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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo:

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Julio 7: Aniki Bóbó (1942)

Agosto 4: El Valle de Abraham (1993)

Agosto 18: Viaje al principio del mundo (1997) 

Septiembre 1: Vuelvo a casa (2001)

 

Ciclos anteriores

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Julio 9 - Rebelde sin causa – Director: Nicholas Ray. 1955

Julio 16 - El baño – Director: Zhang-Yang.  1999

Julio 23 -  La ciénaga – Directora: Lucrecia Martel. 2001

Julio 30 - Las horas del verano -  Director: Olivier Assayas. 2008

Ciclo: Familias

Julio 30 de 2011

 Película: Las horas del verano

 Director: Olivier Assayas

Año: 2008

Como ocurre sin darnos cuenta en la vida real, pasamos de niños y nos convertimos en adultos. Dejamos algo atrás en pos de lo que viene. Eso tal vez fue lo que le pasó a los tres hermanos, Adrienne, Frédéric y  Jérémie, que aparecen en esta historia. Ya enmarcados cada uno por sus propias preocupaciones, el trabajo y sus proyectos, surge entre ellos un conflicto cuando muere su madre, una mujer que ha envejecido solitaria y quien como un guardián fiel permanece hasta sus últimas horas preocupada por la suerte de la herencia familiar: una vieja casa y la colección de arte que perteneció al tío de ellos, el pintor Paul Bertier. El acuerdo al que llegan era de esperarse: donar una parte de la herencia al Museo de Orsay y vender la otra para que cada uno invierta en sus propios planes. Así Adrienne, la práctica diseñadora que gusta de fabricar objetos útiles, puede irse a Nueva York, y Jérémie, el hombre de negocios, se asentará tranquilamente en China; mientras, Fréderic, el economista, quizás a quien más le dolió separarse definitivamente de la herencia, permanecerá en Paris y visitará en el museo la obra que conoció desde niño en su propia casa. Alrededor de estos personajes la película nos presenta otro, ya no de carne y hueso, sino de columnas, puertas y ventanas: la casa en donde los hermanos crecieron; y asistimos entonces a ese despojo que se le va haciendo de lo que fue una historia compartida entre seres humanos y objetos, para terminar, como un ser viejo y desnudo que perderá la memoria de lo que ha sido lo más importante de su existencia.

En la película podemos encontrar tres posturas: la de Adrianne, quien es utilitarista pero reconoce valor sentimental en una bandejita que le evoca algo de su niñez; la de Jéremie, el hombre que encuentra la oportunidad económica de lo que deja su pasado para proyectarse al futuro; y la de Fréderic, el que pretende, sin medir a veces los costos simbólicos y económicos, conservar el legado de la familia. Esas posiciones distintas muestran cómo las cosas en una familia, los objetos, las relaciones y la misma historia de un grupo, significan algo diferente, o nada, para cada uno de los integrantes. De ahí un logro de la película es el de evidenciar que todo lo que se construye en la vida se perderá, con o sin dolor, y llegará un momento en el que seremos incapaces de gobernar nuestras propias conquistas, lo que hemos reunido, ya sea poco o mucho. Ese fue el drama de la madre: no había quien continuara guardando la herencia de Paul Bertier, pues los tres hijos, al hacer cada uno su camino, estaban por fuera del intento que quizás ella hizo de transmitir una sensibilidad frente a los objetos y los recuerdos familiares, sumándole la imposibilidad física de conservar semejante cantidad de cosas. Por eso la vivencia de la madre está acompañada de algo de fatalidad. Sin embargo Las horas del verano no es una película que recurra precisamente al patetismo, sino que muestra ese dolor que va intrínsecamente ligado a cualquier vida: el que trae la mortalidad, el paso del tiempo y el inevitable cambio al que podemos o no asistir. Aunque asimismo la cinta permite elaborar preguntas tomando la casa o la actitud de los personajes como una metáfora. ¿Puede un país, un grupo cualquiera ser indiferente ante su historia? Es imposible conservar todo lo que la humanidad hace, mas tampoco puede desecharse olímpicamente todo lo que nos rodea y que forma nuestra memoria. De todos modos hay que aceptar esa difícil abstracción que es la de hacer consciente cómo lo que somos en el presente es efecto de un pasado y ese pasado actúa continuamente sobre nosotros en el mismo presente, y por eso la dificultad de la transmisión y de cómo sin tirar la historia a la basura, podemos apropiarnos de ella.

Finalmente, aunque la sesión estuvo poco concurrida, tanto la película como la conversación aportaron elementos nuevos frente a lo que rodea a ese complejo grupo que es el de la familia.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

CICLO "FAMILIAS"

Sesión del 23 de julio del 2011

TITULO: LA CIENAGA

DIRECTORA: LUCRECIA MARTEL

GUIÓN: LUCRECIA MARTEL

PAIS: ARGENTINA/FRANCIA/ESPAÑA

AÑO: 2001

DURACIÓN: 1 hora-40 min.

 

La ciénaga, “opera prima” de esta directora nacida en Salta, al norte de Argentina en 1966, nos aporta una inquietante reflexión en nuestro ciclo sobre la familia.  Somos testigos del transcurrir de dos familias, la de Mecha, una mujer alcohólica y adinerada, que pasa los días tendida en su lecho, con un marido mantenido e inútil, tampoco ajeno a los problemas etílicos y unos hijos adolescentes, que no han logrado captar la atención de los padres. Tras un accidente de Mecha originado en su constante borrachera, acude Tali, la prima, perteneciente a un hogar menos favorecido económicamente, con una bulliciosa chiquillada en casa a quien atiende con paciencia infinita, sin dejar escapar una queja frente a la dura tarea que ella y su esposo se proponen de sacar adelante sus hijos.

Una ácida crítica a la clase media argentina es lo que constituye esta película. La ruina que se vive en la Mandrágora, la casa de campo en donde vive Mecha, cobija por igual edificación y moradores. Lo que fue una lujosa mansión es ya un sitio sofocante en donde nada funciona; una piscina de aguas pútridas en las que sin ningún reato se sumergen sus habitantes, buena metáfora de lo que sucede con aquellas gentes.  El hijo mayor reproduce la irresponsabilidad paterna. Personajes atrapados en atmósferas agobiantes; cicatrices de sus aventuras en el monte o de los accidentes caseros acompañan las cicatrices del alma, producto de la frustración. Sin embargo, aquellos seres fracasados en su experiencia vital, permanecen allí, como si un pesado sopor los inmovilizara, incapaces de cambiar el rumbo de sus vidas.  Sólo se escuchan amargas auto-recriminaciones: “¡Aquí nada funciona, esta casa es un caos y yo tengo la culpa por no haberlo echado antes!” se lamenta Mecha. La vaca atrapada en el barro es la imagen de aquellos seres sumergidos en la inacción, en un estatismo que aniquila sus espíritus.

No cabe duda al afirmar que los padres deben constituirse en un referente para sus hijos en cuanto a responsabilidad, ética, autoridad; pero adicionalmente, deben brindar adecuada protección frente a los riesgos inherentes a la inocente despreocupación de los niños que los hace especialmente vulnerables; los adolescentes de la Mandrágora bordean permanentemente la tragedia con la irresponsable manipulación de las armas de fuego que usan sus padres para la cacería.  Y el fatal accidente del pequeño en casa de Tali, es producto de un desafortunado descuido de su abnegada madre.

Como se ha repetido en estos espacios, podemos hablar de familia si entre sus miembros se han creado vínculos afectivos, construidos a lo largo de sus historias mediante la palabra, el intercambio de opiniones, inquietudes, dudas, angustias; pero ese diálogo es lo que está ausente en casa de Mecha; la vida de estos personajes transcurre en medio del tedio y la incomunicación, tendido cada cual en su lecho. Momi, la hija menor, sólo ha logrado crear un vínculo de amistad con la joven criada de la casa. En ese sentido, la familia de Tali marca diferencia pues vemos un padre que atiende las pequeñas necesidades de sus hijos y una madre que, no obstante la pesada carga, está permanentemente escuchando y solucionando, sin alterarse,  las pequeñas rencillas que surgen entre sus hijos.

Frente a la desesperanza de esas vidas, a la perpetuación de sus condiciones, la aparición de la virgen con el consiguiente fervor que origina, aparece como única alternativa para olvidar por un momento sus frustraciones,  la pérdida de las ilusiones y como evasión ante la dureza de sus vidas.

Para resaltar varios aspectos técnicos de la película; un guión impecable que desde el comienzo nos introduce en el tenso ambiente que rodea a los habitantes de la Mandrágora y que imprime a la historia un sentido circular, de asuntos no resueltos; el sonido totalmente natural contribuye a crear una atmósfera agobiante; recordemos ese exasperante ruido metálico de las sillas arrastradas junto a la piscina; la fotografía transmite el calor húmedo del entorno. El agua aparece como elemento purificador pero también amenazante cuando se advierte la tormenta en la montaña.  Destacable el manejo del tiempo, un tiempo incierto, no cuantificado ni explícito, que añade quietud a la historia; no es posible saber cuánto tiempo transcurre: ¿quizás dos, tres días?, ¿quizás semanas?  Habría que señalar también ese ligero toque de erotismo que la directora introduce en la película –recordemos la escena del baño de Verónica o el juego del hermano con sus prendas íntimas- momentos que por un instante cohesionan y sacan del letargo aquellos seres.

Por último, recordar que esta exhibición se apoya en la “Maleta de películas”, programa auspiciado por el PAN (Plan audiovisual colombiano) y el Ministerio de Cultura, dentro de la convocatoria abierta por esas instituciones para la formación de públicos en la apreciación de cine.

 

BEATRIZ FLOREZ          

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA