TITULO: EL ILUSIONISTA  

DIRECTOR: SYLVAIN CHOMET

GUIÓN: JACQUES TATI

PAISES: REINO UNIDO Y FRANCIA

AÑO: 2010

DURACIÓN: 80 min.

La genialidad de Jacques Tati y el virtuosismo de Sylvain Chomet se unen en una animación, homenaje del director al inolvidable creador de Monsieur Hulot, dando vida a un guión que Tati no pudo concluir y que fue rescatado por su hija, Sophie Tatischoff.

Una preciosa película que respira melancolía por esos tiempos gloriosos ya idos, cuando la inocencia no perdida permitía creer en la magia, a la ilusión que entregaban unos artistas humildes, creadores de fantasía, payasos que con sus torpezas hacían reír a niños y adultos, ventrílocuos que se desdoblaban en muñecos de trapo, magos que hacían saltar de su sombrero conejos, en fin, todo un mundo de fantasía, de sueños.

El ilusionista, protagonista central de esta cinta, abandona París cuando la soledad empieza a ser su público cotidiano y emprende la aventura de asombrar gentes en la gris y lluviosa Escocia. Convertido en un mago itinerante, ha dejado atrás cortinas y alfombras rojas de los teatros parisinos, para actuar en pequeños bares de aldea, en medio de la euforia etílica de los habituales parroquianos. En Edimburgo, la situación no mejora. Además lo ha seguido Alicia, una muchacha humilde, deslumbrada por el poder de aquel hombre que hace surgir como de la nada, todos aquellos objetos que su floreciente vanidad le pide. Entonces, para subsistir, se ve obligado a ejercer los oficios más discordes con el suyo, fabricante de ilusiones: pasa a ser lavador de carros, anunciante de ropa femenina en la vitrina de un gran almacén, promotor de licores en otro sitio. Finalmente, convencido de que ya no hay sitio en este mundo para la ilusión, abandona todos sus bártulos de mago, incluido el travieso conejo que le ha acompañado en su trasegar. Es la dolorosa aceptación de la derrota, su decisión de no seguir luchando contra la “objetividad” de un  mundo que ha alcanzado hasta los chicos: recordemos cómo, en esa agónica presentación ante la madre y su pequeño hijo, éste le desvela el secreto del mago. La gente prefiere ahora el ruido y la histeria de otros espectáculos.

Es nuevamente el encuentro con Hulot, el anacrónico personaje de “Mi tío”, quien era desbordado por la tecnología y huía de la automaticidad en la que residía la familia Arpel. De hecho, el ilusionista en una ocasión entra en un pequeño teatro para encontrarse de frente, con su “alter ego”, en una escena de la vieja película mencionada. Aquí es un artista derrotado por la vorágine de los tiempos modernos El ocaso ha llegado para Tattischoff y esos otros fabricantes de sueños. Pero hay más que la nostalgia por la gloria que ha huido. Es el despertar de Alicia, que había seguido al mago deslumbrada por el poder de este hombre para cumplir, como por arte de magia, todas sus ilusiones. Pero aquella chiquilla se ha transformado en una mujer adulta, y el “encanto” que le ofrecía el viejo prestidigitador desaparece para dar paso a una realidad: la del amor que ha descubierto al lado de un joven con el cual marcha tras otra ilusión, en la cual, ella misma podrá ser actora. Una nueva vida que emprenderá armada con la enseñanza que, como postrer  regalo, le ha dejado ese padre adoptivo que se había cruzado en su vida: “Los magos no existen”.

Los seres humanos necesitamos de las ilusiones para enfrentar la dureza de la vida, y éstas parecen a veces tan reales, como la nieve que cree ver Alicia a través de la ventana y que la hace tiritar. Ilusiones que van cayendo, sumiéndonos en pequeños “duelos” cada vez que se esfuman. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Y cuáles son las ilusiones que se construye hoy la humanidad?

Hay una serie de símbolos interesantes en esta película: a medida que las ilusiones de Tatischoff desaparecen, vemos cómo las luces de los sitios en donde actuó alguna vez el viejo mago, se van apagando. Una asistente vio en esta historia una alusión al cuento de Hans Christian Andersen “Las zapatillas rojas” y destacó el simbolismo de los zapatos rojos  que el ilusionista compra para Alicia. Por otra parte, se llamó la atención sobre una serie de oposiciones implícitas en la película por ejemplo: los claro-oscuros de algunas escenas, el frío de Escocia frente a la calidez de sus gentes, incluida la solidaridad de Alicia quien salva la vida del desesperado payaso al llegar con un plato de sopa.

De otro lado, ¡cómo no destacar  el valor artístico de la creación de Chomet y su equipo de animación! Las acuarelas que, en opinión de los críticos, reproducen los paisajes escoceses con la mayor fidelidad; los escasos diálogos siguiendo la línea de Tati, que como anotaba un espectador, permiten la reflexión; el uso de los planos generales, tan usados por aquél, se repiten acá. Cerremos este texto, reiterando que la cinta es un emocionante homenaje a unos oficios venidos a menos, a unos hombres que en un determinado momento de la historia, pasaron de ser aplaudidos por gentes rendidas a su magia a derrotados por una modernidad en la cual ya no había sitio para el asombro.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA