Sesión del 15 de octubre del 2011

TITULO: LA PRIMERA NOCHE

DIRECTOR: LUIS ALBERTO RESTREPO

GUION:  ALBERTO QUIROGA Y LUIS ALBERTO RESTREPO

PAIS: COLOMBIA

AÑO: 2003

DURACIÓN: 88 min.

 

Una mujer que afanosamente arrulla a sus dos bebés y cuya mirada deja ver la incertidumbre que la embarga; un hombre que a pocos pasos de ella le dirige miradas furtivas, cargadas de rabia,  es la escena que nos introduce en la tragedia de estos dos seres, que es también la tragedia de sus familias, la de sus vecinos allá en el caserío y la de millones de campesinos afectados por el desplazamiento forzado a que se han visto abocados por décadas en la historia de nuestro país a causa del conflicto armado.

Una historia sencilla: la primera noche, que como anotaba un espectador, es sólo una de las varias primeras noches, esa larga serie de eventos que marcan cada vez el inicio de un viraje trágico en la vida de los protagonistas; una historia que tiene como telón de fondo el caserío donde Toño y su hermano crecen y al que un día llega Paulina, con toda la belleza, la frescura y la alegre despreocupación de su adolescencia; Los dos hermanos que compiten por el amor de la muchacha quien finalmente no se decide por Toño sino por su hermano;  La madre de los dos muchachos que ve con angustia cómo sus hijos toman direcciones opuestas: uno marcha con su tío a la guerrilla y el otro, que alimenta su deseo de estudiar, se enrola en el ejército que le permitirá obtener la libreta militar, requisito para acceder a un trabajo, puente a su vez para cumplir su propósito. Posteriormente la tragedia que irrumpe y hace estallar en mil pedazos la relativa tranquilidad de la que disfrutaba el caserío: los paramilitares han arrasado el pueblo con  la tácita connivencia del ejército; la venganza de Toño que sella el inicio de su fin.

Una película con tal fuerza en sus imágenes que, a pesar de tratarse de  un drama que registran noticieros y diarios del país, día tras día, nos deja con un nudo en la garganta. Un muy bien logrado uso del flashback, va tejiendo poco a poco la historia, develándonos ese pasado que arrastran los protagonistas.  Hay que señalar también la forma de abordar la violencia propia del conflicto, sin el menor asomo de ese morbo que tanto gustan de explotar ciertos medios.

Entre tantas reflexiones que nos suscita la historia, señalemos, además del conflicto armado con los dramas humanos a que da origen, la descomposición de un Estado en donde aquellos que supuestamente están para proteger a los más indefensos, entran en oscuras alianzas con grupos irregulares; los vínculos familiares que se deshacen, dejando a las mujeres enfrentando en solitario su destino y el de sus hijos. La opción para los jóvenes de esas perdidas aldeas de nuestra geografía, sólo parece ser la de escoger violencia: la de las armas, sean legitimadas por el Estado, o al margen de la Ley; de lo contrario, el deambular por caminos, hasta llegar a las grandes urbes que devoran  a los indefensos que caen en ella.

Pero, ¿por qué Toño y Paulina no logran construir lazos de confianza y solidaridad para enfrentar ese incierto futuro en la gran ciudad? Quizás su total incapacidad para confiar en el otro, la dificultad de él para aceptar el rechazo inicial de la joven, la dificultad de ambos para hacer de la palabra un bálsamo a tantas heridas, todo esto, responda al endurecimiento de dos espíritus golpeados por la tragedia y las frustraciones vividas. No hay lugar para la esperanza en sus corazones.  Chispazos de solidaridad como el de la prostituta, o el fuego que les ofrece el reciclador, iluminan fugazmente su noche.

Inevitablemente una pregunta nos golpea: ¿Qué podemos hacer como ciudadanos? El asistencialismo nunca será solución e individualmente no podemos cambiar nuestra sociedad.  El trabajo organizado, constante, insistente, que se replique a diferentes niveles hasta que alcance los círculos de poder y que logre hacer más humana esa sociedad, desde el respeto de cada individuo, podría ser la salida. No hay otra vía.  Mientras tanto, el drama de estos dos seres se replicará hasta el infinito, invisibles para la sociedad, y lo último que verán, al igual que Toño, será esas edificaciones gigantescas que se yerguen amenazantes frente a sus ojos, en medio de la larga oscuridad de sus vidas.

BEATRIZ FLOREZ       

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA