Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2017: El conflicto como constitutivo de lo humano: límites y posibilidades para la cultura y la democracia

Fecha: 15 de mayo de 2017

Línea: Psicoanálisis y teoría del sujeto

Exposición: a cargo de Robinson y Gustavo Restrepo.

Textos de referencia: “Homenaje a Thomas Mann” de Estanislao Zuleta y Fragmento de La montaña mágica “En casa de los Tienappel y sobre el estado moral de Hans Castorp” de Thomas Mann.

Moderación: Aura María Rendón.

Comentario crítico: Eduardo Cano.

Relatoría: Diana M. Suárez. Línea Filosofía.

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Ni el solitario ni el rebaño: la relación

"La diferencia es una influencia que transforma, pero que no transforma por el mecanismo de la identificación, sino que mantiene una resistencia; promueve más bien la diferenciación que la identificación, ingresa en la historia, como introducción de significados y valores nuevos, y no se deja arrojar fuera de la historia con la disyuntiva entre ser idéntico o nadie. Ni la intimidad absoluta ni la soledad: la relación."

Estanislao Zuleta

Comienzo esta relatoría destacando cómo en esta ocasión el grupo de Psicoanálisis supo dar paso a la concreción de un proceso que interesa y es competencia de este grupo: la posibilidad de que nuevas voces, para esta ocasión la de Robinson, puedan elevarse para ser enunciación y propuesta creativa de problematización de sí mismo y para conjunto del grupo reunido en la plenaria. Es cosa pues que nos alegra el arrojo y la aventura a que se suman nuevos integrantes que ponen sus pensamientos, y los que tejen con la línea, sobre la mesa para ser materia de reflexión conjunta entre nosotros. Gracias por ello.

Nos fue ofrecido entonces en las palabras de Robinson y de Gustavo el camino reflexivo que siguió el grupo de Psicoanálisis en sus conversaciones sobre ambos textos propuestos, y es muy interesante encontrar en ese camino por lo menos tres movimientos: 1. el asentar sus reflexiones en pasajes concretos que llamaron su atención y sobre los cuales se detuvieron “a camellar”, a rumiar como el camello; 2. el introducir su propia postura como grupo frente a la propuesta del texto, al menos como lo sintieron, rugiendo como el león ante el lugar aminorado en que nos es presentado el proceso de la identificación; y 3. el valioso intento de vincular sus lecturas con el tema que estamos trabajando este año: el conflicto como constitutivo de lo humano, creando su propia reflexión.

Partiendo de la frase inicial que encabeza esta relatoría, dos reconocimientos se hicieron, el primero de ellos situado en un acento peyorativo que sintieron en el texto a propósito del proceso de la identificación, y el segundo, la necesidad de evitar extremos, salirse de ellos, de ese hoyo negro de confusión en que nos sitúa, tal como nos invita Zuleta. ¿Hay primacía de una sobre la otra, de la diferenciación sobre la identificación, como lo insinúa el texto? Buscando entonces las diferencias efectivas entre la diferenciación y la identificación en el marco de la participación en comunidades, al interior de colectividades -para aterrizar el análisis en una situación cotidiana-, encontraron que suele presentarse la disyuntiva entre identificarse totalmente para pertenecer o no poder pertenecer y entonces aislarse, no participar de la comunidad, que es distinto a diferenciarse. Con Zuleta encontraron, por fortuna y siendo herencia pues de esa vocación mediadora del pensamiento de Thomas Mann, que la diferencia efectiva que encierra esa disyuntiva (identificarse y entonces pertenecer / diferenciarse y no poder pertenecer) es que se puede estar en una colectividad sin ser oveja en el rebaño u oveja solitaria; se puede estar colectivamente es influenciando a otros pero también abriendo la posibilidad de ser influenciados por otros.

Otro asunto clave que destacaron –reconocido así por la moderación y el comentarista crítico de esta sesión- tiene que ver con que el proceso de identificación es necesario, debe ser correlativo a la diferenciación, ambos deben darse. No podemos evitar las identificaciones puesto que ellas, como el conflicto, son constitutivas de lo humano, ellas son camino para la constitución del sujeto en tanto nos permite establecer referentes que orientan como un faro nuestro ser, pero cuando ellas toman los tonos de la totalización sucede que se entorpece ese camino, y el sujeto que se constituye ya no es nuevo, y para ello le hacen falta dosis de diferenciación, algunas resistencias, aquello que rompa identificaciones que no hacen posible ser otro, ser diferente. (**) Lo hemos visto también desde otras lecturas con el grupo de Psicoanálisis: si la madre y el hijo continúan la identificación fuerte que les acompaña, que es inevitable entre ellos, un sujeto nuevo no podrá emerger, no configurará su propia identidad, como lo veremos en los estudios sobre la psicosis, más adelante; ello en el marco de reconocer que no se rompe para siempre con la identificación en tanto proceso, numerosas son las que experimentaremos en el camino existencial, y diversos retos del diferenciarnos sin destruir al otro o perdernos diluidos en el otro, tendremos que afrontar.

La unión de este asunto con la democracia radica en que ella se trata precisamente de que se presenten identificaciones para hacer comunidad, para vivir con otros, para hacer sociedad, pero también diferenciación, y de que haya la posibilidad de vivir en conflicto desde los argumentos, no resolverlo anulando violentamente al otro. He ahí la diferencia efectiva: participar de la democracia siendo uno y al mismo tiempo bebiendo de lo demás, identificándose y también diferenciándose. ¿Y cómo es que se está entendiendo el conflicto en esto que nos van proponiendo? Para hablar de colectivo o grupo solemos apelar a la identificación como necesidad para ser comunidad, una que suele además ser entendida como <homogeneidad de pensamiento> y el conflicto lo entendemos, entonces, como la coexistencia de posiciones argumentadas, donde lo que debemos procurar es por la posibilidad de que participemos de la comunidad influyendo en ella con las ideas propias, y dejándonos afectar por el colectivo, de ahí la democracia como necesidad: la posibilidad de que estén en conflicto lo propio de cada sujeto integrante de la comunidad y lo que el colectivo ha identificado como lo que les es común, que no se absorban todos, en el marco de dichas ideas compartidas. ¿Qué democracia habría si todos pensamos igual, es esa la democracia a la cual se aspira? Para que haya democracia tiene que darse la posibilidad de que los individuos cuestionen, que se exprese el conflicto de intereses y de posturas, y que se tramite con argumentos.

Anotaron también una consideración final, una condición para que la democracia pueda darse, y es la moderación como postura, como disposición: contando con que la pasión desborda, más aún allí donde una postura apasionada se convierte quizás en un extremo de una oposición falsa, es que se hace el llamado a la medianía, al tiempo requerido para configurar creativamente dos movimientos: el de la crítica y la admiración, estrechamente relacionados con la diferenciación y la identificación, dos movimientos que con talento, al paso y ritmo de las tres transformaciones del espíritu, nos haga posible el camellar, el rugir y el crear; el juego dialéctico de leer, escuchar, admirarse y también cuestionar, interrogar, permitiéndonos crear, todo ello en el escenario de la experiencia democrática del vínculo social.

Desde la Plenaria y las diversas participaciones tras la exposición, seguimos trabajando el problema propuesto desde diversas aristas conformadas por preguntas, algunas claves desde el mismo texto, y también desde reflexiones que creativamente nos ofrecen los participantes.

La propuesta de Zuleta se convierte en una herramienta para la vida: ser moderados como una postura a la hora de forjar relaciones, vínculos; construir diferencias efectivas más que enredarnos en falsas oposiciones; lograr combinar con talento la distancia y la proximidad para ser capaces quizás de la crítica y también de la admiración; identificarnos pero también diferenciarnos…en fin, que todo suena muy bonito, muy diáfano, ahí está la ruta. Y sí que hay camino, pero hay caminantes, hay sujetos, hay determinaciones, y entonces de pronto ese camino se llenó de preguntas: ¿elegimos ser moderados?, ¿elegimos tener talento?, ¿elegimos admirar y criticar al mismo tiempo?, ¿son asuntos que pueden serle legados a la voluntad?, ¿tiene que ver con que nos lo propongamos?, ¿hay capacidades ahí por desarrollar?, ¿qué podemos aprender como acumulado para una próxima vez en eso de criticar, admirar, ser moderados en los vínculos qué podemos esperar?, ¿qué tan posible es ser ese moderado, estar en el intermedio, la medianía? Por ejemplo, cuando me afirmo, ¿hay espacio para la duda?

Pero también hubo poros, encontramos senderos ocultos y no tan ocultos en ese bosque que hace camino del pensamiento colectivo en la plenaria, y encontramos claves: clave TIEMPO, pues para esfuerzos tan grandes como son estas disposiciones requerimos de tiempo, tiempo lento, tiempo del detenimiento… clave PERMANENCIA y sostenernos, dar continuidad a estas exigencias que no son de encontrar caminos resolutivos o conclusiones, sino de compañías para el persistir, insistir y trabajar… clave TRABAJO creativo para la construcción, por ejemplo de esas diferencias efectivas en la cotidianidad, porque el trabajo creativo es transformador de uno mismo, y así de los vínculos, y nos aporta en la plasticidad requerida para las afectaciones mutuas en lo que hacemos día a día… claves RIESGO y FELICIDAD INQUIETA como consciencias activas que nos recuerdan que en materia de lo humano nada está garantizado, y por eso las preguntas por el cómo deben estar inscritas en este marco de la aventura del decidir y apostar, y entender los logros en procesos que no están acabados porque no se resolverán.

Y también hubo luces, palabras e ideas que brotaron de la lectura propia y de la conversación que íbamos tejiendo y que fueron propuestas afirmativas: reconocimos pues que la democracia es una NECESIDAD en tanto no son superables esas tendencias –como la polarización y el dogmatismo- que son obstáculos para la misma democracia; pensemos en ella entonces no como algo que se alcanza y se logra, sino como un dándose de ella, contando esos elementos que no desaparecerán. En este detenernos a pensar la relación, el colectivo, la comunidad y el otro no podemos perder de vista cómo todo ello esta mediado por el poder, las formas del poder, y partimos de reconocer que la democracia es UNA, entre otras, manera de tramitar el poder, entonces la relación también en el ámbito de lo político es de nuestro interés y nos concierne. En este sentido de lo político, entendimos también que la invitación a la medianía o la moderación no significa todo vale o cualquier cosa es lo mismo, también hay momentos en que debemos tomar postura, decidirnos, apostarnos; hay proyectos por los cuales debemos jugarnos la vida y otros a los cuales nos oponemos, como al proyecto capitalista; lo rico de lo democrático no es quedarse enfrascado en la falsa oposición, sino encontrar la diferencia efectiva (que vendría siendo la verdadera oposición) que sí que invoca a la toma de postura y al trámite argumentado y respetuoso de las decisiones y rumbos colectivos si es del caso. Finalmente, volviendo la mirada hacia casa, entendimos la Corpo como mediadora cultural, y nosotros como moderadores. Se propuso un reflexionarnos como mediadores, creadores, moderadores en la cultura encontrando cómo Zuleta en cada reflexión que hace propone imágenes nítidas y muy bellas de cada pensador y su obra, y qué tan importante entonces en nuestro trabajo concreto, hoy, pensar en cuál es la imagen nítida de nuestra labor en la cultura.

A manera de posdata con un asunto que emergió: de este homenaje se dijo que predominaba la identificación de Zuleta con el autor, y que por tanto se sintió más la admiración que no tanto la crítica como se invoca en el artículo mismo. Se recomienda entonces la lectura, para complementar la mirada con la distancia, del capítulo Thomas Mann y la democracia en el libro “Colombia, violencia, democracia y Derechos Humanos”, de Estanislao Zuleta.