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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo:

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Julio 7: Aniki Bóbó (1942)

Agosto 4: El Valle de Abraham (1993)

Agosto 18: Viaje al principio del mundo (1997) 

Septiembre 1: Vuelvo a casa (2001)

 

Ciclos anteriores

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Adam Elliot, Sylvain Chomet y Ari Folman, tres cineastas que le pusieron luces, sombras, colores, vapores, sonidos, formas, texturas y movimiento a la amistad, a la soledad, a la culpa, a esas y a otras vivencias humanas.

Abril 14: Mary and Max – Adam Elliot – 2009

Abril 21:  El ilusionista – Sylvain Chomet – 2010

Abril 28:  Vals con Bashir – Ari Folman – 2008

Ciclo: Humanidad que se animó

Película: Vals con Bashir

Director: Ari Folman

Año: 2008

Un hombre sueña con veintiséis perros rabiosos que lo persiguen, y sabe que esa pesadilla está relacionada con la guerra del Líbano en la que él mismo estuvo. En un bar le cuenta ese sueño a un ex compañero militar, Ari Folman, el director real de la película y quien efectivamente también participó en su juventud en la infantería de la fuerzas de Israel. Folman se sorprende al reconocer que no recuerda nada claro de ese periodo, a excepción de una imagen en la que están él y algunos compañeros bañándose en la playa de Beirut a la luz de bengalas que iluminan la noche y los edificios en ruinas cercanos a la orilla, mientras se desarrolla la terrible masacre de Sabra y Chatila. Vals con Bashir de alguna manera será un viaje del director en busca de su oscuro pasado, tratando de encontrar lo que ha perdido; de ahí que Ari Folman necesite indagar con sus ex compañeros, viajar a Holanda, entrevistar a una psicóloga, al primer periodista que cubrió la masacre y sumergirse en la verdad de que esa única imagen que conservaba de aquel tiempo esa sólo una sustitución que lo alejaba de una horrible pesadilla. ¿Y qué encontró Folman? Un crimen, un genocidio perpetrado por la Falange libanesa como retaliación por la muerte del líder Bashir Gemayel, en el cual asesinó a más de dos mil refugiados civiles libaneses, todo con la cínica y pasiva complicidad del gobierno y las fuerzas armadas de Israel.

Esta película, la cual no parece apropiada como antesala a una fiesta, deja en el espectador la idea triste de ese silencio terrible de la muerte. Durante una conversación que pareció corta para los temas a tratar se mencionó la particularidad del director-personaje como un hombre rodeado de masacres, quien después de más de veinte años trata de asumir en cierta medida la responsabilidad de lo que hizo para no sentir que los perros  del pasado se lo devoren como le ocurre a su amigo. La amnesia no deja de ser complicada, más aún en un entorno tan hostil como es el de cualquier guerra pues ¿Cómo hacer soportable una vida en el conflicto? ¿Qué ocurre cuando se nos cae la cámara que nos aleja de la realidad y nos permite mantener un tipo de cordura? ¿Qué hacer con la memoria si no se puede hacer nada creativo con ella? El olvido no es algo reprochable necesariamente, sin embargo la película muestra de un lado el cine como una catarsis, como un espacio para hacer algo con nuestra memoria, como una terapia. De todos modos sería apresurado decir que recordar sea inequívocamente salvador, y si para algunos el arte tiene esos efectos "benéficos", para otros el olvido es la posibilidad de seguir viviendo. No obstante las últimas imágenes de “Vals con Bashir”, filmadas directamente de los acontecimientos de la masacre de Sabra y Chatila sí lanzan un mensaje claro: lo que ha visto el espectador no es una simple recreación y por lo tanto ese genocidio no se nos puede olvidar a los seres humanos. De ahí que lo particular de esta animación, es que hace más soportable el drama al que asistimos sin caer en el amarillismo. Ese último mensaje del filme  debe ponernos a pensar sobre todo en nuestro país, el cual parece cada vez sin memoria, y debe incitar al rechazo de la guerra ya que ésta es lo peor de la humanidad, la enajenación más terrible, es la destrucción sin misericordia y sistemática del otro. Por eso luego de ver “Vals con Bashir” siempre sigue ese silencio propio de la culpa y de la muerte.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

TITULO: EL ILUSIONISTA  

DIRECTOR: SYLVAIN CHOMET

GUIÓN: JACQUES TATI

PAISES: REINO UNIDO Y FRANCIA

AÑO: 2010

DURACIÓN: 80 min.

La genialidad de Jacques Tati y el virtuosismo de Sylvain Chomet se unen en una animación, homenaje del director al inolvidable creador de Monsieur Hulot, dando vida a un guión que Tati no pudo concluir y que fue rescatado por su hija, Sophie Tatischoff.

Una preciosa película que respira melancolía por esos tiempos gloriosos ya idos, cuando la inocencia no perdida permitía creer en la magia, a la ilusión que entregaban unos artistas humildes, creadores de fantasía, payasos que con sus torpezas hacían reír a niños y adultos, ventrílocuos que se desdoblaban en muñecos de trapo, magos que hacían saltar de su sombrero conejos, en fin, todo un mundo de fantasía, de sueños.

El ilusionista, protagonista central de esta cinta, abandona París cuando la soledad empieza a ser su público cotidiano y emprende la aventura de asombrar gentes en la gris y lluviosa Escocia. Convertido en un mago itinerante, ha dejado atrás cortinas y alfombras rojas de los teatros parisinos, para actuar en pequeños bares de aldea, en medio de la euforia etílica de los habituales parroquianos. En Edimburgo, la situación no mejora. Además lo ha seguido Alicia, una muchacha humilde, deslumbrada por el poder de aquel hombre que hace surgir como de la nada, todos aquellos objetos que su floreciente vanidad le pide. Entonces, para subsistir, se ve obligado a ejercer los oficios más discordes con el suyo, fabricante de ilusiones: pasa a ser lavador de carros, anunciante de ropa femenina en la vitrina de un gran almacén, promotor de licores en otro sitio. Finalmente, convencido de que ya no hay sitio en este mundo para la ilusión, abandona todos sus bártulos de mago, incluido el travieso conejo que le ha acompañado en su trasegar. Es la dolorosa aceptación de la derrota, su decisión de no seguir luchando contra la “objetividad” de un  mundo que ha alcanzado hasta los chicos: recordemos cómo, en esa agónica presentación ante la madre y su pequeño hijo, éste le desvela el secreto del mago. La gente prefiere ahora el ruido y la histeria de otros espectáculos.

Es nuevamente el encuentro con Hulot, el anacrónico personaje de “Mi tío”, quien era desbordado por la tecnología y huía de la automaticidad en la que residía la familia Arpel. De hecho, el ilusionista en una ocasión entra en un pequeño teatro para encontrarse de frente, con su “alter ego”, en una escena de la vieja película mencionada. Aquí es un artista derrotado por la vorágine de los tiempos modernos El ocaso ha llegado para Tattischoff y esos otros fabricantes de sueños. Pero hay más que la nostalgia por la gloria que ha huido. Es el despertar de Alicia, que había seguido al mago deslumbrada por el poder de este hombre para cumplir, como por arte de magia, todas sus ilusiones. Pero aquella chiquilla se ha transformado en una mujer adulta, y el “encanto” que le ofrecía el viejo prestidigitador desaparece para dar paso a una realidad: la del amor que ha descubierto al lado de un joven con el cual marcha tras otra ilusión, en la cual, ella misma podrá ser actora. Una nueva vida que emprenderá armada con la enseñanza que, como postrer  regalo, le ha dejado ese padre adoptivo que se había cruzado en su vida: “Los magos no existen”.

Los seres humanos necesitamos de las ilusiones para enfrentar la dureza de la vida, y éstas parecen a veces tan reales, como la nieve que cree ver Alicia a través de la ventana y que la hace tiritar. Ilusiones que van cayendo, sumiéndonos en pequeños “duelos” cada vez que se esfuman. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Y cuáles son las ilusiones que se construye hoy la humanidad?

Hay una serie de símbolos interesantes en esta película: a medida que las ilusiones de Tatischoff desaparecen, vemos cómo las luces de los sitios en donde actuó alguna vez el viejo mago, se van apagando. Una asistente vio en esta historia una alusión al cuento de Hans Christian Andersen “Las zapatillas rojas” y destacó el simbolismo de los zapatos rojos  que el ilusionista compra para Alicia. Por otra parte, se llamó la atención sobre una serie de oposiciones implícitas en la película por ejemplo: los claro-oscuros de algunas escenas, el frío de Escocia frente a la calidez de sus gentes, incluida la solidaridad de Alicia quien salva la vida del desesperado payaso al llegar con un plato de sopa.

De otro lado, ¡cómo no destacar  el valor artístico de la creación de Chomet y su equipo de animación! Las acuarelas que, en opinión de los críticos, reproducen los paisajes escoceses con la mayor fidelidad; los escasos diálogos siguiendo la línea de Tati, que como anotaba un espectador, permiten la reflexión; el uso de los planos generales, tan usados por aquél, se repiten acá. Cerremos este texto, reiterando que la cinta es un emocionante homenaje a unos oficios venidos a menos, a unos hombres que en un determinado momento de la historia, pasaron de ser aplaudidos por gentes rendidas a su magia a derrotados por una modernidad en la cual ya no había sitio para el asombro.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA