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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Hora: 6:15 p.m.

Entrada libre

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Próximo ciclo:

Cien años de la revolución rusa 

Mayo 12: Octubre (Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov, 1928)

Mayo 26: Rojos Parte 1 (Warren Beatty, 1981)

Junio 09: Rojos Parte 2 (Warren Beatty, 1981)

Junio 23: Taurus (Aleksandr Sokurov, 2001)

 

Ciclos anteriores

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Un repaso por algunas películas memorables protagonizadas por Meryl Streep, con ocasión de los recientes homenajes por su carrera artística y el próximo estreno en cartelera de la película “La dama de hierro”.

LaAmanteDelTenienteFrances

Marzo 10 - Kramer vs Kramer – Robert Benton – 1979
 
Marzo 17 -  La decisión de Sophie – Alan J. Pakula – 1982
 
Marzo 24  - Las horas – Stephen Daldry – 2002

Marzo 31  - Memorias de África – Sidney Pollack – 1985

Sesión del 31 de marzo del 2012

TITULO:    MEMORIAS DE AFRICA

DIRECTOR: SYDNEY POLLACK

GUIÓN: KURT LUEDTKE

PAISES: ESTADOS UNIDOS

AÑO: 1985

DURACIÓN: 160 min.

Continuando nuestro ciclo “Mujeres en busca de sí mismas”, el turno fue esta vez para otra película protagonizada por la talentosa Meryl Streep. La historia, que se apoya en una autobiografía de la escritora danesa Isak Dinesen y otros escritos sobre su vida, nos traslada a los comienzos del siglo XX. Karen Blixen decide casarse con el Barón Blixen-Finecke, su primo lejano, quien atraviesa una difícil situación económica. La decisión está motivada por el anhelo de huir de una sociedad asfixiante para las mujeres y el deseo de obtener algún grado de libertad allá lejos, en Kenia (colonia británica por entonces), en donde el Barón adquirirá una extensa propiedad con el dinero de su esposa. Dejan claro los dos que el suyo será un matrimonio por conveniencia, que no los obligará a nada. Pero la vida con su marido en esas tierras no resultará tan fácil como lo había imaginado, frustración que se ve recompensada por el cariño que le despierta el país y sus habitantes, sobre todo, los niños, para quienes construye una escuela.  Conoce allí, a Denys Finch, un hombre que se dedica a la caza y con quien inicia una relación afectiva condenada al fracaso, pues él es un hombre que ama la libertad sobre todas las cosas y ella desea un compañero permanente a su lado. Finalmente, tras un revés económico y la muerte de Denys, Karen debe renunciar a esa pretendida independencia y regresar a Dinamarca.

Una vez más, la lucha de una mujer que busca definir su destino, separándose de esa sociedad que le impone roles que limitan su realización como individuo autónomo. Karen es valiente, pero el camino no es fácil y debe superar un sinnúmero de obstáculos: un amor inesperado y la imposibilidad de concretarlo, el encuentro con una cultura cuya mirada del mundo es diferente, los reveses económicos, la muerte… Todo eso le demostrará cuán difícil, por no decir utópico, es lograr la libertad. El amor que profesa a Denys le lleva a tratar de retenerlo a su lado, pero él antepone su independencia a una vida tranquila de pareja; cuando quiere enseñar a leer a los nativos, el anciano jefe de la comunidad ve amenazada su autoridad. Cuando, contra todo pronóstico, insiste en un proyecto agrícola, el fuego consume la última esperanza.

La cotidianidad de aquellos seres nos ofrece múltiples reflexiones: de un lado, el papel del colono en tierras ocupadas y la subordinación que se ejerce sobre los nativos; las relaciones jamás serán de igual a igual; la mujer negra que tiene que observar de lejos el funeral de su amante, un hombre blanco, nos evidencia la condición de inferioridad de esas gentes, antiguas dueñas del territorio. El colonialismo como sistema, es un encuentro que en el mejor de los casos, mantiene la diferencia, en otros, la elimina. ¿Choque de culturas o intercambio?  ¿Qué es lo que genera el colonialismo? La historia muestra que los procesos de este tipo que se dieron en el pasado se caracterizaron por la imposición de costumbres y creencias religiosas, produciendo en ocasiones, interesantes sincretismos pero también la pérdida de numerosas riquezas culturales. La conveniencia de enseñar la cultura del invasor siempre tendrá defensores y detractores; quizás abra para aquellos nativos, nuevos e insospechados mundos, pero tiene el peligro de formar seres para perpetuar una posición subordinada.  Muy significativa es la pregunta del anciano jefe de los kikuyos, cuando cuestiona la intención de Karen de enseñar a leer a sus gentes: “ustedes saben leer, y ¿de qué les ha servido? (para entonces había estallado la primera guerra mundial).

Durante la conversación, también afloró el tema de la posesión y el apego en la relación amorosa como elementos que chocan con la libertad y la independencia de los amantes. ¿Será posible prescindir de ellos? Pero, ¿puede construirse una relación sin un mínimo de compromiso? ¿O esa construcción obliga a poner límites razonables a la libertad individual, como ocurre en todos los ámbitos de la existencia humana?

Por otra parte, ¿cómo no destacar la importancia de la conversación en esta historia, habilidad encarnada en Karen, quien a la manera de Scherezada, teje historias cada noche para el  deleite de sus amigos?

Dediquemos estas últimas líneas a destacar los elementos artísticos de la película: la fotografía, a cargo de David Watkin, nos permite un emocionante recorrido a través de las extensas llanuras africanas acompañando antílopes y felinos que corren libres por ellas. La  escena del vuelo en la avioneta nos ofrece una extraordinaria panorámica, y finalmente, la música, compuesta en gran parte por John Barry, contribuye a realzar la grandiosidad del paisaje, a pesar de que a nuestro juicio, en algunos momentos asume un tono épico.   

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA


Sesión del 24 de marzo del 2012

TITULO:    LAS HORAS

DIRECTOR: STEPHEN DALDRY

AÑO: 2002

1921, Richmond, Inglaterra, la señora Woolf acosada por voces escribe su novela La señora Dalloway. 1951, Los Ángeles, La señora Brown le prepara una torta a su esposo para celebrarle el cumpleaños acompañada de su pequeño hijo Richie. 2001, New York, Clarissa Vaughn organiza una fiesta para honrar a su querido amigo el poeta Richard Brown.

Como en la novela de Virginia Woolf, asistimos a un día de la vida, a la vida contenida en un solo día. Virginia vive atrapada en un suburbio sin poder viajar a Londres, medita en la vida de Mrs. Dalloway, quien quizás es un retrato de sí misma. Laura Brown, una patética y perfecta ama de casa, lee el libro de aquella escritora y ese acercamiento marcará su destino. Clarissa Vaughn, llamada Señora Dalloway por su amigo Richard -un poeta galardonado pero quien está en el filo de la muerte que le causa el sida-  ve como sus planes se desmoronan y con ellos una parte de su vida cuando aquel se lanza por una ventana. ¿Y qué sigue después? Las horas, las horas de Virginia antes de perder su juicio, las que le restan a Laura para decidir si muere en la medrosa felicidad o vive en la angustiante incertidumbre, y las de Clarisse quien ya no tendrá para sí al poeta que le daba sentido a aquella monotonía de sus días. "Alguien tiene que morirse para que sepamos apreciar la vida" le responde Virginia Woolf a su esposo Leonard, y acaso esa afirmación resalta algo del contenido de la película: una muerte no necesariamente es el fin, es el duro comienzo para los que quedan vivos. 1941. Sussex, Inglaterra. La señora Woolf introduce algunas pesadas rocas en los bolsillos de su abrigo antes de suicidarse en el rio Ouse. Dentro de un sobre azul Leonard lee las últimas palabras que su amada esposa le escribió: No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido.

“Las Horas” es un filme basado en una novela del mismo nombre escrita por Michael Cunningham en 1999. Es una obra llena de sutilezas literarias, como la construcción de sus diálogos; visuales por el modo de componer con objetos simbólicos, las flores, las ventanas, los huevos, etc.; y musicales gracias a la brillante ambientación del renombrado Phillip Glass. En principio, podemos decir que asistimos a tres días simultáneos en tres momentos diferentes de un siglo. Más lo importante es que en esos tres días, que también equivalen a uno solo, comprobamos la tragedia de tres mujeres atrapadas, definiéndose a sí mismas, buscando un nuevo sentido para sus vidas que vaya en contra de lo que tienen establecido: Virginia Woolf interpretada por Nicole Kidman, Laura Brown por Julianne Moore y Clarisse Vaughn por Meryl Streep. El tema de la elección es importante: se trata de la manera como se hace la vida, de la posibilidad de vivir de acuerdo a las opciones o limitaciones que ofrecen tanto la misma sociedad como la propia subjetividad. A Richard, por ejemplo, el cuerpo le pone un límite, a Virginia la mente. ¿Fueron indignos sus suicidios? A Laura la existencia como ama de casa la mata, mientras Clarisse se auto-sometió al cuidado de Richard. Por eso el conflicto intrínseco entre poder y no querer, y querer y no poder. Unos podían vivir pero prefirieron la muerte a tiempo; en otros casos la vida se impuso a costa del tedio. "Era la muerte; yo elegí la vida" dice la anciana Laura Brown.

La conversación entonces resaltó como posibilidad el derecho y el deber de preguntarse por un sentido de la vida que siempre resultará enrarecido en un mundo acostumbrado a imponer “las razones para vivir”: unos invocan a su dios, otros a un poder de la ciencia representado quizá en la medicina, y habrá quienes creen se puede transferir dicho sentido a los demás. Sin embargo, es precisamente ese sentido de la vida el que no se le puede endosar a nadie, mucho menos en circunstancias en las cuales la enfermedad aparece como una realidad aplastante: Richard y Virginia optaron por la muerte cuando la enfermedad se les impuso por encima de eso que les había permitido la afirmación de la vida: la escritura. ¿Qué es la enfermedad y quiénes son los enfermos? Esa pregunta no se puede reducir sólo a unas patologías. ¿Acaso no estaba enfermo Dan Brown, el esposo de Laura, un hombre incapaz de escuchar a su compañera, apegado a sus rancias ideas de la felicidad?

Igualmente el escenario del lesbianismo aparece, creemos algunos, no para definir la película sino para revelar una parte cubierta de la sexualidad, escondida como suele esconderse lo vital cuando se impone o se sigue un ideal sin cuestionarlo. Es en cambio la valentía, aquella que encarnan cada uno de estos personajes, la que nos arroja a una posibilidad: la de hacerse cargo de la propia vida siempre con un telón de fondo: la tragedia, la infelicidad, la muerte…

Eduardo Cano

Corporación cultural ESTANISLAO ZULETA