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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo:

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Julio 7: Aniki Bóbó (1942)

Agosto 4: El Valle de Abraham (1993)

Agosto 18: Viaje al principio del mundo (1997) 

Septiembre 1: Vuelvo a casa (2001)

 

Ciclos anteriores

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

¿Cuántas veces deberá el hombre desangrarse sobre un escenario, sobre una pantalla, sobre un papel, como aún hoy lo hace, en esta cárcel nuestra que es la vida? ¡Oh maestro fecundo del conflicto, ¿dinos hasta cuándo tendremos que volver al tejido inagotable de tus sueños? Sí, ya lo sabías muy bien, esto es sólo un teatro donde cada cual ha de representar su papel. Por eso ahora, ¡que se abra el telón! Oh Shakespeare, ya estás de regreso. Toma asiento aquí a mi lado, que el mundo sigue levantando a nuestros ojos la muralla de sus ruinas.

Eduardo Cano

 

Programación:

macbeth1971

Agosto 3

Macbeth

Roman Polanski - 1971

Memoria de la sesión

OthelloWelles

Agosto 10

Othello

Orson Welles - 1952

Memoria de la sesión

HamletKosintzev

Agosto 24

Hamlet

Grigori Kosintzev - 1964

Memoria de la sesión

HenryV

Agosto 31

Henry V

Kenneth Branagh - 1989

Memoria de la sesión

 

 

 

 

 

 

 

 

Cine en conversación, sesión agosto 31 de 2013

 

TÍTULO: HENRY V

DIRECTOR: KENNETH BRANAGH

GUIÓN: KENNETH BRANAGH (WILLIAM SHAKESPERARE)

PAIS: REINO UNIDO

AÑO: 1989                                              

DURACIÓN: 138 min.                                            

                                                                                         “Un reino como escenario, súbditos como actores y

monarcas como espectadores de la escena sublime.“

Esas palabras pronunciadas por el narrador, personaje que en la película sustituye al coro, resume el prodigio del arte, capaz de dar un vuelco a las rígidas y ancestrales jerarquías; en el teatro, el autor hace que sean los actores quienes tomen las riendas de los acontecimientos, representándolos sobre un tablado (o en los grandes salones de las cortes hace unos siglos) para criticar, enaltecer o mofarse de sus gobernantes.

Esta película cierra nuestro ciclo sobre el poeta inglés (1564-1616), curiosamente muerto un día después de su par en las letras castellanas, Miguel de Cervantes. Asistimos a una extraordinaria adaptación de otra de sus obras, esta vez, por el director norirlandés. Branagh no renuncia en su montaje a la teatralidad de la obra; los encuadres en espacios cerrados (los salones de la corte, las escenas en la taberna) semejan al reducido espacio de los tablados, pero también enfrenta exitosamente las escenas multitudinarias de las batallas. Producto de su ingenio es el narrador, un observador que nos introduce en los acontecimientos, permitiéndonos toma cierta distancia frente a los personajes.

Enrique V (ó Henry V) es un personaje singular, diferente de muchos de los dibujados magistralmente por Shakespeare; en su juventud se alejó de los rígidos cánones de su abolengo, compartiendo en las tabernas bebida y chanzas con sus súbditos. Eso le granjeó entre muchos la fama de joven disoluto. Una vez asumido el trono, no vemos en él la ambición de Macbeth, la venganza trocada en violenta ira de un Hamlet ni es víctima de los celos que enceguecieran a Othelo. Podría argüirse en su contra, la influencia que los ambiciosos clérigos que le rodeaban ejercían sobre él y que determinó su decisión de invadir a Francia, continuando así la larga sucesión de conflictos enmarcados en la conocida como Guerra de los cien años, que en realidad ocupó 116 en la historia de Inglaterra y Francia.

En una corte en donde las intrigas están a la orden del día, Shakespeare nos muestra la diversidad de motivos por los que un hombre va a la guerra; en el ejército de Enrique V se enlistan nobles con no muy “nobles” intenciones porque muchos sólo van en pos de un buen botín; hay caballeros y hombres de la plebe que lo hacen por amor a Inglaterra; en el clero, que no arriesga su pellejo, se perciben oscuros intereses que no alcanzamos a descifrar pero que le permiten ofrecer al Rey “riquezas no imaginadas por vuestra Alteza” si invade a Francia, y están los mercenarios para quienes una paga es suficiente para defender cualquier causa. Y del otro lado, encontramos personajes como el “Delfin” de la Corte Francesa, un joven arrogante e insensato, quien parece ver en la guerra una excitante aventura y por lo tanto, insta ardorosamente a su débil padre, Carlos VI, a combatir contra Inglaterra.

Otro aspecto que nos revela la obra tiene que ver con los códigos de guerra vigentes para la época, que a pesar de que intentan hacerla menos cruel, nos muestran las contradicciones que ofrecía el antiguo régimen respecto a la dignidad de que se debe investir a todos los hombres: se insta a no robar a los vencidos ni a las iglesias (un antiguo compañero de taberna de Enrique, es ahorcado por incurrir en ese delito); se debe permitir al enemigo recoger los cadáveres de sus muertos, aunque esto sólo se refiere a los nobles; los demás son combatientes “ordinarios” que no merecen el mismo tratamiento. De otro lado, las mujeres tampoco gozaban de protección y veíamos cómo los ejércitos se amenazan con arrastrar por los cabellos a las mujeres del enemigo si salen vencedores.

De Enrique V podríamos también decir que es un monarca “humano”; Hay gestos muy significativos en este personaje, como cuando se despoja de todas sus insignias de Rey para combatir codo a codo con sus súbditos; ante el ajusticiamiento de aquel camarada de juventud, que él mismo tiene que ratificar, lágrimas surcan su rostro; en bellos monólogos reflexiona sobre la condición humana, y concluye que sólo la pompa y el boato de la corte lo diferencia del pueblo; siente sobre sus hombres, como una pesada carga, la responsabilidad por los actos de los gobernados y la angustia lo abruma; “…¡Que eso recaiga sobre el rey! nuestras existencias, nuestras almas, nuestras deudas, nuestras desconsoladas viudas, nuestros hijos, nuestros pecados, ¡que el rey sea responsable de todo eso! Él a su vez, ha pasado la vida expiando los pecados de su padre, a través de la caridad con los menesterosos.

No ignora lo vano de su gloria, la traición y falsedad que le rodean encubiertas en la lisonja fácil; es consciente de que realmente está en desventaja frente al resto de mortales, cuyos sencillos placeres le están vedados; sólo le separa de aquellos el ceremonial, inútil condición que no podría curar su cuerpo enfermo. Frente a uno de sus soldados que duerme profundamente en vísperas de la decisiva batalla de Agincourt exclama: “…Yo sé, digo, tres veces pomposo ceremonial, que nada de todo eso, depositado en el lecho de un rey, puede hacerle dormir tan profundamente como el miserable esclavo, que con el cuerpo lleno y el alma vacía, va a tomar su reposo, satisfecho del pan ganado con su miseria…”

Pero también fue un hábil político que arranca a su rival, Carlos VI de Francia, una paz basada en el matrimonio con su hija Catalina de Valois, acuerdo que asegura la corona de Inglaterra y Francia para el hijo de esta unión. Es curioso ese deseo previo de ella de aprender la lengua de Inglaterra y parece sugerir una disposición al diálogo con el entonces enemigo de su nación. Y cómo no hablar de su capacidad del Rey como orador; la arenga que pronuncia ante su debilitado ejército, instándolos a dejar hasta su propia existencia en el campo de batalla y que coincide con el día de los santos Crispín y Crispiniano, es una bella y vehemente pieza retórica.

Destaquemos el uso que Branagh hace de los recursos cinematográficos con propósitos muy definidos: los encuadres de la figura del rey en la batalla, destacándolo unas veces para realzar su jerarquía o situándolo en el mismo plano de sus soldados para mostrar su condición de un rey trabajador. La música compuesta por Patric Doyle es el complemento ideal a lo largo del filme. Excelente también la ambientación y magistral la actuación de Kenneth Branagh como el Rey, actuando al lado de otra figura destacada del cine inglés, Emma Thompson. Ha sido pues un magnífico cierre para nuestro ciclo sobre William Shakespeare.

                  BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

Cine en conversación, sesión agosto 24 de 2013

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto II

Película: Hamlet

Dirección: Grigori Kozintsev

Año: 1964

Se ha roto el hilo que unía los días

Hamlet. W. Shakespeare

 

El príncipe Hamlet, aún triste por la inesperada y extraña muerte de su querido padre, se indigna ante las bodas de su madre Gertrudis con Claudio, hermano del rey fallecido, apenas dos meses después del deceso del monarca. Ahora Claudio es el nuevo rey de Dinamarca y Hamlet debe soportar el tedio de la corte, rodeado de una serie de expresiones complacientes y grotescas que fingen alegría para guardar las apariencias. Mas Horacio, el mejor amigo del príncipe, le comenta que ronda en las afueras de la fortaleza un fantasma con la figura del rey muerto. Se trata del espíritu del padre de Hamlet quien le informa que realmente murió envenenado por Claudio, y le pide a su hijo tomar venganza pero sin hacerle daño a la reina. A partir de ese momento el príncipe enloquece, o más bien finge enloquecer, y se siembran dudas sobre la razón del personaje, tanto que las conjeturas de Polonio, el chambelán, nunca logran dar cuenta de lo que le sucede al príncipe; ni siquiera la bella Ofelia, la joven enamorada de Hamlet, imagina lo que pasa por la cabeza de su amado. Aun así Hamlet duda de la claridad de su visión, y para comprobar la veracidad de lo que supo aprovecha la visita de un grupo de actores a los que pide que interpreten el asesinato de un rey envenenado por su hermano, como si se tratara de otro lugar, todo ante los ojos de Claudio, la reina y los demás miembros de la corte. De esa manera Hamlet descubre al culpable y se desencadena la desventura en el castillo: la muerte de Polonio, la locura y el suicidio de Ofelia, el duelo ente Laertes, hijo del chambelán, y el príncipe, y la carnicería final que cerrará el círculo de traición y locura en un reino que vio cómo los más nobles se reducían a sangre por culpa de las siempre inevitables bajas pasiones.

Luego de haber presenciado semejante clásico del cine y de la literatura la conversación inició preguntando ¿cuál es el móvil que desencadena la traición primera, la ambición o el poder? Ya que en principio no se encuentran luces sobre las causas para asesinar al rey Hamlet. Éste, desde el más allá, regresa para pedir venganza y así Shakespeare se vale de algunos recursos que habíamos visto en pasadas películas como Otello y Macbeth, para desarrollar la tragedia, entre ellos está la locura del príncipe la cual le permite al primogénito expresar sus verdades sin reservas ante la corte y develar la confabulación de Claudio. Mas el príncipe no es un tonto, sus monólogos e ironías están llenos de profundas disquisiciones acerca de la condición humana: Ser o no ser, existir o no existir, vivir, dormir, tal vez soñar, mostrarse, aparentar, ser cuerdo o quizás dejarse atravesar por la flecha de la locura. En ese sentido Hamlet está en un permanente duelo con la existencia, consigo mismo y con los demás, y entre tantas dualidades reconoce que muchas veces se nos hace más vívida la representación de un sentimiento que la realidad, que el arte es el medio más oportuno para desenmascararnos. De otro lado locura de Ofelia se nos presenta más cruel porque es la sinrazón a un paso de la alucinación que la conduce al suicidio, y por eso muere abandonada por los hombres y por la iglesia ahogándose en las aguas de un rio.

Ya en el plano cinematográfico se destaca el uso del agua en varias de las tragedias vistas, el mar como un infinito inexplicable el cual Hamlet divisa antes de morir, el uso de objetos simbólicos como el espejo y el ave negra que presagia los males por venir y la excelente música de otro clásico, en este caso de la composición: Dimitri Shostakovich; música que a la vez enfatiza los dramas de un personaje mítico, padre de tantos otros personajes de la literatura a quien la vida misma se le hace intolerable desde que conoce una verdad, primero la que le cuenta paradójicamente el alma de un ser que viene del más allá, y en segundo lugar, ante la calavera de Yorik, la que le revela la existencia misma, esa que dice que estamos condenados al polvo así en este mundo nos llamamos Alejandro Magno, Julio César e incluso William Shakespeare.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA