Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2017: El conflicto como constitutivo de lo humano: límites y posibilidades para la cultura y la democracia

¿Cómo podemos reorganizar la sociedad para una apertura democrática?

Se trata de una pregunta que, en menor o mayor medida, es abordada por Estanislao Zuleta en el capítulo Democracia y participación, de su texto Colombia: Violencia, democracia y Derechos Humanos. Y por Hannah Arendt en Estado Nacional y democracia. Para tratar esta cuestión, empezaré haciendo alusión específica al concepto de democracia en el sentido en que es presentado en  cada uno de los textos, para luego tratar de establecer un diálogo con los aportes de los autores  sobre la pregunta que nos encabeza.

El texto elaborado por Hannah Arendt es un insumo para una discusión con el especialista en ciencias políticas y escritor Eugen Kogon, entorno a la pregunta: ¿es el Estado Nacional un elemento de la democracia? En éste, nos presenta de manera histórica y crítica, cuál fue el origen del Estado Nacional Europeo, en especial el francés, su relación con la democracia, sus condiciones esenciales de posibilidad, las limitaciones en la aplicación de tales condiciones esenciales de existencia y, finalmente, con el apoyo de las evidencias históricas se detendrá a responder el problema origen de su escrito.

El Estado Nacional es una forma legítima de estado que se originó en el curso de la Revolución Francesa. Desde sus orígenes mostró una unión prometedora con la democracia en cuanto a que veía en la soberanía popular la alternativa para sustituir a la soberanía del monarca absoluto. Empero, la manera de darle validez a tal soberanía quedó en manos de los sistemas de partidos que no tardarían mucho tiempo, con el consentimiento de muchas masas populares, en la fatal inclinación a entregar la soberanía popular a dictadores y caudillos de toda índole; a la eliminación de las instituciones específicamente democráticas.

El Estado Nacional se sustenta en la trinidad: territorio, pueblo y Estado. Sin embargo, la aplicabilidad de estas condiciones esenciales será fuertemente afectada principalmente por los efectos desatados por las dos Guerras Mundiales, y por el desarrollo industrial y económico de los pueblos europeos del siglo XXI.

Al precisar, Hannah Arendt, la democracia como una “activa congestión de los asuntos públicos más allá de los derechos ciudadanos fundamentales”, que pretende que todos puedan alcanzar el derecho a participar de los asuntos públicos, a aparecer en el espacio público y a hacerse valer; termina concluyendo que a la democracia nunca le ha ido bien en el Estado Nacional, y que “la verdadera democracia sólo puede darse allí donde ha sido detenida la centralización del poder del Estado Nacional y se ha colocado en su lugar la dispersión del poder propia del sistema federal”. Por esto, invita a la política interior de los países a preguntarse y abordar el problema por cómo reorganizar y desdoblar la sociedad de masas moderna para que las personas puedan llegar a la formación libre de la opinión, a un debate racional de las opiniones y con ello a una corresponsabilidad activa en los asuntos públicos.

En Democracia y participación, Zuleta definirá la democracia como un camino largo e indefinido, el cual no se encuentra trazado y al que es menester aventurarse en compañía de la racionalidad (en el sentido de los tres principios kantianos de la racionalidad: pensar por sí mismo, pensar desde el lugar del otro y ser consecuente), y la exigencia constante de la igualdad de posibilidades económicas y culturales, de acceso real a los bienes materiales y espirituales. Para lo cual, advierte, se requiere la organización del pueblo en muchos niveles: barrios, juntas de acción comunal (JAC), comunas, comunidades indígenas,…, y donde sus gentes puedan opinar y actuar en la transformación de estas formas de la organización, y por esta vía en la transformación de su vida y realidad social. Sin embargo, para que dicha acción se pueda desplegar desde la organización se necesita tener bases, instrumentos culturales y materiales, en lo que se espera el aporte del gobierno. A manera de ejemplo, incluso desde un nivel muy elemental de la vida cotidiana, un pueblo puede opinar para hallar soluciones a sus necesidades: viviendas dignas, espacios públicos que permitan el encuentro de los ciudadanos, bibliotecas que abran sus puertas a otras culturas, mundos; una urbanización respetuosa con el medio ambiente, etc. Pero es sumamente importante la presencia de un gobierno que por lo menos permita que el pueblo exija, que se organice, que cree y promueva instrumentos colectivos. Es decir, un gobierno que estimule en sus ciudadanos una participación para la transformación de sus vidas. Aunque ello implique el conflicto y su profundización: ¿cómo no entrar en diferencia de intereses, por ejemplo, con aquellas personas y grupos que han monopolizado la tierra mientras muchos otros tienen que vivir en invasiones o pagando arriendos que exceden la mitad de su salario?, ¿qué decir de todos los profesores que tuvieron que suspender sus labores para exigirle al Ministerio de Educación y al Gobierno Nacional mejores condiciones para el funcionamiento de la educación pública colombiana? Así muchos asuntos que generan conflictos cuya existencia no se puede negar porque vemos que disminuyen las posibilidades concretas de participación de aquellos más desfavorecidos económica, material, espiritualmente.

La democracia, tal como es abordada por Arendt y Zuleta, aunque la primera lo sitúa con relación a un tipo de estado Europeo, y el segundo  en Colombia, involucra un mínimo de condiciones (derechos humanos, derechos ciudadanos fundamentales)[*], entender que no se la decreta, que es por lo tanto algo que se debe conquistar: una nueva comunidad que se organice, que exija, que piense, que reclame, que  produzca, y que se apropie y responsabilice de los asuntos públicos.

Ambos autores, instan a una forma de gobierno o administración de país que se pregunte, preocupe y se tome en serio la democracia; busque cómo favorecer las condiciones que la hagan posible y mantener una posición vigilante ante los peligros que la acechan, todo esto para poder gozar de su riqueza. Se trata de algo muy diferente a asomarse por las ventanas de la casa presidencial para tomar nota de las cifras estadísticas del orden meramente económico.

Las anteriores propuestas o ideas, para aproximarnos a la democracia, están en combate con las formas de organización social en masas, pero también con aquellas que atomizan al individuo, que alimentan la ignorancia, irresponsabilidad e indiferencia hacia los asuntos públicos. Están en combate con aquellos ciudadanos, muy comunes en nuestro tiempo, que lapidan los bienes públicos a razón de sus intereses particulares, y con ello se roban las posibilidades efectivas para que sus conciudadanos puedan participar en la construcción del país que tienen en común.


[*] Estanislao Zuleta nombra a los derechos humanos como elementos que hacen parte de una democracia, aunque no son suficientes para que ésta se pueda dar. Y Hannah Arendt  hace algo similar pero refiriéndose a los derechos fundamentales ciudadanos.

Lucero Soto - Miembro CorpoZuleta