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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Hora: 6:15 p.m.

Entrada libre

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Próximo ciclo:

Cien años de la revolución rusa 

Mayo 12: Octubre (Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov, 1928)

Mayo 26: Rojos Parte 1 (Warren Beatty, 1981)

Junio 09: Rojos Parte 2 (Warren Beatty, 1981)

Junio 23: Taurus (Aleksandr Sokurov, 2001)

 

Ciclos anteriores

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

"Es imposible hacer una buena película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta". Orson Welles
El arte es aquello que persiste con entereza al efecto disolvente que hace el tiempo. Algunos han sabido hacer arte con el cine y ello les ha dado un espacio privilegiado en la historia y, en esta ocasión, en nuestro programa de Cine en conversación...

Mayo 7 - El chico. Director: Charles Chaplin.   1921

Mayo 14 - Roma ciudad abierta.   Director: Roberto Rossellini.   1945

Mayo 21 - Psicosis.  Director: Alfred Hitchcock.   1960

Mayo 28 - Viridiana.   Director: Luis Buñuel.   1961

Junio 4 - Ciudadano Kane.   Director: Orson Welles.   1941

Junio 11 - Acorazado Potemkin.   Director: Sergei Eisenstein. 1925

Junio 18 - Ocho y medio.   Director: Federico Fellini.   1963

Junio 25 - Rashomon.   Director: Akira Korosawa. 1950

CICLO: LA MIRADA DE LOS GRANDES DIRECTORES

TITULO: RASHOMON

DIRECTOR: AKIRA KUROSAWA

GUIÓN: SHINOBU HASHIMOTO, AKIRA KUROSAWA

PAIS:  JAPÓN

AÑO:  1950

DURACIÓN: 83 min.

 

El cine japonés hizo su aparición en el cierre de este ciclo denominado “La mirada de los grandes” con una película que, a juicio de los críticos, es la obra maestra de este director, nacido en 1910 y fallecido en 1998.  De una familia descendiente de antiguos samuráis, admiraba la cultura occidental, por lo que varias de sus películas fueron censuradas por el gobierno japonés que le presionaba para que trabajara sobre temas nacionalistas. Rashomon  se filmó durante la ocupación americana que siguió a la rendición del Japón después del holocausto de Hiroshima y Nagasaki, en momentos de un profundo pesimismo en esa sociedad.

Sus protagonistas, una esposa violada en el bosque, el asaltante y violador, un leñador, testigo involuntario del crimen y el esposo asesinado (a través de una médium), exponen su versión de los hechos. Ninguna declaración coincide, cada uno tiene su propia verdad; ¿quién tiene la razón?, ¿quién dice la verdad? Cada versión puede estar guiada por un interés personal: la mujer ofendida, el demostrar que fue sometida por la fuerza; el marido, que su honor sea reivindicado mediante la versión del suicidio; el asaltante, conservar su fama de ser el bandido más temible de la región; el leñador quizás sea el único que aparentemente no tiene un interés personal, aunque le conviene dejar clara su inocencia.

Un profundo escepticismo sobre la condición humana campea por esta cinta. El desconcierto que embarga a los dos personajes que nos introducen en la historia, el sacerdote budista y el leñador que le acompaña, también se apodera de nosotros.  “He visto muchas calamidades; la vida humana es tan frágil y es pisoteada constantemente como el rocío de la mañana sobre la hierba”, dice el primero; “No entiendo, no entiendo” son las únicas palabras que atina a pronunciar el segundo. La verdad, la mentira, la culpa, la desconfianza hacia el hombre, son sentimientos que emergen al reflexionar sobre la película. ¿Es posible confiar en la verdad de los hombres? ¿Es imposible para el ser humano alcanzar la certeza sobre la realidad, si como dice uno de los personajes “los hombres siempre mienten; no son honestos ni consigo mismos”? ¿Podemos aceptar, sin caer en un peligroso relativismo, que existen tantas verdades como seres humanos?

Si bien no podemos saber la verdad, sí podemos entender a los hombres y su verdad y a partir de ahí, aproximarnos a una verdad “verdadera”. En la película, cada personaje tiene un interés propio y sobre él construye su verdad.  Recordábamos las palabras de Zuleta: La libertad os hará veraces pero estos seres no son libres porque están encadenados a sus propios intereses; en este sentido,  más que esconder nuestras sombras, buscar la libertad para reconocer las propias flaquezas nos llevaría a la verdad. Por otra parte, hay en esta historia otro obstáculo para acceder a la verdad: no hay una confrontación, no hay debate; cada personaje responde aisladamente ante unos jueces invisibles para el espectador.   

¿Cómo se sitúan los protagonistas frente a la responsabilidad, frente al bien y al mal?  Parecen desligarse de ella y ponerla en el afuera, en el otro. Hasta la ingenua afirmación del bandido en el sentido de que “la culpa de todo la tiene ese vientecillo indiscreto que dejó al descubierto su rostro (el de la mujer)”, despertando su deseo, confirman esta tendencia.

Una pregunta inquietante surgió de un asistente: ¿hay razones que hagan menos abominable el acto de privar de la vida al otro? El honor, la defensa de la verdad…?  Realmente, es difícil establecer una gradación del bien y del mal y más tratándose de algo que hemos considerado superior a todos e incuestionable, la vida. En la historia que nos ocupa, el esposo habría “transado” su vida por el honor. ¿Cambia el sentido de la vida y la muerte según las culturas? Y otra pregunta se desprendió de esta: ¿Está el arte condicionado por la cultura y crea acaso sus propios códigos, o es universal, comprensible para cualquier individuo? La opinión es que el arte como construcción de significados y significantes aporta su propia cultura pero al mismo tiempo trasciende el marco cultural que lo produce y de esta forma, se hace universal y accesible a cualquier individuo.  La lluvia y el fuego como elementos universales, pueden ser apropiados en forma diferente por cada pueblo, pero se abren a interpretaciones particulares dentro de una construcción estética, convirtiéndose así, como sucede con cualquier obra de arte, en propiedad de todos aquellos que la contemplen.

En este punto, alguien señalaba la importancia de pensar en aquellos significantes que utiliza el artista; ninguno de ellos es gratuito; por ejemplo, esa puerta de Rashomon símbolo y orgullo de la dinastía Heian, que señalaba el acceso a la ciudad y que ahora amenaza ruina, convertida en refugio de ladrones, de bebés abandonados, deja ver la decadencia de una dinastía, otrora gloriosa.  La lluvia torrencial que acompaña casi toda la película, y que sólo se interrumpe al final, cuando un rayo esperanzador aparece con la decisión del leñador que adopta el bebé, no obstante tener otros seis pequeños, nos sugiere las tormentas que enfrentan cada uno de los personajes.

Unas palabras para celebrar los méritos técnicos de esta película; dentro de la austeridad de su puesta en escena y que se reduce a tras escenarios: la puerta de Rashomon, el lugar de los tribunales, a quienes nunca vemos y el bosque, se destacan la excelente fotografía y los encuadres que utiliza Kurosawa para acentuar la atmósfera de las escenas. Las actuaciones son magníficas, especialmente la del actor favorito del director, Toshiro Mifune en su papel del bandido Tajo Maru.  

Por último, debemos recordar que esta exhibición se apoya en la “Maleta de películas”, programa auspiciado por el PAN (Plan audiovisual colombiano) y el Ministerio de Cultura, dentro de la convocatoria abierta por esas instituciones para la formación de públicos en la apreciación de cine.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Ciclo: La mirada de los grandes directores

Junio 18 de 2011

Película: Ocho y medio

Director: Federico Fellini

Año: 1960

Guido Anselmi, el famoso guionista y director de cine, debe hacer su siguiente filme. Sin embargo no encuentra la historia ni el tema de su película y mucho menos tiene las respuestas que todo el equipo de producción le exige para iniciar con éxitos todo el trabajo. Se siente asfixiado, presionado, invadido y no logra darle una conexión efectiva a ese maravilloso mundo que ocurre ante su mente, y, sin siquiera explicárselo, Guido está en el centro de una crisis creativa que le va señalando todo lo que ha sido su vida llena de recuerdos que vuelven con el enigmático «Asa-Nisi-Masa», que invocó cuando era sólo un chiquillo, o de deseos profundos como el de dominar a todas las mujeres que se ha encontrado. Además su vida personal no es precisamente ejemplo de serenidad pues Guido se balancea entre Luisa, su esposa, Carla, su amante y Claudia, una hermosa joven quien aparece como una nueva musa en su vida. Finalmente, en un evento organizado por los productores en el set de lo que es una monstruosa arquitectura en construcción, quizás símbolo de lo que fue su película, Guido encontrará una salida a su angustia luego de suicidarse y de hallar la razón de todo ese collage que se le aparecía a él, y al espectador, durante toda la película.

Luego de terminar de ver la proyección de Ocho y medio cierta perplejidad parecida a la de Guido siguió a los asistentes. ¿Qué acabábamos de ver? Más aun teniendo en cuenta que la película de Fellini no se puede delimitar identificando una historia y un tema pues sería caer en el error que Guido evadía mientras que era lo que el crítico le reclamaba. Debemos recordar que Guido era un director confundido y atravesado por todos los fantasmas, recuerdos y deseos que marcan a cualquier persona, pero que en un ser dedicado a la creación adquieren mayor relevancia. Así descubrimos gracias al filme que de alguna manera todos vivimos una especie de tragicomedia que se juega entre lo pasado y lo presente y que lo importante no es tanto una acumulación de los años sino el intento de hacer una resignificación de todo lo que nos sucede, aún sin recordarlo, como quizás fue el intento de Guido, quien, por medio de imágenes, unió su vida a la película que estaba deseando crear, llegando a trascender lo habitual. La conquista de Guido no es llegar a una certeza sino el aceptar su imperfección y el intentar crear con su humanidad fragmentada y dispersa. De ahí que Guido, el personaje, Guido, el director, y Guido, la metáfora del creador, sirven como elemento de ordenación para evidenciar ese conflicto que tal vez es en el espacio del arte en donde mejor se tramita: un conflicto con la vida que se hace, con los recuerdos que van y vienen y con los deseos que marcan toda nuestra existencia. Creo que ese intento admirablemente trabajado por Fellini hace que esta película se a una obra maestra.

Por último recordemos que cada arte tiene una manera de auto-referenciarse. Así como hay pintura acerca de la pintura o literatura que trata de escritores y de poetas, Ocho y medio de Fellini es una película que trata del cine pero lo vincula a la vida. De ahí que no es raro que Guido sea un director, que esté rodeado de actores, de productores, de un crítico y de todo el equipo que interviene en cualquier filmación. Por eso es una película cinematográfica, pues no sólo se centra en contar una historia, sino que lo hace utilizando la única herramienta que le permite mostrar y experimentar de una forma singular e inimitable. Por eso Fellini puso su ojo detrás de una cámara.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA