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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Hora: 6:15 p.m.

Entrada libre

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Próximo ciclo:

Cien años de la revolución rusa 

Mayo 12: Octubre (Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov, 1928)

Mayo 26: Rojos Parte 1 (Warren Beatty, 1981)

Junio 09: Rojos Parte 2 (Warren Beatty, 1981)

Junio 23: Taurus (Aleksandr Sokurov, 2001)

 

Ciclos anteriores

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Octubre 1 - Andrés Caicedo, Unos pocos buenos amigos – Luis Ospina - 1986

Octubre 8 - La historia del baúl rosado – Libia Stella Gómez - 2005

Octubre 15 - La primera noche – Luis Alberto Restrepo - 2003

Octubre 22 - Un tigre de papel – Luis Ospina – 2007

Ciclo: Algo más sobre el cine colombiano

Octubre 22 de 2011

Película: Un tigre de papel

Director:Luis Ospina

Año: 2007

Usualmente sin darnos cuenta los días van pasando, con ellos los meses y los años; y con el tiempo miramos atrás para tratar de hacer un alto en el camino; entonces vemos en una suerte de niebla a las personas, a las calles o a los objetos que nos acompañaron. De igual manera recordamos ese quijotesco recorrido de 100 películas, de miles de palabras surgidas en cien tardes de cine en conversación.  Y qué mejor acompañante para enmarcar nuestra celebración que Pedro Manrique Figueroa (Choachí, 1934) a quien se le debe el intento de introducir el collage en Colombia. Realmente un tipo singular y extraño; uno de esos que los muchachos deberían estudiar en sus clases aburridas con tijeras, colbón y papel en mano. Sí, Pedro Manrique Figueroa, un ejemplo típico del criollo, del compatriota destinado a participar de los grandes acontecimientos nacionales en la política y el arte, pero quien termina dispersándose para estar en todas partes. Un camaleón, un hippie, un artista, un político, un asalariado del tranvía, un don nadie. Un mito. Pero, y ante todo: un testigo del que dan fe múltiples figuras de la vida pública nacional como el cineasta Carlos Mayolo, la actriz Vicky Hernández, el biógrafo de Camilo Torres JoeBroderick o la artista Beatriz González. Pedro Manrique Figueroa fue un hombre que se atrevió a unir a Mao y a los ángeles, a Lenin y a Andy Warhol, y ponerlos a todos junto a figuras de demonios capitalistas. Por eso no debería sorprender la desaparición de Pedro Manrique Figueroa. En 1981 nuestro ignorado héroe nacional se esfuma de la vida pública, nadie da testimonio de él. Parece que se donó a sí mismo como si fuese una obra de arte, conservándose como un ser momificado, olvidado, al que prácticamente hay que unirle a pedazos todo el camino de su falsa existencia.

En casos como éstos, en los que utilizando los recursos de un documental tradicional se plantea una atmósfera históricamente reconocida alrededor de un ser ficticio, resulta pertinente preguntarse qué pone en evidencia el documental de Luis Ospina, más aún si tenemos en cuenta que lo que logramos conocer de la realidad es algo pequeño, confuso y fragmentado. Partiendo del hecho de que un director serio no busca sólo narrar un situación sino que utiliza una estrategia reflexiva, puede decirse que, antes que simplemente introducir un personaje a la larga lista de las biografías colombianas, es de suma importancia el trazo histórico del documental: pasamos por el asesinato de Gaitán, los años de la izquierda, el frente nacional, los movimientos estudiantiles, la aparición de artistas rebeldes, el surgimiento del cine en este país y le damos un vistazo a esa dinámica del siglo XX vivida en un lugar en donde prevalece la insensatez. De ahí que Un tigre de papel evidencie la manera como se establece definitivamente la trivialidad en Colombia, la cual ha estado trágicamente acompañada por la violencia. ¿Y qué caminos le quedan al ciudadano de a pie, común y corriente para contrarrestar la falta de rumbo político, y por lo tanto, cuáles han sido los pasos fracasados en este intento de país? Podemos rastrear el movimiento armado desgastado cada vez más con los años; luego la línea del realismo socialista tan cercana a la religión; en tercer lugar encontramos el arte del collage marcado por la ridiculez y finalmente la despolitización ingenua que inauguró el hipismo. Cuatro posibilidades, cuatro fracasos, cuatro desilusiones. Tal vez en este paso por cada uno de estos fallos es que resalta cierta inverosimilitud de Manrique Figueroa; sin embargo, ese collage que es la vida de cualquiera de nosotros cuando la narramos, ese collage que es el documental de Ospina y ese collage que es la historia de Colombia hace muy verosímil y posible la vida del protagonista y también la de cualquiera de nosotros. Somos, y tal vez seguiremos siendo, Pedro Manrique Figueroa, un colombiano que no ha existido pero que se parece a muchos de nosotros.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Sesión del 15 de octubre del 2011

TITULO: LA PRIMERA NOCHE

DIRECTOR: LUIS ALBERTO RESTREPO

GUION:  ALBERTO QUIROGA Y LUIS ALBERTO RESTREPO

PAIS: COLOMBIA

AÑO: 2003

DURACIÓN: 88 min.

 

Una mujer que afanosamente arrulla a sus dos bebés y cuya mirada deja ver la incertidumbre que la embarga; un hombre que a pocos pasos de ella le dirige miradas furtivas, cargadas de rabia,  es la escena que nos introduce en la tragedia de estos dos seres, que es también la tragedia de sus familias, la de sus vecinos allá en el caserío y la de millones de campesinos afectados por el desplazamiento forzado a que se han visto abocados por décadas en la historia de nuestro país a causa del conflicto armado.

Una historia sencilla: la primera noche, que como anotaba un espectador, es sólo una de las varias primeras noches, esa larga serie de eventos que marcan cada vez el inicio de un viraje trágico en la vida de los protagonistas; una historia que tiene como telón de fondo el caserío donde Toño y su hermano crecen y al que un día llega Paulina, con toda la belleza, la frescura y la alegre despreocupación de su adolescencia; Los dos hermanos que compiten por el amor de la muchacha quien finalmente no se decide por Toño sino por su hermano;  La madre de los dos muchachos que ve con angustia cómo sus hijos toman direcciones opuestas: uno marcha con su tío a la guerrilla y el otro, que alimenta su deseo de estudiar, se enrola en el ejército que le permitirá obtener la libreta militar, requisito para acceder a un trabajo, puente a su vez para cumplir su propósito. Posteriormente la tragedia que irrumpe y hace estallar en mil pedazos la relativa tranquilidad de la que disfrutaba el caserío: los paramilitares han arrasado el pueblo con  la tácita connivencia del ejército; la venganza de Toño que sella el inicio de su fin.

Una película con tal fuerza en sus imágenes que, a pesar de tratarse de  un drama que registran noticieros y diarios del país, día tras día, nos deja con un nudo en la garganta. Un muy bien logrado uso del flashback, va tejiendo poco a poco la historia, develándonos ese pasado que arrastran los protagonistas.  Hay que señalar también la forma de abordar la violencia propia del conflicto, sin el menor asomo de ese morbo que tanto gustan de explotar ciertos medios.

Entre tantas reflexiones que nos suscita la historia, señalemos, además del conflicto armado con los dramas humanos a que da origen, la descomposición de un Estado en donde aquellos que supuestamente están para proteger a los más indefensos, entran en oscuras alianzas con grupos irregulares; los vínculos familiares que se deshacen, dejando a las mujeres enfrentando en solitario su destino y el de sus hijos. La opción para los jóvenes de esas perdidas aldeas de nuestra geografía, sólo parece ser la de escoger violencia: la de las armas, sean legitimadas por el Estado, o al margen de la Ley; de lo contrario, el deambular por caminos, hasta llegar a las grandes urbes que devoran  a los indefensos que caen en ella.

Pero, ¿por qué Toño y Paulina no logran construir lazos de confianza y solidaridad para enfrentar ese incierto futuro en la gran ciudad? Quizás su total incapacidad para confiar en el otro, la dificultad de él para aceptar el rechazo inicial de la joven, la dificultad de ambos para hacer de la palabra un bálsamo a tantas heridas, todo esto, responda al endurecimiento de dos espíritus golpeados por la tragedia y las frustraciones vividas. No hay lugar para la esperanza en sus corazones.  Chispazos de solidaridad como el de la prostituta, o el fuego que les ofrece el reciclador, iluminan fugazmente su noche.

Inevitablemente una pregunta nos golpea: ¿Qué podemos hacer como ciudadanos? El asistencialismo nunca será solución e individualmente no podemos cambiar nuestra sociedad.  El trabajo organizado, constante, insistente, que se replique a diferentes niveles hasta que alcance los círculos de poder y que logre hacer más humana esa sociedad, desde el respeto de cada individuo, podría ser la salida. No hay otra vía.  Mientras tanto, el drama de estos dos seres se replicará hasta el infinito, invisibles para la sociedad, y lo último que verán, al igual que Toño, será esas edificaciones gigantescas que se yerguen amenazantes frente a sus ojos, en medio de la larga oscuridad de sus vidas.

BEATRIZ FLOREZ       

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA