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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo:

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Julio 7: Aniki Bóbó (1942)

Agosto 4: El Valle de Abraham (1993)

Agosto 18: Viaje al principio del mundo (1997) 

Septiembre 1: Vuelvo a casa (2001)

 

Ciclos anteriores

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Ciclo: Año del cine ruso.

De esa Rusia fecunda en las artes, que tantas lecciones produjo y ha aprovechado el mundo de la cinematografía. Desde “El laboratorio experimental” de Lev Kuleshov al cine contemporáneo de Aleksandr Sokúrov y teniendo como director emblemático del ciclo a Andréi Tarkovski. Ese será nuestro recorrido fílmico de este año.

Programaremos cada mes una película del director central del ciclo Andréi Tarkovski, sugiriendo a nuestros asistentes la lectura de su libro “Esculpir en el tiempo”, en el cual aborda su visión del arte y en particular del cine y combinaremos en los demás sábados, películas rusas, tanto de las ya clásicas producciones de la primera mitad del siglo XX, así como otras de las nuevas generaciones.

 

 

el violin aplanadora

Marzo 15

El violín y la aplanadora

 Andréi Tarkovsky - 1960

 Memoria de la sesión

 

El regreso-598872217-large

Marzo 22

EL regreso

 Andrey Zvyagintsev - 2003

Memoria de la sesión

LasExtraordinariasMrWest

Marzo 29

Las extraordinarias aventuras de Mr West en el país de los bolcheviques

Lev Kuleshov - 1924

Memoria de la sesión

 LaInfanciaDeIvan

Abril 12

La infancia de Iván

Andréi Tarkovski - 1962

Memoria de la sesión

 QuemadoPorElSol

Abril 26

Quemado por el sol

Nikita Mikhalkov - 1994

Memoria de la sesión

 Andrei Rublev 2

Mayo 3

Andrey Rublyov

Andréi Tarkovski - 1966

Memoria de la sesión

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Mayo 17

El hombre de la cámara. (Memoria)

Dziga Vertov - 1929

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Mayo 24

Cuando pasan las cigüeñas (Memoria)

Mikhail Kalatozov - 1957

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Mayo 31

El arca rusa (Memoria) 

Alexander Sokurov - 2002

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Junio 14

Solaris (Memoria)

Andréi Tarkovski - 1972

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Junio 21

El rey Lear (Memoria) 

Grigori Kozintsev - 1971

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Julio 26

La dama del perrito (Memoria)

Iosif Kheifits - 1960

ElEspejo20

Agosto 9

El espejo (Memoria)

Andréi Tarkovski - 1975

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Agosto 23

Almas silenciosas (Memoria)

Aleksei Fedorshenko - 2010

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Septiembre 6

Stalker (Memoria)

Andréi Tarkovski - 1979

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Septiembre 20

Tierra

Aleksander Dovzhenko - 1930

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Octubre 4

Nostalgia (Memoria)

Andréi Tarkovski - 1983

SalaN6Afiche 

Octubre 18

La sala número 6 (Memoria)

Karen Shakhnazarov y Aleksandr Gornovsky - 2009

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Noviembre 8

Sacrificio (Memoria)

Andréi Tarkovski - 1986

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Noviembre 22

Elena (Memoria)

Andrey Zvyagintsev - 2011

 

 

 

 

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La infancia de Iván

Andréi Tarkovski (1962)

Ciclo: "Año del cine ruso"

Sábado 12 de abril de 2014, Hora: 5:00 pm.

Ir a la memoria de la sesión

¿Qué pueden contarnos acerca de la infancia de Iván un lago, el bosque, un pozo de agua, el fuego, la luz de un mechero, el sonido de unas gotas de agua al caer, una estrella, la sombra del soldado Galtsev, un abrigo militar, el sonido que produce un animal en el bosque…? ¿Qué pueden contarnos acerca de la guerra un viejo apesadumbrado, su gallo cacareador cautivo, un horno inamovible y una puerta chirriante?

