Grupo de estudio: Lectura crítica y creativa de la obra de Estanislao Zuleta
Ciclo 2017: El conflicto como constitutivo de lo humano: límites y posibilidades para la cultura y la democracia

Un retorno reflexivo

¡OH ÁRBOLES de la vida! ¿Cuándo seréis invernales?
No somo unánimes. No nos entendemos
como las aves migratorias. Tardíos y rezagados
nos imponemos de una manera súbita a los vientos,
para caer más tarde en un estanque indiferente.
Somos conscientes a la vez de florecer y el marchitarse.
Y en algún lugar hay todavía leones, que no saben
de ninguna impotencia, mientras les dura su esplendor.
Pero nosotros, cuando pensamos una cosa, del todo,
sentimos ya el despliegue de la otra. La rivalidad
es lo más próximo a nosotros. ¿No pisan los amantes,
constantemente, uno los límites del otro,
ellos, que se prometían amplitud, caza, hogar?

Reiner María Rilque
Elegías del Duino

A modo de prefacio

Siempre se habla desde un lugar, no existen palabras que se lancen desde el vacío así este sea su destino (pensándolo bien ese también sería un lugar: el de las palabras no leídas, el de las palabras no escuchadas), lo que decimos y logramos articular, en este caso en forma de lenguaje escrito, se cuece y prepara desde una actualidad atravesada por las vivencias más inmediatas como por las búsquedas que llevan años de la existencia haciédonse, por los sueños que queremos y las convicciones que los movilizan, también hablamos desde lo que sabemos y, cómo no, desde lo que ignoramos. En este momento en particular, que además considero comparto con otros, hablo desde un lugar que se ha fabricado por el amor al conocimiento y la incesante búsqueda en el pensar, un trabajo con las ideas (unas con formas muy definidas, otras en proceso de ser) y en su circulación y creación en prácticas culturales como la conversación, la lectura, la escritura y el debate; hablo desde un lugar que quiero retratar como una acción artesanal, por aquello de propio, imperfecto, inacabado, no serial y con la marca singular de quien lo labra, una labor con las ideas y su materialidad, las palabras, que se apuesta como forma de y para la existencia, por unos nuevos contenidos y formas en la cultura, por un espacio que es principio y fin en si mismo: la organización de la sociedad civil, como modo de vida y de acción política, como apuesta vital por una sociedad igualitaria, crítica de sí misma y que se asombra y estremece por cada una de las existencias que la componen. Por estas y otras razones mi lugar, compartido, se diferencia de otros, así tengan elementos comunes, que se ubican más en la industria del conocimiento, lo digo sin señalamiento alguno, o en la reproducción de ciertos canónes culturales que perpetúan la exclusión, la explotación, el elitismo y el acaparamiento y/o restricción de lo que es la vivencia estética del mundo, del ser humano y sus muchas formas de la creación.

Introducción

Un documento de esta naturaleza responde al necesario retorno reflexivo sobre el estudio realizado durante este 2017 de la obra de Zuleta, es resultado de la conversación y la lectura, del debate y la exploración colectiva alrededor de ideas y posturas individuales que se llevan a lo público, quiere ser herramienta de trabajo y al mismo tiempo producto acabado luego de un año de esfuerzos colectivos, de abrirle un campo a la disertación, de poner tiempo de la vida al pensar.

Por nuestro ethos organizativo estas prácticas de estudio están necesariamente vinculadas y articuladas a nuestra acción en lo público, también podríamos decir que el estudio hace parte de nuestras acciones las cuales a su vez alimentan y permean aquello que deseamos estudiar. Somos pues en buena medida una apuesta por cerrar la brecha impuesta entre la actividad del pensamiento y la actividad de la vida, pudiéndose ambas intercambiar incluso fusionar, queriendo decir con ello al mundo y a nosotros mismos que el ser del pensar, del conocer y del sentir, es el mismo ser del trabajar, de la acción y de la incidencia.

La empresa de este año la iniciamos orientados por una aceveración  y una indagación que se plantea de manera abierta en términos de límites y posibilidades, sobre ellas centramos nuestros encuentros y encaminamos problematizaciones, buscando hacer de ese punto de partida algo más que un postulado inerte o en inmóvil, será necesario entonces comenzar por allí, por ampliar esas dos partes que componen el problema del año. Poteriormente daré lugar a otros aprendizajes que se desprenden de tal postulado.

I

El conflicto como constitutivo de lo humano

Esta afirmación ha sido un punto de llegada, una elaboración que ha implicado para nosotros lectores en comunidad acercarnos a lo que fue a su vez una síntesis en el pensamiento de Estanislao Zuleta, poco a poco, y seguro de manera inacabada, hemos logrado construir nuestra apropiación de tal postulado, en este proceso algunos islotes, interconectados, han sido de particular reflexión: el primero de ellos, el primer movimiento del pensamiento, es decir una acción de desplazar y en algunos casos transformar, requerido fue poner en duda el carácter negativo que la noción de conflicto guarda comunmente entre nosotros, una negatividad orientada a pensar que el conflicto o los conflictos entre los seres humanos son susceptibles de ser anulados y que es posible además pensar una vida humana en la que las contradicciones, las diferencias y las oposiciones puedan dejar de existir y en consecuencia podamos vivir en armonía, en una paz entendida como homogenización de las ideas y de los deseos de cada quien, un supuesto consenso generalizado al que por malos o por ignorantes o por retrasados no hemos podido llegar, pero que si nos empeñamos en ser buenos, cultos y civilizados quizá lo logremos. Como mínimo dos versiones sobre lo humano defienden esto, una enfatiza el hombre (y digo hombre porque así lo dicen ellos) es bueno y la sociedad lo corrompe, la otra el hombre es malo en esencia y nada podrá cambiarlo, ambas se han eregido en sendos proyectos culturales que buscan o bien cuidar lo bueno o bien constreñir lo malo. Por el contrario hemos acertado en entender que los conflictos, zonas grises e indefinidas sobre lo bueno y lo malo, son parte intrínseca del ser humano y de la vida en sociedad y más aún son el motor de los cambios y los vínculos sociales.

Enlazado con lo anterior el segundo de los hallazgos está aunado a la exploración que Zuleta hizo del psicoanálisis y que nosotros hemos considerado pertinente darle continuidad en tanto nos permite acercarnos de manera objetiva y al mismo tiempo comprensiva a ese ámbito del ser humano dado por la historia personal y vivido de manera individual que nos pone ante la necesidad de conocer y sobre todo considerar el carácter singular de cada existencia humana, allí la aceptación de una instancia psíquica como lo inconsciente, hallazgo principal de Sigmund Freud y que implicó una ruptura en la concepción de lo humano en el naciente siglo XX al poner en duda la idea de una unicidad, es fundamental pues nos deslinda de una mirada al ser humano como un ser producto exclusivamente de su voluntad, racionalidad e intenciones, considerar el carácter errático de muchas de nuestras acciones, determinadas también por fuerzas ajenas a las de la consciencia o a las de la sanción social, nos pone tanto en un trabajo intelectual de estudio de tal disciplina como en un trabajo ético permanente a la hora de valorar y juzgar al otro y a nosotros mismos, ha implicado oradar convicciones profundas de nuestra cultura y de nuestro universo de valores en muchos sentidos configurado en la culpabilización, señalamiento e intentos de negación de la otredad y de la mismidad. Es reconocernos como sujetos singulares, cuya singularidad se expresa en diferencia, es decir en vínculos siempre cambiantes y diferenciados con los otros, en revestimientos valóricos y de siginificación sobre el mundo y las cosas dispares y en muchos casos opuestos, en una relación simbólica con la exterioridad que no sólo estará marcada por la convención o la norma colectiva sino también por la traza singular y las cargas simbólicas propias de cada sujeto. Y es allí donde en un primer nivel se siembra el conflicto, en ese tránsito y contacto permanente entre singularidades y sus múltliples intentos por una vida en común, marcada por los fracasos, las conquistas transitorias y también hasta ahora, lamentablemente, por los intentos de eliminación entre sí.

El tercero y último ejercicio del pensamiento o fundamento reflexivo que ha sido importante en nuestras disertaciones y en gracia a nuestra vocación política ha estado centrado en el reconocimiento de la existencia de múltiples intereses en la vida colectiva, quiere esto decir que la forma y destino que se le pretende dar a una sociedad no son uniformes, de acuerdo a lugares de poder, a tradiciones culturales exaltadas, a concepciones de lo público, creencias, vivencias territoriales, concepciones sobre el cuerpo, a proyectos económicos, tipos de vínculos con las armas y a apuestas estéticas, entre otros, los diversos grupos sociales, algunos emergentes otros de configuración prolongada en el tiempo, necesariamente se enfrentan y se disputan el pasado, en términos de memoria y narración histórica, el presente, en relación a las maneras y prácticas de vida que pueden ser aceptada o no, el futuro, en tanto se posibilita o impide la existencia de ciertas condiciones e institucionalidades que en su permanencia tienden a garantizar comportamientos y concepciones en lo social. En síntesis el hecho de estar en sociedad nos lleva a ser sujetos de lo político, de la agencia de la multiplicidad y cohexistencia de lo heterogéneo, a la disputa por cuál debe ser el orden social que prepondere…en ello se ha hecho uso tanto de las palabras como de las armas, de las estrategias culturales como de la fuerza y el silenciamiento.

II

Democracia y cultura

La preocupación por las posibilidades de la democracia y por los entedimientos y trabajos en la cultura son fundantes de nuestra organización, por ende centro de debates permanentes, ineludibles, de nuestro quehacer. Es mi postura en este momento que nuestra tarea más que definir qué es lo uno y lo otro, consiste en señalar asuntos puntuales de lo que apostamos, actuamos, sean, y quizás con ello, en caso de que sea menester, lleguemos a alguna definición.

Empecemos por decir que la democracia, siendo un ideal en términos de horizonte perfectible, se da primordialmente como una práctica, que hemos logrado decir toma las formas de sistema, cuando hablamos de sistema democrático por ejemplo, que en sus limitaciones y diferencia de acuerdo a cada país, se caracteríza primordialmente como derecho a decidir quién gobierna y a participar, según el lugar más o menos, sobre otros asuntos de lo público como ciertos recursos, reformas a la ley o actuaciones en lo local. Por otro lado, consideramos, existe otra vivencia de la democracia que se da en lo cotidiano, utilizando la expresión democrática para designar una forma de relacionarnos mediada por el reconocimiento mutuo, la horizontalidad, el respeto y las posibilidad de ser y existir en toda la complejidad y extensión que cada ser requiera. Ambas democracias, la del orden social como la de la cotidianidad, tienen exigencias y demandas. Estas exigencias las hemos identificado como la necesidad de argumentación, el llamado a la ética y el pensar como un ejercicio permanente.

La argumentación alude a un ejercicio de la racionalidad, en el que la fuerza no se afinca en el lugar de poder sino de la demostración, poniendo la autoridad en quien trabaja su postura, que incluye transformarla, y no en quien busca imponerla. La ética por su parte corresponde a la tarea permanente de ver al otro como un igual, en la plasticidad necesaria para ponerse y pensar desde su lugar. El pensar, o lo que podríamos también decir, el filosofar, lo proponemos como el ponerse en duda y llevar la pregunta como bandera, una filosofía de la vida práctica.

Estas exigencias de la democracia tienen la doble condición de ser para los sujetos al ser ellos quienes realizan la práctica democrática cotidianamente como para el medio social que debe verse necesariamente transformado, a partir de la incidencia de las personas, hacia formas de vida democráticas, es decir la realización de la democracia como cultura.

III

El sujeto instituyente del conflicto

Para cerrar este retorno reflexivo, que exige por demás una crítica sobre el punto de partida, ponerse ante él  y mirar qué vacíos o qué complementos posibles pueden contruirse al reconsiderar el postulado inicial pasada la experiencia de pensarlo larga y detenidamente, queremos proponer un giro gramatical, que no es una eliminación de lo inicialmente dicho sino un complemente dialéctico. Esta reconsideración que hacemos parte de tres asuntos 1. La recuperación del sujeto en la gramática, lo que implica lo segundo, 2. La recuperacion del sujeto como agente de su historia subjetiva y colectiva 3. La necesaria reivindicación de una postura que aun cuando asume la existencia de marcadas tendencias humanas no las aisla de las determinaciones históricas.

Empecemos por lo primero, corto e introductorio, en nuestro enunciado inicial decimos el conflicto como constitutivo de lo humano, ¿pero acaso, a modo de construcción gramatical, no le hace falta a dicha frase un sujeto? ¿quién conjuga dicho verbo, ese de constituir? ¿es posible que exista un verbo que no tenga un quién lo conjugue? A menos que nos imaginemos el conflicto como una esencia o factor externo todopoderoso a lo humano, no podremos sostener este enunciado que no es falaz más sí incompleto, pues efectivamente le hace falta quién movilice y lo ponga allí donde sucede, en los vínculos y relaciones humanas.

Vamos caminando entoces, luego del llamado gramatical, que no es más que un llamado político y en muchos sentidos emancipatorio, en tanto nos hace pensar en el quién en términos de acción y de responsabilidades. El lenguaje, en sus formas construye, recubre y designa el mundo, de allí que no sea inocente y mucho menos neutral, así que no se nos puede pasar por alto esa tendencia que a veces nos habita de quitar el quien…El vaso se quebró, el discurso se dijo, el hombre fue asesinado, la niña se desapareció, en cada caso, con gravedades distintas, existe un responsable, un autor.

Para pensar el conflicto entonces, no podremos pensarlo sin pensar que los seres humanos agenciamos ese conflicto, de hecho lo ponemos en lo social, también lo quitamos. Una sociedad, esa que estamos construyendo desde el ahora, no puede ser otra que promueva la emergencia del conflicto, es decir de la diferencia. Y en coherencia con nuestra propuesta esto no podrá suceder si los sujetos mismos no son quienes se radicalizan ante una idea, una convicción o un malestar, y quiero entender radicalizar no como negar, no como eliminar, sino como llevar hasta las últimas consecuencias una postura de vida, una forma de vida, cuidando la vida misma. En estos casos siempre es mejor traer un ejemplo, la lucha de las mujeres, por ser constante y fluctuante por lo menos en el último siglo y en este que camina su segunda década, es bastante ilustrativa y sobre todo alentadora, en el momento en que una mujer o un grupo de mujeres dijeron no, esto no puede continuar así (la desigualdad polìtica y económica, el dominio sobre el cuerpo, la imposibilidad de decidir), intrudujeron un conflicto, necesario de ser tramitado en el conjunto de lo social antes inexistente o infructuosamente emprendido. Lo mismo podríamos rastrear en la lucha por la diversidad sexual en un Occidente cristianizado y heteropatriarcal en el que muchos y muchas en la vivencia de una conflictividad íntima y personal la trasladan como un asunto público, intentando superar burlas y segregaciones, para volverlo, más allá de las creencias de cada quien, en un asunto común y de constante debate público.

Elizabeth Giraldo Giraldo - Directora de CorpoZuleta