Grupo de estudio: Lectura crítica de la obra de Estanislao Zuleta
Subgrupo: Psicoanálisis y teoría del sujeto

Fecha: 26 de agosto de 2013

Libro: Pensamiento psicoanalítico

Texto: Psicología de las masas y análisis del yo.

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Con frecuencia escuchamos la frase: "el ser humano es un ser gregario", quizás como manifestación de un sentido que nos acompaña desde tiempos remotos: no existimos sin los otros. Y curiosamente es esta época la que quiere afirmar fehacientemente lo contrario: que podemos nacer, crecer, existir y morir sin contar con otros seres humanos que como nosotros han sido arrojados a este mundo. Ni siquiera es algo que nuestro capitalismo pone en cuestión, simplemente se impone con su famosa fórmula del egoísmo: primero yo, segundo yo, tercero yo; los demás no tienen lugar en mi ser.

¿Qué quiere decir que el ser humano es un ser gregario? Que desde sus experiencias más fundamentales requiere a un Otro: ese que lo recibe en el mundo, ese que lo alimenta, lo protege y lo introduce en el lenguaje y la ley. Es ese contacto con el Otro lo que permite que el ser humano logre hacerse a una subjetividad, a una posición en el mundo diferente a cualquier otra, a un deseo que sólo él sostiene y habita, deparándole a su vez la posibilidad de hacer de su vida una historia irrepetible de realizaciones, fracasos, tristezas, goces, pérdidas y búsquedas propias. Este entramado social en que está inscrito el ser humano provee múltiples implicaciones psíquicas para su subjetividad, dentro de ellas la que es objeto de estudio hoy: la relación con la masa.

En la masa se actúa diferente a como lo haríamos en solitario; hay una exteriorización del superyó, es decir, nuestra libido migra hacia el hecho de ser partícipe de un conjunto de personas, a tener una identificación con una idea, con una lucha, con una bandera, un color, un partido, un equipo. En la masa se pone en juego una ligazón identitaria con la figura de un padre, de un ser omnipotente que puede lo que nosotros no: imponer su ley. El ser humano está entre el yo ideal y el ideal del yo: el yo ideal como ese horizonte posible en que el ser logrará la omnipotencia que reconoce en el padre, y el ideal del yo como la demanda de ser que ese padre hace de mí. Estas dos posiciones están presentes en la masa, máxime cuando se trata de una masa "artificial", aquella que se configura y funciona con sistematicidad, jerarquía e incluso un conjunto de ideas fundacionales o un líder que funge como garante de estructura, por ende, en lo posible, incuestionable. Justamente dice Zuleta: este es un rasgo de las instituciones religiosas, entendiendo por éstas no sólo una iglesia o una comunidad psicoanalítica cuyos miembros ostentan anillos para reconocerse como "pertenecientes", también podría ser un rasgo de un partido político donde las ideas del caudillo o del pensador se convierten en doctrina, sin reflexión alguna, simplemente un acatamiento borreguil como verdad universal incuestionable.

Dice Zuleta: allí es cuando el ser humano hace masa. En el momento en que su superyó se mueve hacia una comunidad o grupo para evitar la angustia del pensar, del tener que hacer por sí mismo y ubicar su deseo en el mundo; con toda seguridad será más sencillo escuchar a otro que grita "¡Este es tu deseo!, ¡este es el camino por el que tu vida transitará!, ¡Dios es el camino!, ¡el partido es el camino!, ¡la empresa es el camino!, ¡este libro dicta tu camino!". Zuleta es implacable al decir: toda institución tiene rasgos religiosos, pero ello no quiere decir que el ser humano pueda vivir sin instituciones. Es necesario resaltar que en su texto "Comentarios a Psicología de las masas y análisis del yo" les da a las instituciones un valor nada despreciable en la constitución cotidiana del ser humano; lo que es importante criticar es la forma en que el ser humano se relaciona con las instituciones y con la crítica que puede hacer como ejercicio propio y autónomo de pensamiento dentro de ellas.

Ahora bien, para ir mostrando el final de nuestra sesión, se evidencian aquí las ideas y preguntas que complejizaron el problema de las instituciones y su relación con los pensadores que reconocen como "amados". ¿Se pueden institucionalizar pensadores? ¿Puedo hacer del pensamiento de Marx, Freud o Zuleta una institución de corte religioso, en donde quien no está con mis ideas entonces está contra mí y la institución a la que pertenezco? Y si la respuesta pareciera ser afirmativa, sería menester entonces adjuntar: ¿es posible habitar una institución de manera que su quehacer le imprima a reflexión a las ideas con las que me identifico?, ¿se puede habitar críticamente en una institución al punto de llegar a poner en cuestión las ideas ya dadas como verdades y que incluso pueden ser las bases fundantes de la misma?

En la línea de lo anterior: ¿qué quiere decir que uno enuncie "soy marxista", "soy zuletiano", "soy católico"? ¿Qué relación hay, respecto a la posibilidad de que emerja la verdad y el pensamiento, entre ese "ser" que se enuncia y la institución o conjunto de ideas de las que dice ser parte?

Entre estas preguntas finalizamos nuestra sesión del grupo de Psicoanálisis y teoría del sujeto, y si bien sólo se pudieron recuperar dos de las conferencias que Zuleta dictó a propósito de Psicología de las masas, con seguridad nuestros interrogantes se verán renovados –no necesariamente respondidos- en otros textos que podamos encontrar en la vasta obra no editada de nuestro querido y –es la intención de este grupo- no borreguilmente aceptado pensador.

Vincent Restrepo
Relator de la sesión

 

                                                                                   Evento apoyado por el Ministerio de Cultura Programa Nacional de Concertación Cultural

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