis.

Por otra parte, Zuleta menciona tres elementos nucleares de la teoría de Marx que son fundamentales para entender su crítica anticapitalista: 1) la teoría del valor, 2) la relación intercambio-circulación y 3) el gran problema de la mercancía.

A propósito de este último, la primera pregunta que se formula Marx es ¿cómo entender la mercancía? Ella no es un objeto, aunque a menudo se presente bajo la forma de tal. Para ilustrar esta diferencia resulta útil recordar la relación entre los lapsus y el inconsciente: los lapsus son manifestaciones del inconsciente, mas no son el inconsciente mismo, y análogamente ocurre con la mercancía. Ella puede manifestare a través de ciertos objetos, pero los objetos en sí mismos no son mercancías, pues lo son únicamente mientras concentren valor de uso y valor de cambio, y se introduzcan en el circuito del cambio y la circulación, ámbito que se encuentra determinado tanto por la necesidad de sobrevivir como por el deseo de acumular capital. En relación con esto cabe anotar que la mercancía no es lo mismo para el obrero que para el burgués: mientras la fórmula del primero reza mercancía-salario-mercancía, la del segundo tiene la forma dinero-mercancía-dinero acumulado. Un matiz importante añadido por Zuleta a la concepción marxista de la mercancía consiste en verla como un medio de acumulación no únicamente de capital, sino también de poder.

Por su parte, el problema de la circulación, que Marx trata en términos exclusivamente económicos, podría pensarse también, en consonancia con la interpretación de Zuleta, en términos culturales. Desde este punto de vista se observa cómo los objetos culturales que no logran convertirse en mercancías al no ingresar al circuito de la circulación, no serán necesariamente productos muertos (como ocurre en el ámbito económico), sino que quedan en una posición de marginación que podría interpretarse como revolucionaria. Cuando la cultura no se inserta en la lógica de la mercancía, entonces asume una posición marginal y por ende revolucionaria en potencia. Habría que ver, sin embargo, qué condiciones requiere el desarrollo de dicha potencia revolucionaria en casos concretos, absteniéndonos de afirmar que todo lo que quede marginado del ámbito de la circulación y el cambio adquirirá automáticamente un carácter revolucionario. También sería pertinente definir qué se entenderá por carácter revolucionario.

Con respecto a la teoría del valor, surge en primer lugar la pregunta por si ella es válida sólo para el capitalismo, a lo cual se responderá afirmativamente si se considera que dicha teoría es desarrollada, ya entrada la época moderna, por la economía política clásica. Adam Smith y David Ricardo, sus principales exponentes, teorizan sobre el valor a partir de la esfera del mercado en una perspectiva que es criticada por Marx, quien considera que el valor debe abordarse desde el ámbito del trabajo socialmente acumulado. Ahora bien, esto no excluye la posibilidad de que puedan formularse teorías del valor para otras sociedades, sistemas económicos y momentos históricos.

De acuerdo con la concepción marxiana de la mercancía, la idea central de la teoría del valor de Marx consiste en comprender que el valor no reside en la materialidad del objeto-mercancía, sino en el contenido social que dicho objeto cristaliza. Es decir, el objeto tiene valor en la medida en que es condensación de un trabajo humano realizado dentro de una estructura social de división del trabajo.

Por otro lado, la crítica de Marx a la teoría liberal del valor muestra cómo ésta legitima el hecho de que, para que el sistema capitalista funcione adecuadamente, el capitalista debe perseguir el beneficio por encima de cualquier consecuencia social, la circulación de mercancías debe ser rápida, el capital debe tener un comportamiento expansionista, el trabajador no tendrá la inteligencia del trabajo que realiza y el capital deberá convertirlo todo en mercancía.

También se esbozó, durante la discusión, la pregunta por si Marx debería ser considerado o no como científico, y cuál era la posición de Zuleta al respecto. En relación con esto se señaló que, en los ensayos trabajados para esta sesión, Zuleta se limita a indicar que Marx se considera a sí mismo como un científico que toma partido, pero no desde la moral. Científico porque descubre la causalidad de los fenómenos, y que toma partido porque se pone del lado de los explotados.

Asimismo aparece la pregunta: ¿por qué considerar al marxismo como una ciencia y no como una ideología? Para responder a este interrogante habría que empezar por definir claramente qué se entiende por ciencia y qué por ideología, y por aclarar a qué clase de marxismo se hace referencia, pues es necesario deslindar la teoría propiamente marxiana de sus diferentes exégesis y aplicaciones teóricas y políticas.

Otra de las preguntas esbozadas apunta a la cuestión de si puede o no hablarse de una antropología filosófica en Marx, en términos de lo que podemos saber, hacer y esperar, y del interrogante acerca de qué es el hombre.

Finalmente se resaltó, entre las tres grandes influencias intelectuales de Zuleta, un importante punto de contacto: que el objeto no está dado. Para Marx, Nietzsche y Freud, sus respectivos objetos de estudio (la mercancía, la moral y el inconsciente) no son lo que parecen, y el primer paso del análisis consiste en deconstruir el sentido cotidiano, y por tanto engañoso, de estos significantes para reemplazarlo por un sentido crítico. No empiezan por cuantificar el objeto, sino por descifrarlo.

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Durante la discusión se mencionaron los siguientes textos como bibliografía a consultar:

  • Louis Dumont. Homo aequalis. Génesis y apogeo de la ideología económica.
  • Estanislao Zuleta. Estudios sobre la psicosis. "Causalidad e intencionalidad".

Alejandra Vanegas
Relatora de la sesión

 

Sesión del 05 de marzo de 2013

Cuento leído y analizado: “El pintor de margaritas”, del escritor colombiano Eduardo Cano.