El Cine no es menos que la exclamación de una realidad construida meticulosamente por un ser humano que se sabe incompleto, un artista. “Al terminar La infancia de Iván, sentí por primera vez que el cine estaba cerca, en algún lado. Como en ese juego infantil en que hay que encontrar a una persona escondida en el cuarto oscuro: se siente su presencia incluso cuando intenta contener la respiración. El cine estaba cerca, en algún lugar. Lo comprendí por mi inquietud interior, comparable al nerviosismo de un perro de caza que ha dado con unas huellas. Sucedió un milagro: ¡Se había obtenido una buena película! Ahora se me exigía algo totalmente distinto: yo tenía que comprender qué era el cine.”*

Juan Sebastián Gutiérrez Gómez

*Fragmento de “Esculpir en el tiempo”. Andrei Tarkovsky

Esta sesión de Cine en conversación es apoyada con recursos del Programa de Planeación Local y Presupuesto Participativo de la alcaldía de Medellín

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Memoria de la sesión

 

Cine en conversación, sesión abril 12 de 2014

Ciclo: "Año del cine ruso"

Película: La infancia de Iván.

Dirección: Andréi Tarkovski.

Año: 1962.

Un chico de mirada transparente y sonrisa franca y despreocupada, corre a través del bosque de abetos, ora tras un ciervo que lo observa de lejos, ora tras unas mariposas que revolotean en torno a las flores silvestres; la luz del sol se filtra a través de los árboles llenando de claridad el sitio; el niño se detiene, mira a lo lejos, entonces se encuentra con la figura de su madre que lleva un cubo de agua; mamá, mamá, le grita, he oído cantar al cucú, mientras corre presuroso para beber del cubo y lavar su rostro. La tierna mirada de su madre lo envuelve, más de repente, el estruendo de un cañón hace sentar al chico arrancándolo del idílico sueño; despierta, está en un viejo molino abandonado; el fragor del combate sólo se percibe a través de las bolas de fuego que cruzan un cielo, esta vez muy gris.

Tarkovski nos trae una película sobre la guerra en la que, curiosamente, no somos testigos de ningún combate; sólo asistimos al dolor y a la destrucción que provoca. Iván es un niño de 12 años, que ha perdido todo vínculo con su anterior mundo: su madre ha muerto, seguramente su padre también; ha pasado algún tiempo en un orfelinato; no tiene nada propio. Está solo y ha sido arrojado al mundo de los mayores, en medio de una guerra; esa infancia feliz ha quedado irremediablemente atrás; es un adulto que habita el cuerpo de un niño; sus facciones se han transformado: la sonrisa limpia del niño se ha trocado en dura mueca de odio; su mirada, antes transparente ahora es torva y deformada por el rencor.

La idea de que la obra de arte se sostiene por sí misma, que no necesita de explicaciones, afloró a propósito de la película; Tarkovski nos habla en forma lírica de una tragedia; no necesita introducir un discurso pacifista; a través de las imágines, la crueldad de la guerra se nos presenta en toda su dimensión; los sueños de Iván, elemento fundamental y repetitivo en esta narración, nos dicen mucho más que todos los diálogos: nos hablan de la tragedia de un niño cuya inocencia le ha sido arrebatada brutalmente; la guerra transformó su realidad; lo obligó a asumir terribles responsabilidades; ahora es un ser mortalmente herido por el horror del conflicto bélico, que fantasea con la venganza, que exige se le despoje de su condición de niño para asumir riesgosas acciones destinadas a hombres ya curtidos en el combate; se ha auto-determinado como un hombre de la guerra, ha decidido que será su propio amo, se rebela contra la orden de su protector que quiere rescatarlo enviándolo a la escuela militar; sólo a través de los sueños regresa aquel niño que fue, pero al despertar, sus ojos vuelven a centellear de odio, los músculos de su cara se tensan, el aquí y el ahora retornan.

Tarkovski, siempre interesado en explorar el fondo del alma de sus personajes, en entender la dualidad entre el mundo interior y el exterior del individuo, habla aquí a través de metáforas; los sueños nos revelan una niñez abruptamente suspendida; la luz está cuidadosamente pensada para ofrecernos el contraste entre ese mundo perdido y el actual: el bosque de abetos, iluminado por un sol radiante, está presente en las imágines de un Iván chico en tanto se vuelve gris en las escenas bélicas; la imagen recurrente de la madre, una madre que protege, que sonríe, que juega con su hijo a descubrir la estrella que se esconde en el fondo del pozo, en fin, una madre que es seguridad, algo propio pero que pertenece al pasado; el agua (siempre el agua), que apaga la sed del chico, que lava, pero que al despertar, ya no es transparente, es un pantano que dificulta la marcha; se interpone, separa a esos hombres de “la otra orilla”, ese lugar que los pondría a salvo; el agua, propiciadora de vida, se ha constituido en amenaza. De otro lado, el uso de las cámaras en picados y contrapicados, concede una fuerza especial a determinadas escenas.

Y junto al agua, está el bosque que además de estar atado a la anterior vida de Iván, ahora, en medio de la guerra, pareciera continuar siendo el lugar de lo humano, en donde Jolin trata de conquistar a una escurridísima Mariita, personaje inspirador de sentimientos más gratos; es un sitio que propicia a aquellos seres agobiados por la permanente tensión de la guerra, unos instantes para dejar aflorar sus sentimientos; sí, porque en esos hombres rudos, enfrascados en el combate anidan todavía rasgos profundamente humanos, como el emocionado abrazo del capitán Gryaznov al reencontrarse con Iván, luego de días de no tener noticias suyas tras una misión de espionaje, o los momentos placenteros escuchando los acordes que salen del viejo gramófono amorosamente reparado por uno de ellos. El valor de una palabra afectuosa se evidencia en Iván cuando con tristeza se lamenta de que el teniente Katasonov no se haya despedido de él antes de partir al combate, como presagiando que ya no le vería más.

Imposible no pensar en nuestro conflicto; igual que el protagonista, miles de jóvenes, por no decir niños, son lanzados cada año a la guerra, truncando así sus sueños. Y al final, ¿a qué obedece esa ruidosa celebración de los aliados frente al edificio alemán? ¿Realmente las guerras dejan un ganador, o, por el contrario, sólo hay perdedores? ¿Y qué pasa con esas miles de víctimas sólo visibles para sus amigos o familiares? Es una reflexión que surge luego de asistir a ese especie de “inventario del horror”, cuando los soldados rusos recuperan el registro de los compañeros muertos; la larga lista de caídos en combate va pasando frente a nuestra indiferencia, pero de repente, ante un nombre y la foto adjunta, nos estremecemos en nuestras sillas; sí, es Iván, ya lo intuíamos, pero constatarlo nos sacude dolorosamente, porque con él habíamos tejido una relación mientras conocíamos su historia; igual, ese nombre dejará impávidos a quienes no le conocían. Son miles de seres sin rostro que, en ocasiones, pierden su vida sin entender por qué combatían. Pero también están los que sobreviven a la tragedia con el alma mortalmente herida, que quizás prefirieran haber muerto, como aquel anciano errante, con la mirada perdida, que aferrado a un ave, tan solitaria como él, lanza un grito que es reclamo y desesperación: “Todos se han marchado, ¡Oh Dios, siempre será así?

 Beatriz Florez

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA

 

 

Cine en conversación, sesión marzo 29 de 2014

Ciclo: "Año del cine ruso"

Película: Las extraordinarias aventuras de Mr. West en el país de los bolcheviques.

Dirección: Lev Kuleshov.

Año: 1924.

 

La tercera película de este recorrido que nos hemos propuesto por el cine ruso, nos permitió ver una deliciosa comedia, que aunque en el mejor formato del melodrama americano, posee un gran valor histórico, tanto por las innovaciones que introduce respecto al cine de la época, como por la confluencia de una pléyade de personajes que luego cobraron renombre como directores, actores, guionistas o teóricos infaltables en cualquier estudio sobre el séptimo arte.

Comencemos por su director: Lev Kuleshov, nacido en 1899, en Tambov, un pequeño pueblo del entonces Imperio Ruso y muerto en Moscú en 1970; inicialmente escenógrafo, guionista y ayudante de dirección, su pasión por el cine lo convirtió en una especie de “científico”, pues se dedicó a la experimentación en sus procesos. Si bien Eisenstein consolidó más tarde una teoría sobre el montaje, Kuleshov reconocía ya la importancia de ese proceso y a fin de explorar e investigar sus formas y efectos posibles, creó un “Laboratorio experimental”. Resultado de sus búsquedas, fue el llamado “Efecto Kuleshov”, cuya trascendencia en las técnicas fílmicas fue reconocido y comentado por personajes como Alfred Hitchkock; ese experimento que apuntaba a demostrar la capacidad del cine para generar emociones diversas en el público, consistía en montar una secuencia utilizando la misma expresión del actor a partir de un solo fotograma, pero modificando el que le seguía; así se “intencionaba” por decirlo así, la reacción del público frente a esa supuesta actitud del actor ante lo mostrado en la escena que se montaba a continuación.

Pero volvamos a la película que nos ocupa; El señor West, el apellido tiene ya una connotación que opone ese mundo occidental al soviético, decide viajar al país de los bolcheviques, para conocer de cerca los resultados de la revolución rusa. Antes de partir revisa en compañía de su mujer, la información disponible, en su país, sobre ese lejano mundo, y ambos quedan aterrorizados ante las siniestras imágenes que ilustran al típico bolchevique. Ante tal peligro, y siguiendo los consejos de ella, decide llevar a un guardaespaldas, su amigo y típico “cow-boy” que gasta el tiempo libre afinando su puntería con las armas. Llegados al “exótico” país, afrontan varias peripecias antes de que Mr. West sea secuestrado por una banda de maleantes, para finalmente ser rescatado sano y salvo por un “verdadero” bolchevique, como lo afirma el inspector de policía.

Como ya lo hemos señalado, la Revolución Rusa de 1917, pero sobre todo, en la era de Stalin, trazó unos rígidos lineamientos para la producción del Arte: literatura, pintura y con gran celo, el cine, conscientes de la capacidad de la imagen para crear opinión. Kuleshov, participó febrilmente, en sus inicios, del fervor revolucionario y esta película, sin duda, es un ejemplo: Mr. West, encarna el mundo americano (léase capitalista); es un hombre simple, algo bobalicón, que llega a la Unión Soviética con unas imágenes preconcebidas y que corresponden a los “prejuicios” del mundo no comunista. Y en ese mundo sí encuentra esos hombres feroces, capaces de las acciones más bajas; ¿pero quiénes son esos bandidos? Hombres a los que la sociedad del proletariado ha despojado con “justicia”, de sus antiguos privilegios: un conde y su mujer, la condesa, asociados ahora con otros “desadaptados” provenientes del antiguo régimen. Finalmente, Mr. West logra conocer lo que es en realidad esa sociedad que ha nacido bajo unos códigos opuestos al mundo americano; asiste entusiasmado a una parada militar, evento épico, muy a la usanza de la Antigua Unión Soviética, en donde se exhibe, desafiante, todo ese poderío militar, orgullo de sus dirigentes.

Como decíamos al comienzo, una película hecha según el estilo hollywoodesco del melodrama, de tanto éxito por entonces, pero dirigida a ridiculizar la mirada de occidente sobre el mundo soviético; en ella participaron de una u otra forma, figuras como el poeta Nikolai Aseyev, responsable por el guión inicial, aunque éste fue modificado luego por Kuleshov; Pudovkin, alumno participante en el Laboratorio Experimental y quien luego se convertiría en un director prestigioso, encarna al jefe de la tenebrosa banda; Boris Barnett, actor, guionista y posteriormente director, es el caricaturizado vaquero, así como también la actriz y compañera de Kuleshov, Aleksandra Khokhlova (la condesa), notable por la expresividad de su rostro, y quien realizó una gran carrera como actriz pero también como realizadora y colaboradora de Kuleshov.

Una comedia con el humor propio de los americanos, “slapstick” o sea de situaciones ridículamente cómicas, que a veces nos recuerda el cine de Chaplin, y escenas hilarantes como la del vaquero en loca carrera por las blancas calles de Moscú, disparando a diestra y siniestra, después de equivocar el coche en que se trasladaba su jefe, pero también de algunas destinadas a mostrar las características de esa nueva sociedad, como la toma que nos ofrece de la “Universidad del obrero” o el ya mencionado desfile militar. Humor que le salva de esa rigidez que investía al “arte real” impuesto por las autoridades soviéticas de la época

Beatriz Florez

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA