Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2017: El conflicto como constitutivo de lo humano: límitesy posibiliades para la cultura y la democracia

Fecha: Abril 17  de 2017

Expositor: Sebastián Gutiérrez

Moderador: Santiago Gutiérrez

Comentarista Crítico: Elizabeth Giraldo.

Relatora: Beatriz Flórez

Un lugar para el filósofo

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Con esta sesión se inauguró la nueva metodología aprobada en la pasada asamblea. De acuerdo con ella, cada plenaria estará a cargo de una línea que propone uno o varios textos para ser leídos por parte de los asistentes. Sobre la lectura hecha, cada línea a su vez propone un problema y la plenaria elige uno de ellos. Para esta sesión, que estuvo a cargo de la línea de Política, Historia y Economía, los textos propuestos fueron: del libro Lógica y Crítica de Estanislao Zuleta, la Lección No. 6: EL POLÍTICO Y EL FILÓSOFO, y un fragmento del Gorgias, sobre los sofistas, tomado de los Diálogos de Platón.

Los problemas propuestos fueron:

  • LÍNEA DE PSICOANÁLISIS: LA FIGURA DEL INTELECTUAL: UN GIRO POLÍTICO Y DEL PENSAMIENTO PARA BUSCAR SUPERAR LA FALSA OPOSICIÓN ENTRE LO POLÍTICO Y LO FILOSÓFICO.
  • LÍNEA DE FILOSOFÍA: EL DISENSO DEL CIUDADANO DEMOCRÁTICO; EL ABANDONO DE ESE SITIO
  • LÍNEA DE ARTE: UN LUGAR PARA EL FILÓSOFO
  • LÍNEA DE POLÍTICA, HISTORIA Y ECONOMÍA: EL PAPEL DEL FILÓSOFO EN LA CONSTRUCCIÓN DE DEMOCRACIA

Sometidas a votación las anteriores propuestas, resultó seleccionada la ofrecida por el grupo de Arte: UN LUGAR PARA EL FILÓSOFO.


Sebastián inició su exposición señalando el interés que presentan los textos propuestos a pesar de que el de Zuleta le pareció algo difuso; en cuanto al texto de Gorgias sobre los sofistas, subraya la importancia de su reflexión sobre la Ética.

Destaca la posición contradictoria entre el filósofo y el político en cuanto al modo de ejercer su labor, a los tiempos de cada uno, a los intereses. Cómo la seducción encaminada a convencer, el tiempo como limitante, la posibilidad de que sean los intereses propios sus móviles, caracterizan el accionar del político. La argumentación, la libertad respecto al tiempo, la búsqueda de la verdad como única motivación, se sitúan del lado del filósofo. Pero también hay un saber que se evalúa con respecto al político y es el conocimiento de la realidad de un país, factor decisivo en el momento de elegir y que construye confianza o la borra.

¿Cómo superar esa supuesta oposición? Tendríamos que pensar en un individuo poseedor de ciertos rasgos indispensables y complementarios entre sí para regir los destinos de un país: capacidad de reflexionar, de entender y no perder de vista el contexto que le rodea: conocimiento de su tiempo, de la historia de esa sociedad; que al mismo tiempo, ame la búsqueda de la verdad, y la justicia. Así tendríamos un hombre inclinado al pensamiento y a la búsqueda de un buen ejercicio de la política con un solo fin: el bien común, lo que recuperaría la confianza en el político.

En este punto de la exposición se presentó la interpelación de una asistente: ¿Cómo entender la afirmación de Zuleta cuando dice que la experiencia no es criterio de verdad? ¿Qué tipo de sociedad favorecería la irrupción de un filósofo en el campo de lo político? Quizás una muy crítica, abierta a la discusión, con la capacidad de experimentar la angustia de la duda, que reconozca el lugar del otro; allí tendríamos una sociedad consciente de que el conflicto es constitutivo de lo humano. Y una pregunta muy pertinente para esa confrontación entre ambos personajes: ¿Cómo superar el goce de tener la razón? A esta pregunta agregó otra asistente: ¿Cómo cultivar la actitud necesaria para superar ese goce?

Terminada la exposición de Sebastián, el comentario crítico se centró en los siguientes puntos: Se encuentran muy pertinentes las observaciones sobre el texto de Zuleta y la reflexión sobre la Ética presente en el texto de Gorgias. Eso llevaría a otra pregunta: ¿Hay una posición moral en ese diálogo? Señala que la definición del político se orienta más al poder que ostenta: gobernar. La pregunta se enfila casi siempre hacia el filósofo y su papel en la Política, pero podríamos hacerla a la inversa: ¿Puede el político devenir en filósofo?

Anota también que, al lado de la pregunta por ¿Qué tipo de sociedad puede elegir un filósofo? sería conveniente agregar otras: ¿Cómo se construye una sociedad en donde el filósofo tenga un lugar? ¿Cómo tendría que ganárselo él? ¿Qué se requiere para que una sociedad se piense, reflexione si es la ideal, si está en capacidad de reflexionar su conflicto?

A continuación se abrió el espacio para la intervención de los asistentes. Surgieron entonces muchas ideas, entre las cuales, enunciaremos las siguientes:

Si, como el expositor anotaba, en la sociedad también aparece el interés por el saber, y ese saber se orienta a la intervención sobre la realidad, ¿Una actitud política desde la Filosofía será posible o corresponderá más a un ideal? A lo largo de la discusión, varias de las intervenciones estuvieron orientadas en el sentido de que no podemos enunciar como un absoluto la oposición de intereses entre el filósofo y el político. Si bien la búsqueda de la verdad es lo más importante para el filósofo, no podemos descartar de plano la idea de que esa búsqueda también exista en el político; que frente al conflicto, lo entienda positivamente como oportunidad de aproximación al otro, de análisis de una propuesta diferente. Alguien recordó que Zuleta reconoce en Marx al científico y al político, al hombre con un interés explícito de clase.

Otra intervención presentó una mirada diferente sobre esa oposición político-filósofo: la ve más bien como la oscilación entre dos posiciones, un ir y venir entre ambos. Y entonces tendríamos que mirar qué de cada uno de ellos es necesario, si es que nos atenemos a esa exigencia de “vivir artísticamente”. Además nos dejó otra pregunta: ¿Por qué esa exigencia al líder político de no equivocarse? Quizás sería conveniente modificar esas representaciones.

Frente a la anterior afirmación, alguien expresó su duda acerca de esa supuesta oscilación entre las dos posiciones (la del político y la del filósofo) pues afirma que no existe un esencial político y un esencial filosófico; más bien considera que hay zonas en donde se encuentran y otras en donde se separan; considera esa mirada ha sido común en nuestra historia exigiendo la “pureza” en estos dos actores de la sociedad, sin reconocer que en el pensador también pueden anidar intereses propios, que existe la posibilidad de que la atracción por el poder contamine sus posiciones filosóficas. Habría que pensar si el interés por lo universal está presente en los dos.

Otra mirada surgió: ser político y ser filósofo equivale a dos maneras diferentes de estar en el mundo. Corresponden a una búsqueda del individuo que va definiendo actitudes diferentes con acciones diferentes. En la Grecia antigua Platón pensaba en un Rey-filósofo y algunos personajes reunían las dos condiciones. Y otra consideración: en nuestro tiempo, ¿Cómo educar para la búsqueda de la verdad, si estamos haciendo a un lado la Filosofía para privilegiar la tecnología?

Hay que tener en cuenta que el político, sumido en las dinámicas propias del ejercicio del poder, presionado por el tiempo, no puede dedicarse por largo tiempo a la reflexión. Mejor sería preguntarse ¿Qué lugar debería tener la Filosofía en la Política? Quizás podría estar encarnada en unos consejeros. Pero ante esta idea del “Consejero”, y recordando una obra de Shakespeare, alguien afirmó que, en ocasiones, resulta mejor consejero el bufón, y por extensión, el artista.

Al contrario de lo expuesto anteriormente, Eduardo Cano nos ofreció un nuevo enfoque: No ve una posición irreconciliable entre las dos figuras. En muchas ocasiones, la palabra del político es recibida como verdad, entonces lo indispensable es que en ella esté presente la Ética; así desaparecería esa oposición y se conformarían sólo singularidades. La imagen del político sería acatada en la polis y la del filósofo en lo privado.

Apoyándonos en el diálogo leído, se concluye que el retórico inventa, produciendo en quien le escucha la idea de sabiduría; de ahí que el ejercicio de la Política se apoye en la invención. De todas maneras, hay que entender que siempre ha habido y habrá, gobiernos enfocados en los intereses de unos pocos; frente a esto, queda a la sociedad el recurso de la resistencia. Lo ideal sería un gobierno en el cual participen personas de diferentes ramas del saber. Siempre encontraremos personas en quienes habite una posición filosófica frente a lo público.

La posibilidad de conformar equipos de gobierno en donde exista el disenso como una forma de tramitar el conflicto, la dificultad de conocer los verdaderos intereses del político que casi siempre desconocemos, la inevitable presencia de la ideología dominante en nuestro discurso, el reconocer que asumir una posición ideológica es un aprendizaje que toma tiempo y que la búsqueda de la verdad implica la interpretación de la realidad, fueron otros valiosos aportes que nos entregó esta nueva sesión del seminario.

Finalmente, quedaron en el ambiente unas preguntas que merecen especial reflexión: ¿Se puede hablar de un gobernar artísticamente, o científicamente?, ¿Qué sería lo más conveniente?, ¿Tener el poder equivale a gobernar?

 

 

                                                                                   Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

Photo from Santiago Munoz