Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2017: El conflicto como constitutivo de lo humano: límites y posibilidades para la cultura y la democracia

En el encuentro cotidiano de las diversidades, la lógica

¿Cómo es posible darnos por enterados que estamos pensando?, ¿y qué encontramos cuando reconocemos que efectivamente estamos pensando? Es muy muy curioso ese decir: “esperáte un momentico que estoy pensando”, o “estoy pensando qué responderte, o qué decir", o este otro: “me quedé en blanco, no sé qué pensar”. Aquellos seres que alguna vez hayan soñado —despiertos o dormidos, da igual— que salen de su cuerpo y pueden verse en varios momentos de su vida: mirarse en eso tan abstracto que es “ser”, “estar siendo”, seguro disfrutarán de este misterio que se hace prodigio: poder «pararnos a mirar» cómo pensamos. Y eso no es otra cosa que la lógica: el volver la mirada, detenernos y explorar cómo es que hemos llegado a tal o cual idea, a tal o cual imagen, a tal o cual sentido o significado de algo que vivimos, que percibimos, que sentimos, que leemos, que escuchamos, que miramos; y además el poder vernos en las relaciones que configuramos con esas ideas, imágenes y significados.

Pero ¿cómo hacer eso? En sueños tal vez logramos desprendernos de nosotros mismos y volar, pero, en la vida cotidiana, ¿cómo lograr ese retorno reflexivo de la mirada hacia la actividad propia del pensamiento? Zuleta nos hace varias propuestas para este ejercicio que parece más de la vida personal, pero que termina siendo un valioso aporte a la vida colectiva, porque la relación que tenemos con nuestras propias ideas y cómo significamos el mundo, resulta ser una de las fuentes inagotables del conflicto humano, entre nosotros: “pero ésta porqué será tan terca”, “éste sí es llevado de su parecer”, “vos nunca vas a cambiar”, “pero porqué me habrá dicho eso”, “qué habrá querido decir con esto”, “con éste no hay nada que hacer”, “está equivocada y yo tengo la razón”… son algunas expresiones y evidencias cotidianas de cómo nos relacionamos con la palabra, interpretaciones y reflexiones con las cuales vamos por ahí, viviendo y siendo, con otros, en el encuentro cotidiano de creencias distintas, posturas diversas, opiniones divergentes, afirmaciones contrarias. Sí, es que nos relacionamos a través de ideas que se hacen palabra y se hacen cuerpo.

Es importante volver, y ya las expondré a continuación, a las propuestas de Zuleta respecto a la lógica y ese mirarnos en el cómo pensamos.Porque precisamente como sociedad hemos optado por hacer a un lado ese encuentro del que salen chispas de divergencia y diversidad, porque es mejor “ahorrarnos disgustos y por eso de religión y política mejor no hablamos”, y así fuimos y vamos perdiendo de nuestra paleta de colores cotidianos el de la diversidad y la diferencia, viéndonos en aprietos cuando ella aparece (la diferencia de opiniones, lo polémico, etc.), lo cual es tan común y habitual como un desayuno en familia, en el hogar. Y es que además, qué cosa deliciosa es sentirnos identificados, que estemos de acuerdo con otros, que acojan nuestras ideas o opiniones, o que nos suene a música lo que otro expresa.

Entonces, para que no estemos tan despojados de alternativas cuando nada de lo anterior suceda en un encuentro con otros, recordemos éstas exigentes y retadoras invitaciones de Estanislao[1], que son al mismo tiempo disposiciones que podemos asumir para nuestra relación con las ideas propias y las del otro:



[1] Reconocibles en la Lección primera de su libro Lógica y crítica

  1. Por qué estamos tan seguros de las ideas que tenemos, por qué ese creer que tenemos más claridad que el otro, o que podemos ver cómo está el otro de equivocado. ¿Y si soy yo el equivocado, cómo lo veré, cómo lo sabré? Que sea pues el retorno reflexivo camino para procurar develar todo aquello que creemos saber, que ese virar con sospecha abra caminos para explorar aquello que damos por sentado y nos ayude a despejar esa confianza loca en nuestro propio conjunto de opiniones y entonces a abrir oídos y corazón de nuevo al otro.
  2. Lo que más nos cuesta, dice Zuleta en el Elogio de la Dificultad, es ponernos en cuestión, reconocer el error y la falta, lo que no sabemos, lo que no podemos, aceptar que lo cierto no es aquello que preferiríamos que fuera cierto. Entonces, el retorno crítico como llamado a tener la conciencia de que estamos revisando(nos) porque hay ruidos, vacíos, contradicciones, dudas en nuestros conceptos, en nuestras categorías, en las premisas con que pensábamos, porque no las tenemos todas, porque no nos es dado el saberlo todo. 
  3. Intentar siempre una exposición plástica de nuestras ideas, de nuestros argumentos, en los marcos de un diálogo: formar en el camino que éste abra los pensamientos en lugar de establecernos en los pensamientos ya formados, en ideas anquilosadas en nuestra alma, —y no porque estén obsoletas, o porque deban ser modificadas por principio, si se retorna a ellas y resisten la crítica, la revisión, pues que sea la afirmación lo que hagamos con ellas—; pues volver a recorrer el camino es siempre un ejercicio de expansión y de (auto)crítica: quién sabe con qué podremos toparnos en el bosque del pensamiento de regresar así a él.
  4. Incitar a nuestro pensamiento, y al del otro, a que se exponga con desarrollos necesarios —en vez de responder con la polémica—, a mostrarnos consecuentes con las implicaciones de nuestras definiciones y afirmaciones; y en ese camino ir despejando los errores, inconsistencias, contradicciones. La pertinencia de la argumentación radica en que toda tesis debe ser demostrada, en tanto la verdad no descansa en un criterio de autoridad o de testimonio, o de antigüedad o de tradición o rango divino.
  5. Recuperar el encuentro de la verdad, el alumbramiento de aquellas afirmaciones con las cuales cabalgaremos por un buen tiempo, hasta que vuelvan a ser revisadas y cotejadas y puestas en movimiento, como intención última en el encuentro chispeante de diversidades pensantes e imaginantes. Que no sean motor la victoria inmediata sobre el otro ni el imponerle lo propio en dicho encuentro, y que más bien sea una motivación preparar la discusión, incluso incitando a que las partes exhiban con galas sus tesis.

Diana Suárez - Miembro CorpoZuleta

 

                                                                                   Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

Photo from Santiago Munoz