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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Hora: 6:15 p.m.

Entrada libre

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Próximo ciclo:

Cien años de la revolución rusa 

Mayo 12: Octubre (Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov, 1928)

Mayo 26: Rojos Parte 1 (Warren Beatty, 1981)

Junio 09: Rojos Parte 2 (Warren Beatty, 1981)

Junio 23: Taurus (Aleksandr Sokurov, 2001)

 

Ciclos anteriores

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

"Parafraseando a Proust sobre el amor: ¡el odio es esa otra enfermedad de la que también quisiéramos curarnos!

¿Que hacer cuando este innoble sentimiento invade nuestra vida, arrasando nuestro espíritu; cuando quisiéramos embestir al otro, aniquilarle? ¡Debe haber algún camino para transformarlo, para curarnos de él! ¿El arte? ¡Sí! He ahí una posibilidad, no solo en la catarsis que logra el creador, sino también en la relación estética que tiene el espectador con la obra, porque le permite pensarse, ahondar en su propio ser y de algún modo aliviarse"

Oscar Restrepo

Marzo 5 de 2011    "La cambiadora de páginas", Director:  Denis Dercourt,  2006

Marzo 12 de 2011  "Caché (Escondido)",  Director: Michael Haneke,  2005

Marzo 19 de 2011  "El odio",  Director: Mathieu Kassovitz,  1995

Marzo 26 de 2011  "Un burgués pequeño, pequeño",  Director: Mario Monicell,  1977

Sesión del 26 de marzo del 2011

TITULO:        UN BURGUES PEQUEÑO, PEQUEÑO

DIRECTOR: MARIO MONICELLI

GUIÓN: MARIO MONICELLI, SERGIO AMIDEI

PAIS: ITALIA

AÑO: 1977

DURACIÓN: 1h-58 min.

Para cerrar el ciclo sobre el odio, asistimos a la proyección de esta película de Mario Monicelli, el gran director nacido en 1915 en la Toscana italiana y muerto en Roma en el 2010. Desafortunadamente, y por los caprichos de los distribuidores del cine comercial, su cine fue poco conocido en estas latitudes en tanto que en Europa gozó del reconocimiento general por los descarnados retratos de la burguesía italiana de la posguerra.

Giovanni Vivaldi, interpretado por Alberto Sordi, de gran trayectoria en la cinematografía italiana, es un oficinista de tercera categoría en un Ministerio y está próximo a la jubilación. Su única aspiración en ese momento es que, Mario su hijo y máximo orgullo, ingrese a trabajar en el Ministerio. Hace todo lo que cree necesario para que ese deseo se cumpla, incluso hacerse masón. Cuando ya está a punto de obtenerlo, Mario es asesinado en un absurdo incidente. Para mayor desgracia, su esposa queda reducida a una silla de ruedas a raíz de la impresión que le causa el enterarse por la televisión de lo acaecido. De ahí en adelante, el odio invade la vida de Giovanni y con él, el deseo de venganza.

La discusión fue amplia y se inició con algunas precisiones de Carlos Mario González sobre el significado de la palabra burgués desde el pensamiento de Marx, quien declaraba la existencia de dos clases opuestas entre sí: la burguesía y el proletariado, pero reconocía otra clase a la que denomina “perversa” y es la “pequeña burguesía”. Ella, en su aspiración de obtener los privilegios de la burguesía se hace servil, pero arrastrando siempre el temor de ser arrojada a la masa del proletariado, de perder lo poco que ha obtenido. El individualismo que exhibe el protagonista, a quien sólo interesan sus propias metas, las mismas que impone al hijo, es el producto de ese afán de ascenso del pequeño burgués. Sumidos en la monotonía de su rutina laboral, viven a espaldas de su verdadera condición de burócratas grises, cifrando la razón de vida y su propia felicidad en un incierto ascenso en la pesada jerarquía laboral, espejismo alimentado por la sociedad de nuestro tiempo que mira con desdén las tareas que tienen que ver con el espíritu.

Para reflexionar sobre el odio que se despliega en este hombre, señaló la existencia de aquellas dos pulsiones que acompañan al hombre desde que inicia su vida, estudiadas por Freud y ampliadas por otros estudiosos del sicoanálisis: la erótica y la tanática, o pulsión de muerte. Todos las llevamos dentro y la cultura es la llamada a equilibrarlas. Sin embargo, en una sociedad ferozmente competitiva, se exalta el triunfo individual por cualquier método, lo que desnuda lo más bajo que cada hombre lleva dentro.

Un asistente señaló la necesidad de precisar qué es el odio, y de preguntarnos ¿por qué algunos individuos logran resolver este sentimiento y en otros perdura? El odio parece afectar el ego del sujeto ¿o quizás su narcisismo? Lo cierto es que no es un sentimiento que se pueda adjudicar a una clase social sino factible de emerger en cualquier ser humano. Pero sí debemos reconocer que las condiciones de alienación que propicia el trabajo en la sociedad moderna, generando sólo sentimientos de frustración, de monotonía, de un sin sentido de la vida, producen seres en cuyos espíritus se instala fácilmente el odio, sin posibilidades de salida por vías diferentes a la destrucción.

Después de estas reflexiones sobre el odio, es inevitable la pregunta: ¿Cómo resolver el odio? ¿Mediante el ejercicio de la palabra? Sin embargo, la irrupción del odio en una persona no tiene que ver con el ejercicio ó no de la palabra. Carlos Mario expresó cómo el odio, sentimiento tan humano como el amor, tiene dos modalidades de aparición: el odio bárbaro y el odio civilizado. El primero se alimenta y tiene como objetivo la destrucción y muerte del otro; el segundo, una vez determinada la imposibilidad de la palabra con el otro, pone distancia con el adversario, distancia significada en la negación precisamente de esa palabra; el odio civilizado deviene en indiferencia, no requiere de la eliminación física del otro para su satisfacción. La justicia es otra opción para resolver el odio civilizado y es condición vital para resolver los conflictos sociales.

Otro aspecto señalado fue lo particular de ese odio alimentado por la vida de su “enemigo”; mientras el joven asesino agonizaba, el odio de Giovanni crecía y la tortura que le infligía le deparaba placer; su vida en ese momento sólo se justificaba en el sufrimiento del otro y su muerte parece sumirlo en un vacío imposible ya de llenar. Imposible entonces no pensar en el sadismo que encuentra su satisfacción en los límites entre la vida y la muerte pero tiene como condición de existencia, la vida del maltratado.

Finalmente, y recordando aquella escena inicial de la película, cuando Giovanni ejerce una crueldad innecesaria sobre el pez que acaban de atrapar, nos planteábamos si en algunos seres humanos la pobreza espiritual de sus vidas los hace más proclives a desatar todos aquellos “demonios” que se esconden en nuestro interior, prestos a salir a flote al menor descuido de nuestra parte.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Ciclo: El odio

"Parafraseando a Proust sobre el amor: ¡el odio es esa otra enfermedad de la que también quisiéramos curarnos!

¿Que hacer cuando este innoble sentimiento invade nuestra vida, arrasando nuestro espíritu; cuando quisiéramos embestir al otro, aniquilarle? ¡Debe haber algún camino para transformarlo, para curarnos de él! ¿El arte? ¡Sí! He ahí una posibilidad, no solo en la catarsis que logra el creador, sino también en la relación estética que tiene el espectador con la obra, porque le permite pensarse, ahondar en su propio ser y de algún modo aliviarse"

Oscar Restrepo

Sábado 26 de marzo de 2011, Hora: 5:00 pm.

UN BURGUÉS PEQUEÑO PEQUEÑO

unburguespequeno

Drama triste y cruel sobre un modesto funcionario ministerial próximo a la jubilación. Su único deseo en la vida es lograr que su hijo entre a trabajar en el mismo ministerio que él. Para conseguirlo recurre a todos los medios a su alcance, llega incluso a hacerse masón. Pero, cuando parece que todo va por buen camino, el azar se cruza en su vida.

Director: Mario Monicelli - Año  1977 - Duración: 2 hora 2 min. 

Calle 50 No. 78A-89  –Teléfono 2343641