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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Hora: 6:15 p.m.

Entrada libre

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Próximo ciclo:

Cien años de la revolución rusa 

Mayo 12: Octubre (Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov, 1928)

Mayo 26: Rojos Parte 1 (Warren Beatty, 1981)

Junio 09: Rojos Parte 2 (Warren Beatty, 1981)

Junio 23: Taurus (Aleksandr Sokurov, 2001)

 

Ciclos anteriores

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto I.

¿Cuántas veces deberá el hombre desangrarse sobre un escenario, sobre una pantalla, sobre un papel, como aún hoy lo hace, en esta cárcel nuestra que es la vida? ¡Oh maestro fecundo del conflicto, ¿dinos hasta cuándo tendremos que volver al tejido inagotable de tus sueños? Sí, ya lo sabías muy bien, esto es sólo un teatro donde cada cual ha de representar su papel. Por eso ahora, ¡que se abra el telón! Oh Shakespeare, ya estás de regreso. Toma asiento aquí a mi lado, que el mundo sigue levantando a nuestros ojos la muralla de sus ruinas.

Eduardo Cano

 

EnBuscaDeRicardoIII

Julio 13


En busca de Ricardo III

Al Pacino - 1996

Memoria de la sesión

Cesar-debe-morir

Julio 27


César debe morir

Paolo y Vittorio Taviani - 2012

 Memoria de la sesión

 

Cine en conversación, sesión de julio 27 del 2013

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto I

Película: César debe morir

Dirección: Paolo y Vittorio Taviani

Año: 2012

En siglos por venir se verá a actores representar

esta grandiosa escena nuestra, en reinos aún por nacer

y en idiomas aún por inventar.

Tomado de: César debe morir

 

Gracias a un taller teatral la cárcel romana de Rebbibia se transforma en la sede del gran imperio que gobierna Julio César, y bajo la dirección de Fabio Cavalli, algunos de los poco ejemplares prisioneros, Salvatore, Cosimo, Giovanni, Antonio, Juan Dario, Vittorio, Rosario y Vicenzo, hombres rudos, crueles en otro momento de sus vidas, déspotas, homicidas y sinvergüenzas, asumirán la tarea de darle fin a la presencia del tirano. Es así como en nuestros días los reos asumen el texto que Shakespeare escribió hace más de cuatro siglos, y prácticamente lo vivifican, lo encarnan y hacen de todo alrededor parte del escenario. “A veces parece que Shakespeare habla de Nápoles” dice uno de los actores, pues en tanto transcurre la película dejan de ser solo presos; de una afirmación como esas se reconocen los dos planos en que se desenvuelve la película: a color mientras realizan la representación oficial de la obra y a blanco y negro, durante los ensayos, cuando los presos alcanzan una forma de la libertad. Giovanni Arcuri será en adelante el poderoso César, Cosimo Rega el conspirador Casio y Salvatore Striano asumirá no el rol sino la existencia misma de Bruto, el angustiado traidor. No es por eso gratuito el doble juego de este filme: hombres encerrados en un espacio institucional ponen en escena a personajes en búsqueda de la libertad; hombres que han perdido acaso con justa causa el mundo de afuera, encuentran, también con justa causa, el universo que habita en ellos desde muy adentro. Y es que después de abandonar la sala, nosotros los espectadores, ya no veremos de igual manera a un recluso, ni a Shakespeare, ni a Julio César, ni a Casio y sobre todo a Bruto, ese hombre del filme y el de hace dos mil años que se debatió en el gran dilema que atravesó su vida: salvar a Roma penetrando con un puñal el pecho de su mejor amigo.

César debe morir cuestiona en principio lugares comunes que en ocasiones se enuncian ¿Qué hacen unos “monstruos de la sociedad”, criminales, narcotraficantes, ladrones, homicidas, representando una sublime obra? Sin embargo vemos que los presos interpretan con tanta sensibilidad, como pasión, se transforman y permiten que el espíritu del gran maestro del teatro isabelino ingrese en ellos y recorra todos los pasillos y las celdas de la prisión, de ahí que la misma cárcel desaparece, incluso para los espectadores (que son en ocasiones los compañeros de celda) pues ya no se trata de un presidio, sino de la gran Roma. Aun así persisten ciertas paradojas: en primer lugar sobre lo que estamos viendo: ¿documental o ficción? También es atractivo el hecho de que los reclusos luchen por una libertad imaginaria ya que en su presente real no la tienen; y en tercer lugar, así estén purgando una deuda, en la obra están obligados a cometer un nuevo crimen, uno de los mayores: la traición. Así pues, cabe preguntarse ¿qué es lo liberador de lo artístico? Fue evidente que en la mayoría de los participantes, gracias a esa actividad teatral, se posibilitó una transformación personal, y por ella los actores pudieron salirse e ingresar en sí mismos, conocer y conocerse. Mas, cuando se sabe que algo de la vida está irremediablemente perdido ¿Por qué promover un tipo de arte que genera una crisis, que confronta, que nos lleva a salir de un estado anterior sumido en la segura resignación y en la anestésica conformidad? Es muy pertinente esta película para pensar con mayor detalle lo que significa el papel resocializador de la condena en una cárcel y el arte como un medio para llevarlo a cabo, ya que ante esta representación de los hermanos Taviani se afianza la idea de que el mundo no puede dividirse tajantemente entre buenos sin responsabilidad y malos a quienes hay que castigar.

Queda la cuestión de que semejante actividad teatral en dicho filme se realizó con seres muy particulares ¿Podría replicarse esa experiencia con igual éxito en nuestra ciudad? ¿Qué resultaría? Incertidumbre. Como fue incertidumbre lo que vimos en la mirada de aquél reo Cosimo Rega –condenado a cadena perpetua por homicidio- quien en la última función dejó el papel de Casio tirado sobre las tablas, y al regresar solo encontró el vació que lo obligó a pronunciar una frase desgarradora y desesperante: “Desde que conozco el arte, esta celda se ha convertido en una prisión”

Eduardo Cano.

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

Cine en conversación, sesión de julio 13 del 2013

TÍTULO: EN BUSCA DE RICARDO III

DIRECTOR: AL PACINO

GUIÓN: ADAPTACIÓN DE AL PACINO

PAIS: ESTADOS UNIDOS

AÑO: 1996

DURACIÓN: 109 min.                

 “Estamos hechos del mismo material de nuestros sueños”,

                                                         (extracto del Monólogo de Próspero, La Tempestad, Shakespeare)

Con esta frase escuchada en “off” comienza la película seleccionada para iniciar el ciclo sobre Shakespeare, que se extenderá hasta el mes de agosto. Un interesante experimento de Al Pacino, en su estreno como director; un intento de llevar la obra del inmortal bardo de Stratford-upon-Avon nacido en 1564, a un público que quizás lo considera aburrido y anacrónico. El resultado, una película entre lo documental y lo argumentativo, en donde asistimos a los prolegómenos de la filmación, cuando el director y su equipo se dedican a conversar con desprevenidos estudiantes, profesores y gentes del común, sobre su conocimiento e impresión del drama que se proponen llevar a la pantalla, y que además, nos permite ver a los actores en su proceso de desentrañar, línea a línea, la obra, de ir explorando los sentimientos que el escritor puso en cada uno de los personajes. Una búsqueda que los lleva a recorrer los lugares vinculados a la historia del poeta: la casa en donde nació y el pequeño teatro “El Globo”, en donde representaba sus obras.

El encuentro con esta película nos permite constatar la vigencia y universalidad de la obra de Shakespeare, la agudeza de su mirada que sabe desnudar el alma humana para dejar al descubierto toda la grandeza que puede encerrar, pero también los sentimientos más bajos que pueden anidar en ella. Es la tragedia como expresión de las tensiones a que está sometido el hombre, entre la ley y su propio deseo. Es la palabra que en Shakespeare se hace música, y que en Ricardo se convierte en mortífera arma que va halagando aquí, envenenando allá, mintiendo siempre, vehículo de su desenfrenada ambición de poder. Frente a la vida de este hombre, surgió la pregunta: ¿es la maldad algo natural al hombre? ¿En otras palabras, se nace malo o bueno? Freud nos ha dicho que en el hombre coexisten maldad y bondad y hay tensiones interiores que hacen prevalecer una de las dos inclinaciones. Él mismo intentó una explicación de la conducta de este personaje, a partir de las siguientes palabras del ilegítimo Rey:

”Mas yo, que no estoy hecho para traviesos deportes,

ni para cortejar a un amoroso espejo;

Yo, que con mi burda estampa carezco de amable majestad

Para pavonearme ante una ninfa licenciosa;

(….)

“Y pues que no puedo actuar como un amante

Frente a estos tiempos de palabras corteses,

Estoy resuelto a actuar como un villano

Y odiar los frívolos placeres de esta época”

Dice pues Freud: podemos interpretar estas palabras como: “La naturaleza ha cometido conmigo una grave injusticia, negándome la bella figura que hace a los hombres ser amados. La vida me debe un resarcimiento que yo me tomaré. Tengo derecho a ser una excepción, a pasar por encima de los reparos que detienen a otros. Y aún, me es lícito ejercer la injusticia, pues conmigo se la ha cometido”

No es extraño que un hombre como Pacino, quien también pasó por las tablas, haya logrado esta excelente adaptación de la tragedia de Shakespeare. Tanto él, en su personificación de Ricardo III, como los demás actores y miembros del equipo estudiaron a fondo la psicología de los personajes, metiéndose bajo su piel, profundizando en su historia, y entregándonos una pieza fílmica que, gracias a un perfecto montaje, no pierde intensidad a pesar de la alternancia de documental y argumento. La música y el color, cuyos tonos varían del rojo más intenso para la actuación actoral y colores naturales para lo documental, colaboran en su separación inequívoca. Como comentaba una asistente, ese juego entre documental y película nos producía por momentos, la impresión de estar frente a una pintura que se abriese y cobrase vida para permitirnos entrar en ella. Definitivamente, es una invitación para acercarnos a la obra de Shakespeare.

Una reflexión nos deja esta película: el acercamiento a las grandes obras de la literatura debe empezar desde temprana edad, y familia y maestros tienen allí un papel importante. Y para cerrar, un bello texto escrito por nuestro compañero Eduardo Cano con motivo de este ciclo, y que nos invita a soñar, como lo sugiere el epígrafe de esta relatoría:

Representando a Shakespeare – Acto I

¿Cuántas veces deberá el hombre desangrarse sobre un escenario, sobre una pantalla, sobre un papel, como aún lo hace, en esta cárcel nuestra que es la vida? ¡Oh maestro fecundo del conflicto! dinos, ¿hasta cuándo tendremos que volver al tejido inagotable de tus sueños? Sí, ya lo sabías muy bien, esto es sólo un teatro donde cada cual ha de representar su papel. Por eso, ahora, ¡Que se abra el telón! ¡Oh Shakespeare, ya estás de regreso! Toma asiento aquí a mi lado, que el mundo sigue levantando a nuestros ojos la muralla de sus ruinas.

                 BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA