Café Arte 2018: Sembremos rebeldías y cosecharemos libertades

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La palabra herencia evoca a algo que viene del pasado, que hemos recibido en el presente y la gran mayoría de veces se asocia a la propiedad privada. En este recorrido no nos centraremos en ello, ¡todo lo contrario!, hablaremos de herencias colectivas, de una forma de propiedad que entre más se comparte más crece, que no tienen valor en el mercado  y los únicos títulos que posee son los de los periódicos, las arengas y los cantos en las calles. En esta exposición hablamos de una herencia muy particular pues no solo nos vincula con objetos, también nos liga con acciones, con pensamientos, con ideas que resuenan desde el pasado y que realizándose en el presente a través de personas dispuestas puede seguir proyectándose en el futuro. ¿Y cómo es esto? Nos podemos imaginar por ejemplo, cosa común, que familias o pueblos enteros aprenden a ser sembradores y pasan años, incluso siglos en esa labor, de una generación a otra se pasan unos conocimientos, unas herramientas, unas ideas sobre cómo es o cómo debe ser un sembrado, cómo cuidar su crecimiento y luego cómo recoger la cosecha, separar nuevas semillas y volver a sembrar. Ahora transportemos esa imaginación, y hagamos de la siembra una metáfora, en la que las semillas son la crítica, la rabia, el dolor y la dignidad, en la que los sembradores somos seres humanos que con las herramientas del pensamiento crítico, las artes, la palabra, el debate, las acciones cotidianas y la protesta haremos de las calles, las escuelas, los lugares de trabajo, las casas, los pueblos y las ciudades extensos campos en los que la libertad, la igualdad y la justicia sean frutos vivos, bellos y comunes.

En un país en el que la desigualdad hace gala, el miedo o el señalamiento a protestar es reiterado, es urgente volcar la mirada y sumar nuestras presencias hacia aquellos y aquellas que se han erguido, que comprendieron que la historia también se hace desde abajo, que los cambios no se esperan y que el poder se puede repartir. Los logros del pensamiento y las ideas, la ganancia en derechos, la conquista de la dignidad, la búsqueda de libertades, la denuncia a la opresión y la discriminación, han tenido históricamente representantes y abanderados, luchadores y luchadoras que han abierto senderos para seguir caminando, entonando los cantos de justicia e igualdad.

Mujeres

mujerHace un siglo en Colombia las mujeres no podíamos votar, no contábamos con derechos ni garantías políticas y los derechos civiles estaban limitados, en los espacios de trabajo estábamos bajo el control y vigilancia de patronos y autoridades religiosas, en el área rural la gran mayoría de veces nuestro trabajo no era remunerado y en caso de serlo por mucho menos de lo que recibía un hombre, cosa extendida también en las ciudades. La educación para las mujeres era escasa y más aún si nos referimos a los sectores populares. La sexualidad, estrictamente regulada por la religión, restringía a la mujer a un papel reproductor, complaciente con el hombre, del cuidado de los hijos y mantenimiento del hogar, allí el goce corporal y la alegría por el sexo no se mencionaba, mucho menos la posibilidad de decidir libremente sobre la natalidad.

Hoy, muchas cosas han cambiado ¿Cómo ha sido esto posible? La lucha social, política y cultural de las mujeres es un hito de las rebeldías no violentas, la casa y la calle se han revolucionado para dejar entrar el espíritu libre que cada vez más mujeres representamos; una búsqueda persistente que sigue viva en el presente para no conformarnos con las conquistas alcanzadas y seguir buscando otros vínculos sociales entre hombres y mujeres.

Un recorrido histórico

Los movimientos de liberación de la mujer que históricamente han ido adquiriendo diversas proyecciones guardan algo en común: la búsqueda de nuevas relaciones en el ámbito público y privado que eliminen las desigualdades tradicionales entre los sexos. Esto incluye la familia, la educación, la política, el trabajo y la autonomía respecto a sí misma, a su cuerpo.

Es el siglo XIX cuando aparecen los primeros colectivos femeninos organizados, en Inglaterra surgen las sufragistas, grupo de mujeres que reclamaban los derechos políticos y civiles para las mujeres, incluido el derecho al voto, además de mejores condiciones laborales. Esas ideas liberadoras de las sufragistas son recogidas en América en el siglo XIX por mujeres como Elizabeth Cady Stanton en Estados Unidos, miembro de sociedades antiesclavistas. Años más tarde, el movimiento feminista que lideraba Carrie Chapman Catt en ese país, tuvo gran influencia en la Decimonovena Enmienda de 1920 que concedió el voto femenino.

En América Latina estos  movimientos no cobrarán fuerza sino hasta el siglo XX. Uruguay, en 1927, fue el sexto país en el mundo y el primero en América Latina en garantizar el derecho al voto de la mujer. En Argentina,  Elvira Rawson de Dellepiane, segunda mujer en graduarse como  médica en Argentina, funda en 1919 la Asociación pro Derechos de la mujer y junto a Alicia Moreau, lucha por el derecho al voto femenino, que solo se obtuvo en 1951, iniciativa promovida por  Eva Duarte de Perón. Finalizada la primera guerra mundial hacen su aparición los primeros movimientos feministas en Uruguay y Brasil con  Paulina Luisi y Bertha Lutz  respectivamente, protagonistas en el  Movimiento Feminista Panamericano, que reclamaba el derecho al sufragio femenino, la no discriminación laboral de la mujer y otras reivindicaciones. Su influencia se extendió a toda América Latina y el Caribe. Sin embargo sus esfuerzos se vieron frustrados por las disidencias internas que fragmentaron el movimiento.

Hasta mediados del siglo XX, los principales movimientos de mujeres se enfocaban solo en lo público: los derechos políticos otorgados hasta entonces exclusivamente a los hombres. Pero a partir de entonces,  las luchas femeninas amplían su radio de acción. En los sesentas, reaparecen estas ideas en los discursos de Simone de Beauvoir en Francia, o Betty Friedan en Estados Unidos y que tienen que ver con el ámbito de lo privado: el origen de la opresión de la mujer, los roles tradicionales en la familia, el trabajo doméstico, el derecho al aborto, la discriminación sexual en el trabajo, al goce de su sexualidad; se buscaba una transformación real de las relaciones entre los sexos que estableciera una verdadera equidad para la mujer. Esto llevaría a la igualdad en lo político, en lo civil y en lo privado.

En Colombia mujeres como Betsabé Espinal, campesina y trabajadora de una fábrica textil, a los 24 años lidera la primera huelga en Colombia que reclamaba mejores condiciones laborales y erradicar el constante abuso sexual de que eran víctimas por parte de los capataces y Esmeralda Arboleda de Uribe,  primera mujer senadora en la historia de Colombia (de 1958 a 1961), lideró el movimiento sufragista en Colombia junto a Josefina Valencia Muñoz. En otro campo, la abogada Mónica Roa presentó un proyecto al  Congreso para la despenalización del aborto y a pesar de la oposición de grandes sectores conservadores del país y de la Iglesia, en el año 2006 logró que éste se aprobara en tres casos específicos. Sin embargo, la lucha por parte de varios colectivos de mujeres continúa por la despenalización total.

Los movimientos feministas han debido enfrentar siempre conflictos, no sólo con el orden establecido en sus respectivas sociedades sino también dentro de sus propios movimientos. Por otra parte, en América Latina, cientos de luchadoras en el campo de los derechos humanos han parado en las cárceles o han sido asesinadas. En otros países como el Salvador, el aborto voluntario es castigado con cárcel. Las luchas por los derechos humanos y civiles aún no son efectivas en muchos casos de violación de la mujer o feminicidios, delitos frente a los cuales la justicia obra con evidente negligencia.

Adicionalmente, la historia de Latinoamérica durante el siglo pasado estuvo cruzada por conflictos armados y dictaduras bajo las cuales las mujeres fueron altamente victimizadas, bien por sus ideas políticas o simplemente por hallarse en medio del conflicto. De esa situación no se excluye Colombia que hasta hace poco tenía en su territorio la guerrilla más antigua del mundo, así como una de las fuerzas paramilitares más devastadoras del continente y miles de mujeres fueron víctimas de los actores en conflicto, regulares o irregulares, sufriendo desplazamiento, violaciones, la muerte de compañeros e hijos, y otros crímenes atroces.

Para seguir cosechando libertades:

Uno de los desafíos de los feminismos latinoamericanos hoy es encontrar estrategias adecuadas para articular sus luchas con las de otros movimientos más amplios, de mujeres, derechos humanos y justicia social para impulsar las transformaciones estructurales que requiere la sociedad actual. Lograr superar las diferencias originadas en la multiplicidad de etnias, culturas, religiones, clase social y facilitar consensos que lleven a logros significativos en  luchas por el reconocimiento, la igualdad y la autonomía es una tarea en continuo proceso en nuestros movimientos de mujeres. Los logros alcanzados también nos permiten ver con mayor definición los retos culturales que tenemos, el machismo de la vida cotidiana, las relaciones de poder naturalizadas o la interiorización del miedo, hacen parte de los desafíos que tenemos para la permanente configuración de subjetividades emancipadas.

 

Diversidad sexual

diversidadUna creencia generalizada amparada en una religiosidad conservadora y en los rasgos patriarcales de nuestra sociedad supone que la sexualidad de los seres humanos nos viene exclusivamente por naturaleza y se restringe a nuestra genitalidad, genitalidad a la que le corresponde un opuesto tanto en sus formas físicas como en los comportamientos, tipos de sentimientos y de pensamientos. Es así como hemos crecido con la idea de que hay una sola forma muy definida de ser mujer y de ser hombre y todo lo que se salga de allí es raro, enfermo, ilegal e inmoral. En la lucha de lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros, transexuales e intersexuales nos hemos centrado tanto en la autoaceptación de los que somos como en la aceptación social, buscando la igualdad de derechos y los cambios culturales necesarios para que lo diverso nos parezca bello y soberano, que mujer y hombre no signifique una sola cosa, que el amor puede tomar muchas formas y el sexo gozarse de muchos modos.

Un recorrido histórico

A partir de la década de los setenta del siglo XX, la lucha por los derechos LGBT contagia a las sociedades de numerosos países, generalizándose alrededor del mundo. El Mayo del 68 francés y las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos sirven de escenario inicial a un movimiento que comienza a expandirse paulatinamente, emparentado además con el auge creciente del movimiento feminista. Es así que tiene lugar, en junio de 1969, la llamada “Revuelta de los clientes del Stonewall Inn”, en Nueva York, considerada un hito en la lucha por los derechos del colectivo.

El episodio marcó un antes y un después en esta historia, generalizando el activismo ciudadano a favor de los derechos LGBT y normalizando las acciones de liberación. Stonewall también fue un hito por la inclusión de “drag queens”, personas trans y la lucha contra la patologización de la diversidad sexual. El “Gay Power”, como se le conoce en Estados Unidos, creció y se extendió allende los mares. En la actualidad, muchos de los grupos LGBT más activos utilizan denominaciones como “Stonewall” o “Calle Christopher” para definirse a sí mismos.

La homosexualidad en América Latina es un tema que ha avanzado lentamente en términos de igualdad y de derechos humanos, sigue siendo motivo de discriminación, en unos países más que en otros. En México la primera movilización se da en 1978, la nombran el “Movimiento de Liberación Homosexual”, el cual protesta vía la prensa por el injusto despido de un joven por ser homosexual. Más adelante surge el más famoso “Frente Homosexual de Acción Revolucionaria” (FHAR) cuyo nombre se retoma de un grupo surgido en París durante la revolución estudiantil de 1968. Es precisamente en los años 60s y 70s cuando surgen la mayoría de estos movimientos homosexuales en América Latina. En Argentina surge el movimiento “Nuestro Mundo” y el “Frente de Liberación Homosexual”; así como en Brasil el movimiento “Somos” y “Grupo Gay de Bahía”, entre otros.

No fue hasta comienzos del siglo XXI en América Latina que se fue despenalizando la homosexualidad en los distintos países, y también se legalizó en algunos de ellos la unión civil entre parejas del mismo sexo. El colectivo de LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, personas transgénero) fue ganando algunos derechos, por ejemplo en México en 2003 se aprobó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, entre otras leyes para combatir la discriminación. Y en 2007 el Distrito Federal y Coahuila legalizan las uniones civiles entre homosexuales.

En nuestro país el primer grupo de liberación gay nació en los años 40. Estaba compuesto completamente por hombres y era llamado “Los Felipitos”. Era clandestino y limitado a un pequeño grupo de individuos de las clases altas. Su propósito era simplemente crear un espacio para socializar. Los primeros bares gay aparecieron también durante este periodo, eran clandestinos y solamente para hombres. Los Felipitos existieron sólo por unos pocos años, y no se conoce de otros grupos que los siguieran inmediatamente, tampoco se sabe mucho de las experiencias de esta organización.

No fue sino hasta 1970 que un nuevo grupo fundado por León Zuleta apareció en la ciudad de Medellín. Luego se expandió a Bogotá cuando Zuleta conoció a Manuel Velandia, en ese entonces estudiante de Filosofía y Psicología. Un grupo llamado Movimiento por la Liberación Homosexual se formó entonces. Este organizó varias actividades, como la primera marcha gay y la primera publicación gay en el país, Ventana Gay. Después de varios años, y por diferentes razones, el movimiento se acabó a mediados de los años 80. En 1993 Zuleta fue asesinado en Medellín en sospechosas circunstancias que no han sido investigadas oficialmente.

En términos generales Colombia es reconocida por los logros legales a favor de la comunidad LGBTI y otros grupos, lo cual se evidencia en las leyes promulgadas en la jurisprudencia de la Corte Constitucional en diversos temas, sin embargo en lo referente a la implementación, esta ha sido mínima, lo que la convierte en reto latente para el Movimiento LGBTI colombiano. 

Para seguir cosechando libertades:

Las reacciones siguen siendo fuertes, y así lo muestra la posición de las iglesias cristianas, incluida la católica, sobre el matrimonio homosexual. Por otra parte, el reconocimiento de nuestros derechos está lejos de ser algo aceptado universalmente. Las relaciones entre personas del mismo sexo son aún consideradas ilegales en setenta y ocho países, donde pueden ser castigadas con penas de cárcel y hasta con la pena de muerte. Independientemente de la dureza de las legislaciones, las prácticas homosexuales constituyen el blanco predilecto de los regímenes políticos y las corrientes religiosas que quieren imponer una autoridad “moral”. Al basarse  nuestro Movimiento en la transformación cultural, la cual se apoya en las conquistas legales, debe reforzar ese asiento cultural de lo contrario los cambios logrados pueden llegar a desaparecer. Cuando las personas con orientación sexual diferente a la establecida por la sociedad seamos tratadas sin señalamientos, podría decirse que esta revolución de ideas y de costumbres ha sido ganada.

 

Justicia Social

brechaVivir bajo un régimen económico y político que se basa en la distribución desigual de la riqueza y del poder y en la explotación de un reducido grupo sobre la gran mayoría social, ha llevado a que en diversas regiones y momentos las personas del común nos reunamos y luchemos por condiciones de dignidad y respeto de nuestras existencias. A través de la movilización social, la protesta, las huelgas y otros mecanismos de participación hemos logrado importantes regulaciones que denuncian y sancionan los abusos que el capitalismo genera en ámbitos como el trabajo, en asuntos salariales por ejemplo, así mismo ha llevado a otras conquistas como la salud universal, el acceso a la educación y el derecho al hábitat. Si hacemos un balance seguramente cada país tendrá una política y unos logros diferenciados, sin embargo hablamos de una misma lucha que hermana a amplios sectores de la sociedad y a la gran mayoría de la población mundial.

Entre las grandes dificultades con las que nos encontramos está la idea de que el tener menos o nulas oportunidades sociales es algo natural o normal, que por naturaleza o por decisión divina somos desiguales y que el esfuerzo y el ascenso individual, que nos atomiza y divide, son la manera de acceder a los bienes de la sociedad. Desde la tradición de las luchas por la justicia social, por el contrario, consideramos que los beneficios deben ser colectivos, que la distancia y brecha entre ricos y pobres debe ser menor, en lugar de buscar escalar en ella, y que el principal valor de la sociedad son cada uno de los seres humanos que la componen con su infinita capacidad para crear y existir.

Un recorrido histórico

A principios del siglo XX, la expresión Justicia Social nació en Europa, y se utilizó para referirse a “justicia de la sociedad”, es decir, la justicia que tenía que regular las relaciones entre los individuos que integraban una sociedad. No denotaba ninguna relación con la idea de obligatoriedad de medios mínimos, dignidad humana o igualdad material porque, en esa sociedad aristocrática y jerárquica, aunque no se ignoraba la preocupación de que los pobres también necesitaban algunos medios de supervivencia, la moral Cristiana argumentaba que la división entre ricos y pobres constituía una distinción creada por Dios, y que cualquier donación que aliviara el sufrimiento de los pobres era un asunto de caridad cristiana más que de justicia.

Más adelante entre la primera década hasta mediados del S. XX, se considera la Justicia Social como una obligación del Estado y también de los empleadores, de proveer unos medios mínimos para que los trabajadores puedan vivir con dignidad. Para nuestro presente y desde mediados del S.XX la noción de justicia social se amplió desde el contexto de las relaciones laborales gracias a la evolución de las acciones afirmativas, al establecimiento internacional de un catálogo de derechos económicos, sociales y culturales (como deber del Estado de garantizar un cierto nivel de mínimos que les permitan a las personas ejercer sus derechos civiles y políticos), y la discusión sobre la adopción de un tratamiento diferencial en beneficio de los pobres en términos de ingresos y riqueza como parte de la justicia social.

La primera constitución Latinoamericana en incluir la expresión “justicia social” fue la de Costa Rica en 1949. Otros países que han incluído este término en sus constituciones: Cuba, Honduras, El Salvador, Guatemala, Brasil, Paraguay, Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, República Dominicana. Las más importantes excepciones a esta tendencia son México, Chile, Perú y Colombia. En nuestro país El Artículo 1 de la Constitución describe a Colombia como un Estado Social de Derecho, cuyo principal propósito es garantizar unos medios mínimos para el ejercicio de derechos civiles y políticos. La Constitución también incluye capítulos enteros dedicados a los derechos sociales, económicos y culturales, y un artículo sobre la intervención del Estado en la economía para garantizar la justa distribución de oportunidades y otros objetivos, y en otras normas como aquellas relacionadas con la seguridad social y la educación superior, entre otros.

Aunque la justicia social no es un propósito o principio consagrado en la Constitución Colombiana, es una idea implícita en ella porque consagró sus tres elementos principales, que estaban disponibles en el discurso constitucional global de los años en que se promulgó, es decir, los principios del Estado Social de Derecho y la dignidad humana, y el derecho a la igualdad material (que significa igualdad real y efectiva, no solo formal). Por lo tanto, la justicia social es un deber del Estado para garantizar ciertos medios mínimos, basados ​​en la dignidad humana y en un trato diferencial en beneficio de las personas más empobrecidas, discriminadas, vulnerables y marginadas de la sociedad.

Para seguir cosechando libertades:

Un gran debate y profunda reflexión debemos enfrentar pues si bien la lucha por la justicia social hace del sistema económico algo menos oprobioso no resuelve asuntos que le son consustanciales como la desmedida acumulación de riqueza en unos pocos y el aparejamiento entre poder económico y político que lleva a que los grupos más empobrecidos tengan menos oportunidad de participación política, cosa, para nuestra época, que solo podrá ser resuelta en la medida que las personas tengamos mayor igualdad material. Por otro lado, las experiencias socialistas y comunistas nos han dejado serios aprendizajes, entre ellos, la necesidad de distribuir tanto la riqueza como el poder político,  nos muestra que si las viejas estructuras jerárquicas del estado no son tocadas difícilmente podremos construir un orden social que se parezca a la libertad, a la igualdad y al cultivo de sujetos emancipados.

 

Pensamiento crítico

miedocontraCuestionar el poder hegemónico, ejercer la crítica, crear nuevas interpretaciones sobre la realidad y contribuir a la construcción de idearios para las luchas políticas han sido parte de los frutos que el pensamiento crítico como forma de combate, ha dado, permitiendo a quienes lo producimos y a quienes accedemos a él contar con herramientas discursivas que puedan hacer oposición allí donde la dominación también se hace efectiva: en las maneras de representarnos el mundo y las relaciones sociales; en las convicciones e intereses políticos; en cómo entendemos nuestro pasado y la construcción de la sociedad; en la explicación que nos damos a lo que somos, partiendo del develamiento de los mecanismos y estructuras de poder, así como de la revelación de la importancia de los sectores populares y subalternos en las dinámicas políticas y culturales. Así mismo la reflexión sobre la cultura y el universo de las representaciones han sido asuntos vitales en este legado.

Un recorrido histórico

Sus orígenes se remontan a la época griega, en la cual se empiezan a desarrollar disciplinas de fundamentación como la lógica, la retórica y la dialéctica. En el caso de Europa, dichos desarrollos quedaron sumergidos en el olvido y la censura por varios siglos, en especial durante la alta Edad Media, cuando el desarrollo de las ideas estuvo bajo el dominio de la iglesia cristiana. Sin embargo, a partir del Renacimiento, se empiezan a dar unas transformaciones en la forma en que occidente veía el mundo, donde el ser humano vuelve a ser objeto de interés para la filosofía. A partir de esta época y en especial en las posteriores: la edad moderna y la contemporaneidad, diferentes pensadores contribuyen con el desarrollo del pensamiento crítico.

Igualmente en América se han desarrollado luchas del pensamiento crítico. Muchas de ellas se forjaron desde la época de la colonia, como resistencia a la imposición del poder europeo y, en algunos casos, de su cosmovisión. Pues el ejercicio del poder no solo pasaba por el dominio militar o económico, sino también por el dominio ideológico que desde los inicios deslegitimó los diferentes sistemas de ideas, creencias y valores desde los cuales se soportaban las culturas indígenas, africanas y orientales. En el siglo XX se hacen más visibles las posturas críticas lideradas por diferentes hombres y mujeres de América que se oponen a las formas instauradas de opresión social, quienes teniendo como referente los aportes de las ciencias sociales han buscado construir una comprensión propia de las formas particulares del poder en nuestro continente.

A partir de los años 70 en América Latina se empiezan a conformar algunos grupos de trabajo académico e intelectual, que bajo la bandera del pensamiento social latinoamericano, se proponen explicar la desigualdad, exclusión y desposesión de los diversos pueblos de esta región. Con los aportes que en ese sentido hacen hombres y mujeres como Pablo González Casanova, Silvia Rivera Cusicanqui, Rodolfo Stavenhagen, Aníbal Quijano, Enrique Dussel, entre otros, se conforma la teoría de la dependencia, de la cual hacen parte conceptos como neocolonialismo o la neocolonialidad del poder. Una construcción teórica que teniendo en común la perspectiva de las economías latinoamericanas como enclaves extractivistas con “la teoría del intercambio desigual”, del africano Samir Amin, y “la teoría del sistema-mundo capitalista”, del sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein, permiten sostener una postura crítica sobre la desigualdad social entre los pueblos y la explotación de unos sobre otros.

En esta misma época toma fuerza la valoración de los contenidos étnicos en los movimientos indígenas, quienes reivindican sus orígenes como una estructura ideológica para las luchas sociales contemporáneas, empezando a exigir el liderazgo de algunos movimientos guerrilleros, como sucede en Guatemala, en México, con los Zapatistas, y en otros países de centro y Sur América. Este movimiento empieza a ser mundial cuando indígenas de diferentes regiones del mundo afirman sus luchas en una postura ecológica basada en una relación fuerte con la naturaleza, oponiéndose al capitalismo y a las fuerzas progresistas.

En nuestro país las movilizaciones desde el pensamiento crítico no han sido ajenas a los desarrollos en Latinoamérica, sin embargo, los aportes que se han hecho desde los diferentes frentes de las ciencias humanas: las teorías políticas, económicas, la filosofía, la antropología, la sociología y el periodismo investigativo, han buscado ofrecer comprensiones sobre las lógicas de la inequidad y pobreza en que vive la mayoría de la población, las causas del subdesarrollo y la historia del conflicto armado colombiano. Los aportes que en este sentido lo han hecho hombres y mujeres como Camilo Torres, Diego Montaña Cuellar, Mario Arrubla, Darío Mesa, Estanislao Zuleta, Guillermo Hoyos, María Teresa Uribe, Virginia Gutiérrez, Orlando Fals Borda, Arturo Alape, Alfredo Molano y Miguel Ángel Beltrán no solo lo han realizado con la pretensión de explicar, sino también de transformar las lógicas de la dominación e inequidad en nuestro país.

Por su lado en Norteamérica encontramos el trabajo de diversos hombres y mujeres que desde diferentes ramas del saber han realizado aportes a las teorías críticas y se han convertido en referentes intelectuales. Pensadores como Immanuel Wellerstein y Noam Chomsky son reconocidos por sus críticas al modelo capitalista; los planteamientos de Martha Nussbaum han sido muy valorados en el campo de la ética, por su reflexión sobre la fragilidad humana y la defensa del multiculturalismo.

Para seguir cosechando libertades:

En un momento de intensa movilización política en el país, es de primera necesidad la conformación de una agenda del pensamiento crítico, en el que vía la construcción de sistemas de pensamiento podamos seguir alimentando la reflexividad y la permanente interpretación de una realidad cambiante que exige de nosotros postura y elaboraciones de ideas que puedan ser compartidas y debatidas alrededor de temas como el modelo económico, las prácticas de estado, las libertades, las formas de la cultura, la democracia, el medio ambiente, la justicia y la paz.. De este horizonte de trabajo con las ideas seguirá siendo importante poder ejercer la crítica de las ideologías dominantes, sus valores y creencias, que se han justificado como ley natural y explicativa de un orden social. Así mismo poder contar con medios de comunicación  y escenarios de formación y debate con una oferta de calidad y contenidos diversos, que promuevan la construcción de posturas propias en los individuos. Y por último poder criticar y cuestionar a quienes ejercen un mayor poder de dominación en una sociedad.

 

Derechos Humanos

derechosUna paradoja es notable en los derechos humanos, pues su existencia es al mismo tiempo evidencia de lo que adolece una sociedad, y sin embargo en la historia reciente que millones de seres humanos hemos vivido, marcada por múltiples guerras, la erección de estados totalitarios, el predominio de los intereses del mercado y otros abusos del poder, contar con ellos, como algo inalienable y propio de cualquier humano sobre la tierra, se ha traducido en poderosas luchas y resistencias en múltiples lugares; las búsquedas de la igualdad, la defensa de la vida y las limitaciones al poder son algunas de sus expresiones. Es esta una lucha de las personas comunes sin  ningún uso de la violencia contra los grandes poderes instituidos.

Un recorrido histórico

Si bien, la declaración universal de los derechos humanos tiene largas raíces en la historia de la humanidad, fue  precisamente la barbarie presenciada en la Segunda Guerra Mundial el detonante para que en abril de 1945, delegados de cincuenta naciones se reunieran en San Francisco para crear un organismo internacional (ONU) encargado de promover la paz y evitar guerras futuras. La nueva organización el 10 de diciembre de 1948 aprobó  La Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuya redacción había estado a cargo de una comisión de derechos humanos del mismo ente. Los países miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a trabajar juntos para promover los 30 Artículos de los derechos humanos que, por primera vez en la historia, se habían reunido y sistematizado en un solo documento. En consecuencia muchos de estos derechos, en diferentes formas, son parte de las leyes constitucionales de las naciones democráticas.

En América, la mayoría de los Estados respaldan las normas y los tratados de derechos humanos, y los han ratificado. Sin embargo, para millones de personas, los derechos humanos siguen siendo una promesa vacía. Los problemas políticos y sociales tales como la discriminación, la violencia, la desigualdad, los conflictos, la inseguridad, la pobreza y los daños medioambientales son solo algunos de los desafíos que están generando una crisis de derechos humanos en toda la región.

Como en otros lugares, el papel de los defensores de los derechos humanos ha sido vital en la consecución de garantías sociales y en la real implementación de estos pactos democráticos de las naciones. Un poderoso emblema de los defensores es Martin Luther King, Jr. pastor estadounidense de la Iglesia bautista  que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del movimiento por los derechos civiles para los afroestadounidenses y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general. Por esa actividad encaminada a terminar con la segregación estadounidense y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964. Cuatro años después, en una época en que su labor se había orientado especialmente hacia la oposición a la guerra y la lucha contra la pobreza, fue asesinado en Memphis.

Para el caso específico de América latina podemos observar un papel protagónico en el campo de los derechos humanos. En mayo de 1948, los Estados americanos firmaron en Bogotá la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Fue el primer tratado internacional sobre derechos humanos, ya que precedió por siete meses a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. América Latina estuvo al comienzo de un camino que obligaba a replantear la concepción tradicional de soberanía del Estado, ya que se comenzaba a asumir que en nombre de la garantía y el respeto por los derechos humanos era admisible cierto grado de intervención internacional en los asuntos internos.

En los cincuenta años que siguieron a la declaración, la mayor parte de los países latinoamericanos atravesó períodos de turbulencia política, económica y social. Tristemente, ello volvió a poner a la región en el centro de la lucha por la defensa de los derechos humanos. Los crímenes contra la humanidad cometidos en muchos países condujeron al surgimiento de organizaciones y movimientos sociales que, actuando en consonancia con organizaciones regionales, buscaron poner un freno a la violencia estatal.

De ellos son un admirable ejemplo Las Madres de Plaza de Mayo, asociación argentina formada durante la dictadura de Jorge Rafael Videla con el fin de recuperar con vida a los detenidos desaparecidos, inicialmente, y luego establecer quiénes fueron los responsables de los crímenes de lesa humanidad y promover su enjuiciamiento.

Colombia, ante la cruel y extendida violencia que hemos vivido, ha sido también lugar de una férrea defensa de derechos, a través de la denuncia de las actuaciones del estado, sus fuerzas militares así como sus nexos con el paramilitarismo, al igual que la participación de las guerrillas y otros grupos en el conflicto armado. Héctor Abad Gómez, de origen antioqueño, hace parte de ese grupo de hombre y mujeres que han pagado con sus vidas por defender la vida, se suman también Jesús María Valle quien denunció abiertamente la Masacre del Aro en Ituango y la participación del estado en ella. Otras personas procedentes del común como Fabiola Lalinde han logrado sensibles logros en la denuncia de los excesos del estado y en la construcción de herramientas propias para defenderse creativa y pacíficamente. Más recientemente las Madres de Soacha, cuyos hijos fueron secuestrados y luego asesinados y falsamente expuestos como guerrilleros por las fuerzas militares, se han constituido tanto en un símbolo de la máxima violencia del estado como en un emblema de la capacidad de organización y denuncia de las personas comunes y corrientes.

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