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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo:

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Julio 7: Aniki Bóbó (1942)

Agosto 4: El Valle de Abraham (1993)

Agosto 18: Viaje al principio del mundo (1997) 

Septiembre 1: Vuelvo a casa (2001)

 

Ciclos anteriores

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

El documental, ¡también una exploración estética!

Programación:

Los-espigadores

Marzo 16

Los espigadores y la espigadora

Agnes Varda - 2000

Memoria de la sesión

latcho-drom

Marzo 23

Latcho Drom

Tony Gatlif - 1993

Memoria de la sesión

 

 

Cine en conversación, sesión del 23 de marzo del 2013

 

TÍTULO: LATCHO DROM (VIAJE SEGURO)

CICLO: EL DOCUMENTAL, ¡TAMBIÉN UNA EXPLORACIÓN ESTÉTICA!

DIRECTOR: TONY GATLIF.

GUIÓN: TONY GATLIF.

AÑO: 1993.

PAÍS: FRANCIA.

DURACIÓN: 103 min.

 

Tony Gatlif (Michel Dahmani), director, guionista, actor y músico, nacido en Argelia en 1948 y residenciado en Francia, perteneciente a la etnia romaní o gitana, nos conduce a través de la música y la danza, en ese incesante peregrinar de su pueblo, que partió hace más de mil años desde el noroeste de la India; el documental acompaña a varias comunidades gitanas en Turquía, Egipto, Rumania, Hungría, República Checa y finaliza en España.

Una comunidad que carece de memoria escrita y por lo tanto, sus tradiciones e historia es oral y se han transmitido de padres a hijos a través de la música; cantos desgarrados que hablan de su destino errante, del rechazo que han experimentado a través de los siglos por parte de aquellas sociedades en donde han tratado de establecerse, pero que también hablan de alegrías, del amor, de la familia. El temor a ese otro diferente, al “des-orden” de una vida nómada que no se ajusta a los cánones del sedentarismo, la hizo blanco de todo tipo de persecuciones de tipo religioso o político. Lo canta la anciana de Rumania, que lleva en su antebrazo el ignominioso número de identificación: “En Auschwitz la vida está tan lejos y la muerte tan cerca…”. Se calcula que entre 50,000 y 80,000 gitanos fueron exterminados en los campos de concentración durante el régimen nazi; pero también lo testimonia Cuita, la cantaora flamenca: ¿Por qué me escupes en la cara? ¿Es por mi piel morena y porque soy gitana? Y nos recuerda que desde Isabel la Católica, pasando por Hitler, Franco y Ceausescu, siempre han sido perseguidos. En España, concretamente en Badajoz, asistimos al desalojo de unos gitanos de las viviendas que ocupan. Cuántas dificultades puede acarrear el encuentro con ese otro que llega con otras sensibilidades, con otra lengua, otra visión del mundo; con tipos de organización política y social totalmente diferentes; es una realidad que no puede ignorarse. ¿Cómo resolver ese choque cultural? Hoy en día, asistimos a la represión de que es víctima este pueblo a manos de los Estados europeos, represión que se ha agudizado a partir de la crisis económica a que está abocado el viejo continente. Necesitamos una gran dosis de tolerancia y respeto por el otro.

Es evidente la diferencia entre los varios grupos, según las regiones en donde se han establecido, lo que nos indica una influencia de doble vía: el pueblo gitano ha asimilado rasgos de las culturas locales, pero a su vez, ha dejado en ellas profundas huellas. Eso es particularmente claro en los instrumentos que cada comunidad gitana utiliza: En Europa Central aparece el violín, en España, las castañuelas han reemplazado los pequeñísimos platillos en cobre de antaño.

La música y la danza, hilos conductores de este documental, son también espina dorsal de esos pueblos; acompañan su cotidianidad, no constituyen un espectáculo ofrecido para la diversión de otros; son reafirmación permanente y medio de transmisión de su cultura, de su identidad; las niñas imitan los pasos de baile de sus mayores, los chicos ensayan tímidamente cómo arrancar el ritmo de los instrumentos que tocan los hombres. Y los ancianos no son marginados de la fiesta, al contrario, participan activamente de ella, dando testimonio de su pasado. Parafraseando a Tarkovsky podríamos decir que Latcho esculpe historias en el aire mediante sonidos. ¿Puede la música generar sentimientos de pertenencia a una comunidad? nos preguntamos; Así parece ser en este caso, reemplazando a la tierra como factor aglutinante en las comunidades sedentarias. Algunos rasgos que caracterizan su idiosincrasia, como la endogamia, quizás estén dirigidos a preservar su cultura. De otra parte, en oposición a los mitos que circulan sobre su rechazo al trabajo, vemos unas comunidades laboriosas, en donde las mujeres también participan de tareas rudas como dar figura en la forja, a diversos instrumentos de trabajo.

Concluyamos destacando la fotografía que realza el colorido de sus fiestas y la calidad de los músicos seleccionados en los diferentes países como el grupo Taraf de Haidouks de Rumania y la cantante Cuíta de España.

BEATRIZ FLÓREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA.

 

Cine en conversación, sesión del 16 de marzo del 2013

 

 

TÍTULO: LOS ESPIGADORES Y LA ESPIGADORA.

CICLO: EL DOCUMENTAL, ¡TAMBIÉN UNA EXPLORACIÓN ESTÉTICA!

DIRECTORA: AGNES VARDA.

AÑO: 2000.

DURACIÓN: 82 min.

 

En el Museo D´Orsay, en Paris, se encuentra el cuadro Las espigadoras de Jean Francois Millet. En él aparecen tres mujeres recogiendo las espigas que han dejado los segadores en el rastrojo. Este será la primera estación de un viaje realizado por Agnes Varda, y el espectador con ella, buscando esas otras maneras de vivir que curiosamente dependen de lo que se desecha. Es así como el viaje la llevará a detenerse junto a aquellos que aprovechan las patatas desechadas por no cumplir los estándares del mercado, observará a los que recogen las uvas que no se recogieron en la cosecha, conocerá a un hombre bondadoso, con título universitario, que vive de los desperdicios que dejan los supermercados, a un chef que cocina con ingredientes que espiga del campo siguiendo una tradición familiar, a los gitanos que se suman a los cinturones de miseria, a artistas plásticos que resignifican lo que la gente ya ha olvidado, a okupas solitarios, a vagabundos, abogados, en definitiva, a toda la humanidad de espigadores modernos que sobreviven repitiendo, acaso sin saberlo, el gesto de las mujeres que había pintado Millet. De ahí que la misma Agnes Varda se reconoce como una espigadora, una espigadora en su caso, del tiempo y de la memoria, de los sentidos y de las preguntas que constantemente tiramos a la basura.

Luego de presentarnos la multiplicad de espigadores, los cuales en su mayoría pasan desapercibidos, se abrió la conversación acerca del documental. En primer lugar resaltó esa triste realidad que deja la lógica del capitalismo en la cual se privilegia el mercado antes que las necesidades humanas, de ahí que no es gratuito que miles de toneladas de papa se boten mientras gran cantidad de gente padece el hambre; la directora muestra que en un llamado país del "primer mundo", supuestamente desarrollado, realidades como la inequidad, la exclusión, la pobreza y la miseria golpean implacablemente a una parte de la población que se encuentra desahuciada. Sin embargo también fue de notar que espigar no se circunscribe solamente a cuestiones de alimentación, sino que el mismo acto de recoger hace parte de la cotidianidad. En ese sentido se recordaron dos tomas en particular: la de un reloj de acrílico sin manecillas que ella misma recogió y el primer plano de la mano de Agnes, a manera de un autorretrato, en donde resaltaron las arrugas hasta aparecer grotescas. Esa manera tan poco "formal" de presentar lo que ella desea, es a la vez la que genera un estilo y una relación particular con el espectador, de hacer que él la acompañe en su viaje y sea afectado tanto por la temática como por los personajes. No es gratuito entonces que la directora se encargue de incluir aquellas “falencias" que en otro tipo de documentales se suprimirían, tales como dejar la cámara grabando simplemente en el piso o concentrarse de un momento a otro en algo que le llama la atención como las humedades de la pared tal si se tratara de una divagación visual que va relacionada con el modo en que pensamos: arrancamos en un punto, vamos a otro, volvemos, sopesamos diferencias, nos perdemos, algo nos trae de nuevo al problema, encontramos metáforas y nuevos lenguajes, etc. Es así que la calidad del documental se nos ofrece artísticamente, abre miradas y propone un nuevo mirar, una nueva forma de entender este mundo, desde el punto de vista del espigar. Espigar: (v. tr.) buscar, rebuscar, escoger, recoger. ¿Qué es lo que recogemos en este mundo? ¿Acaso las posibilidades en la existencia se nos han reducido tanto que sólo nos queda recoger alimentos en la basura para sobrevivir? ¿Qué es lo que estamos ahora espigando?

Quizás afuera, en la calle, siguiendo el gesto que pintó Millet en aquellas tres mujeres en el campo, o repitiendo el impulso de Agnes Varda al enfocar su mano, hay un hombre taciturno, una mujer acongojada, un joven entusiasmado, un anciano mirándose al espejo, alguien, alguien, espigando el tiempo.

EDUARDO CANO

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA