Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Psicoanálisis y teoría del sujeto

Fecha: 27 de mayo de 2013

Libro: Pensamiento psicoanalítico

Texto: Introducción y La sexualidad

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Ingresar de la mano de Zuleta al psicoanálisis y recorrer con él esos primeros pasos que la mayoría de los integrantes del grupo damos en este campo, nos ha implicado tantas inquietudes como develaciones, a veces sutiles, a veces estremecedoras, de sentidos que se intrincan entre las dudas y certezas de nuestra comprensión de lo humano y de la historicidad particular de cada uno de quienes nos congregamos en torno al estudio que esta sesión inaugura.

Al ser el psicoanálisis pieza clave de la obra y el pensamiento zuletianos, decidir ese primer paso para introducir al grupo general la validez y trascendencia de esta búsqueda que suscita nuestro querido pensador, requirió de la identificación, entre la vasta cantidad de escritos y conferencias transcritas que tocan el tema, una lectura que sirviera de guía inicial para comprender y adentrarse en las ideas y conceptos de la teoría del sujeto y el psicoanálisis.

De esta manera se seleccionaron los dos capítulos iniciales del libro "El pensamiento psicoanalítico", en los cuales se explica la importancia de la introducción de las postulaciones freudianas en el pensamiento occidental y se aborda el concepto a partir del cual Zuleta empieza a desmenuzar tales postulaciones: la sexualidad.

En primer lugar, acorde con el orden con el cual Zuleta plantea la importancia del surgimiento del pensamiento psicoanalítico, se decidió establecer el marco conceptual que los planteamientos freudianos llegaron a resignificar, y los cuales, desde su formulación, han generado rompimientos y resistencias en diversos campos del conocimiento.

El contexto social y epistemológico en el cual irrumpe el concepto de sexualidad desarrollado por Freud, a finales del siglo XIX, es definido en torno a una concepción fundamental: el comportamiento humano está condicionado por las necesidades biológicas y/o por la voluntad consciente de los individuos. La homosexualidad, las aberraciones y las enfermedades mentales, entre otros fenómenos, eran explicados superficialmente como manifestaciones patológicas de la estructura neuronal de los pacientes, esto es, como condiciones fisiológicas anormales, o como expresiones cómicas de un comportamiento malévolo y voluntario.

No obstante, las observaciones realizadas por el médico austríaco en pacientes histéricas, observaciones basadas en la palabra y en los sentidos implícitos en ésta, le permitieron llegar a unas primeras formulaciones que introdujeron uno de los conceptos fundacionales del psicoanálisis: el deseo.

De acuerdo con Freud y con la lectura que de éste hace Zuleta, la investidura de significado que desde el inicio de nuestras vidas damos a la satisfacción de las necesidades orgánicas y a la relación con nuestro entorno, rápidamente nos interna en la posición de seres deseantes del goce, lo cual introduce una nueva forma de concebir al ser humano como ser simbólico, distinto al resto de los animales cuyo comportamiento se aplica estrictamente a la relación automática estímulo biológico-respuesta.

A la satisfacción del goce la dotamos, a lo largo de las primeras etapas de formación del sujeto, de un carácter sexual y, de esta manera, la sexualidad se desliga de la concepción meramente genital y pasa a cumplir un papel estructurador de la identidad, en tanto nosotros somos seres simbólicos y los símbolos que concebimos se gestan en el deseo.

En este sentido, no existe pues un objeto predeterminado naturalmente para la satisfacción del deseo sexual, sino que la sexualidad es histórica y es simbólica de acuerdo a lo vivido por cada persona. Esto acarrea un impacto contra las concepciones tradicionales de la sexualidad: no es en la pubertad cuando comienza nuestra búsqueda sexual, es en los inicios mismos de nuestras vidas cuando empezamos a revestir el mundo de significados ligados al goce sexual, el cual encuentra distintas sedes corporales, aparte de la genital, a lo largo del desarrollo primario de nuestra identidad.

Pero, ¿por qué asocia Freud el deseo de goce con la satisfacción sexual?, ¿por qué formula la sexualidad como condición en sí del goce? Aquí empiezan a aparecer las dificultades propias del abordaje del universo de conceptos y términos que instaura el psicoanálisis y que quizás en estos dos primeros capítulos Zuleta no desarrolla plenamente.

Surgen pues las preguntas por las duplas de sentido "pulsión-instinto", "consciente-inconsciente", "determinación-indeterminación", parejas de conceptos fundamentales para comprender mejor esa ruptura generada por la aparición del psicoanálisis, ruptura que superó desde sus inicios a las concepciones médicas y científicas, y que se prolongó hacia las profundidades de la filosofía, la jurisprudencia, el arte y, en general, ese conjunto de disciplinas que vulgarmente llamamos ciencias sociales.

Con estas inquietudes, inevitables en un primer acercamiento, tan breve como sugestivo, Zuleta nos siembra la necesidad de continuar con su lectura del pensamiento psicoanalítico y de relacionarlo con esas otras búsquedas de lo humano en las que él, en su incansable cuestionamiento, emprendió sus esfuerzos intelectuales.

Pablo Cuellar
Relator de la sesión