Ciclo: Algunas de ellas

Fecha: Abril 15 de 2011

Película: Isadora

Director: Karel Reisz

Como si la película a la que asistimos hubiese sido la última pieza de una biografía, ingresamos al pasado de un par de mujeres, de la misma mujer. Así es como encontramos a las dos Isadoras: Una, la que ve en el espejo el futuro de su vejez, recuerda los triunfos y fracasos que alcanzó en la vida; la otra se nos aparece, desde joven, viviendo una constante transformación; mientras la primera parece estancada en el presente de una fama perdida, a la otra le es dada la posibilidad de bailar tal si fuese la primera vez; mientras la mayor dicta su biografía, la otra la escribe; mientras ésta se enamora de un escenógrafo, de un empresario, de un pianista que le repugna y de un poeta, a aquélla tan sólo le queda andar tras Bugatti, un hombre que se acerca más a una fantasía, el que como un oráculo moderno anuncia sutilmente desde su vehículo el trágico final de la bailarina. De esa manera el director nos presenta la vida de Isadora Duncan, su ascenso en el mundo de las artes, los sueños que persiguió, su convivencia tediosa con el magnate Singer y su vinculación al mundo del comunismo luego de sufrir la peor tragedia de su intensa vida: la muerte de sus dos hijos, experiencia que sin embargo no le arrebata esa otra parte vital que fue el motor de toda su biografía, y que forjó el mito que la coronó de grandeza: el amor a la danza.

Isadora Duncan fue el ejemplo de una mujer impulsada por el deseo, por una pasión germinada en el arte que ella encarnaba. Gracias a esa posición artística ella vivió de forma singular lo que fueron su espíritu y su cuerpo, y le apostó a una vida independiente y libre de las convenciones sociales de su época. Sin embargo debe recordarse que la libertad es algo que se consigue bajo las condiciones que la rodean y la posibilitan. Isadora fue libre para crear su danza mas no estaba al margen de tener referentes, en este caso artísticos, en la Grecia antigua; igualmente ella fue libre de orientar su existencia pero asumiendo las consecuencias de lo que estaba convencida. Ese salirse de las normas no eliminó la dificultad para transmitir lo que deseaba ni tampoco se aislaba del contexto socio-político de la primera mitad del siglo XX dividido entre capitalistas y socialistas; y por eso fue difícil que muchos apreciaran la danza que Isadora proponía, porque ella proyectaba un vínculo expresivo entre el cuerpo y el espíritu, afín a las corriente s artísticas de su tiempo, y no una simple propaganda comunista. De ahí puede reconocerse que la expresión corporal no es solamente un acto voluntario y espontáneo, por lo contrario debe ser cultivada pues nunca es gratuita ni natural y mucho menos lo será entonces su transmisión.

Karel Reisz, el director de Isadora, utilizó esa vida en decadencia de la bailarina para contrastarla con una existencia en ascenso, la de la joven, y quizás con ese intento trató de evidenciar que en aquella mujer el asunto de la belleza estaba íntimamente relacionado con una vida comprometida y, a falta de otra definición sólo queda decir, una vida muy intensa.

Eduardo Cano.

Corporación cultural ESTANISLAO ZULETA.