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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo:

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Julio 7: Aniki Bóbó (1942)

Agosto 4: El Valle de Abraham (1993)

Agosto 18: Viaje al principio del mundo (1997) 

Septiembre 1: Vuelvo a casa (2001)

 

Ciclos anteriores

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Michael Haneke: La progresiva glaciación emocional

"No odio en modo alguno el cine comercial. Es perfectamente lícito. Hay mucha gente que necesita evadirse porque quizás atraviesen situaciones personales difíciles. Pero eso no tiene nada que ver con una manifestación artística. Una manifestación artística está obligada a confrontarte con la realidad".

Michael Haneke.

Programación:

septimo-continente

Abril 13

El séptimo continente

Michael Haneke - 1989

Memoria de la sesión

video-benny

Abril 20

El video de Benny

Michael Haneke - 1992

Memoria de la sesión

71-Fragmentos

Abril 27

71 fragmentos de una cronología del azar

Michael Haneke - 1994

Memoria de la sesión

el castillo

Mayo 4

El castillo

Michael Haneke - 1997

Memoria de la sesión

 

 

 

 

 

 

 

Cine en conversación, sesión del 23 de marzo del 2013 TÍTULO: LATCHO DROM (VIAJE SEGURO) CICLO: EL DOCUMENTAL, ¡TAMBIÉN UNA EXPLORACIÓN ESTÉTICA! DIRECTOR: TONY GATLIF. GUIÓN: TONY GATLIF. AÑO: 1993. PAÍS: FRANCIA. DURACIÓN: 103 min.

Cine en conversación, sesión de mayo 4 de 2013

 

CICLO: MICHAEL HANEKE, LA PROGRESIVA GLACIACIÓN EMOCIONAL.

DIRECTOR: MICHAEL HANEKE.

AÑO: 1997

PAÍS: AUSTRIA.

DURACIÓN: 123 min.

Un pueblo frío, oscuro, perdido, desconocido, en el que casi podría decirse que el tiempo no existe. A él llega el señor K y se dirige a una taberna. En su interior también la atmósfera es enrarecida, asfixiante, enfermiza, como si el aire y las personas mismas estuviesen contaminados o anestesiados por algún tipo de virus invisible que no se halla sólo en los cuerpos, sino también en las almas. K ha llegado al pueblo para cumplir una tarea de agrimensura encomendada por EL castillo. Está cansado, sólo quiere dormir; sin embargo el hijo del alcalde lo despierta pues cree que K es un impostor, más una llamada inesperada le anuncia al desconfiado que efectivamente se trata de un agrimensor. En ese momento K sonríe antes de continuar con su plácido sueño; no obstante, su despertar estará muy alejado de un cuento de hadas. K, un extranjero, se pasará el tiempo tratando de ser reconocido por las autoridades e infructuosamente tratará de acercarse un poco a esa fortaleza que nunca vemos ¿Acaso él puede siquiera atisbar a lo lejos una vaga forma del castillo? Incluso quienes pueden ayudarlo y contactarlo con las autoridades no son de fiar: dos torpes ayudantes gemelos, Barnabás, el mensajero que todavía no lo es, y Frieda, una amante insegura quien pone en duda el encuentro con Klamm. ¿Y quién es Klamm? ¿Lo sabemos, lo sabe K? Klamm es una autoridad más, inaccesible como las otras, casi un concepto que duerme al otro lado de una puerta y al cual no se puede molestar. Por eso K termina también durmiendo sobre los pies del grueso Erlanguer, quien le explica el funcionamiento del sistema mientras el agrimensor es vencido por el cansancio, por lo que hasta el momento se le escapa y no ha logrado comprender. De ahí ese final incierto, el del libro y la película, cortante, el cual deja al protagonista caminando contra el viento y el frío, no ya por una escena, sino por toda la eternidad.

 

Cierta dificultad en principio surgió para hablar de El castillo, la película, pues es innegable su fidelidad al texto original. Por eso no es gratuita la pregunta sobre en qué medida se la puede tomar como una unidad independiente, ya que la intención de Haneke es abiertamente la de respetar en la medida de lo posible la forma de la novela de Kafka, por lo cual este filme recuerda a un libro ilustrado que muestra en imagen lo que el texto narra en palabras. Sin embargo no se debe subestimar el resultado, ya que no se trata de un autor cualquiera, sino de Kafka. ¿Cómo hacer una imagen sobre un texto de semejante escritor? En la forma, Haneke utiliza ciertos recursos más o menos pertinentes y acertados: el fundido a negro para generar la idea de lo inconexo, las atmósferas nevadas, oscuras y frías, el uso de un narrador que cuente lo que sucede, la selección de los actores, entre otros. En cambio, de lado del contenido la separación entre la novela y la película es prácticamente imposible, pues se trata de problemas kafkianos que se apropia el director para trabajarlos. En principio está la situación de K, un extranjero, un hombre que tiene sólo en su profesión la identidad que los demás reconocerán, un extraño y un extrañado frente a las circunstancias, sumido y consumido por un mundo fraccionado, vago, asfixiante, en el cual el tiempo parece compararse sólo con la figura del hielo eterno, de un presente congelado del que nadie puede escapar; de ahí la inevitable ruta hacia la glaciación de las emociones de todos los personajes; mundo, espacio y tiempo dominados por una autoridad invisible, inaccesible, que para tramitar las relaciones de los súbditos con el poder sólo ofrece el camino de la burocracia; que reprime, antes que con la fuerza, con la mentalidad y la resignación de los habitantes a ese sistema naturalizado. En definitiva, asistimos en imágenes a la representación de lo que es un absurdo. Absurdo que al fin y al cabo no es tan lejano y devora a quienes se atrevan a cuestionarlo. Por eso la constante intranquilidad de K, porque aún hay algo que no se satisface, pues necesita reconocimiento, así aún no haya entendido el sistema de relaciones que lo gobierna. Queda por lo tanto la pregunta de si es posible darle a lo humano un trámite burocrático que no diluya la identidad en la figura de una profesión.

 

Finalmente el cierre de la película es a la vez kafkiano y “hanekiano”: todo interrumpido, todo vago, pero dejándole al espectador la idea de que algo esencial quedó flotando allí; como la robusta y calva figura de Burgel recostado en su cama, enunciando una verdad que nos hace dormir, o la puerta, nunca abierta, que conducía hasta la desconocida figura de Klamm: está ahí para nosotros, pero quizás, y al igual que en el relato Ante la ley, preferimos esperar para que otro la abra y resuelva su confusa significación. Y cómo de alguna manera se enuncia en la película, hasta aquí pudo llegar este escrito.

 

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA