Ciclo: Humanidad que se animó

Película: Vals con Bashir

Director: Ari Folman

Año: 2008

Un hombre sueña con veintiséis perros rabiosos que lo persiguen, y sabe que esa pesadilla está relacionada con la guerra del Líbano en la que él mismo estuvo. En un bar le cuenta ese sueño a un ex compañero militar, Ari Folman, el director real de la película y quien efectivamente también participó en su juventud en la infantería de la fuerzas de Israel. Folman se sorprende al reconocer que no recuerda nada claro de ese periodo, a excepción de una imagen en la que están él y algunos compañeros bañándose en la playa de Beirut a la luz de bengalas que iluminan la noche y los edificios en ruinas cercanos a la orilla, mientras se desarrolla la terrible masacre de Sabra y Chatila. Vals con Bashir de alguna manera será un viaje del director en busca de su oscuro pasado, tratando de encontrar lo que ha perdido; de ahí que Ari Folman necesite indagar con sus ex compañeros, viajar a Holanda, entrevistar a una psicóloga, al primer periodista que cubrió la masacre y sumergirse en la verdad de que esa única imagen que conservaba de aquel tiempo esa sólo una sustitución que lo alejaba de una horrible pesadilla. ¿Y qué encontró Folman? Un crimen, un genocidio perpetrado por la Falange libanesa como retaliación por la muerte del líder Bashir Gemayel, en el cual asesinó a más de dos mil refugiados civiles libaneses, todo con la cínica y pasiva complicidad del gobierno y las fuerzas armadas de Israel.

Esta película, la cual no parece apropiada como antesala a una fiesta, deja en el espectador la idea triste de ese silencio terrible de la muerte. Durante una conversación que pareció corta para los temas a tratar se mencionó la particularidad del director-personaje como un hombre rodeado de masacres, quien después de más de veinte años trata de asumir en cierta medida la responsabilidad de lo que hizo para no sentir que los perros  del pasado se lo devoren como le ocurre a su amigo. La amnesia no deja de ser complicada, más aún en un entorno tan hostil como es el de cualquier guerra pues ¿Cómo hacer soportable una vida en el conflicto? ¿Qué ocurre cuando se nos cae la cámara que nos aleja de la realidad y nos permite mantener un tipo de cordura? ¿Qué hacer con la memoria si no se puede hacer nada creativo con ella? El olvido no es algo reprochable necesariamente, sin embargo la película muestra de un lado el cine como una catarsis, como un espacio para hacer algo con nuestra memoria, como una terapia. De todos modos sería apresurado decir que recordar sea inequívocamente salvador, y si para algunos el arte tiene esos efectos "benéficos", para otros el olvido es la posibilidad de seguir viviendo. No obstante las últimas imágenes de “Vals con Bashir”, filmadas directamente de los acontecimientos de la masacre de Sabra y Chatila sí lanzan un mensaje claro: lo que ha visto el espectador no es una simple recreación y por lo tanto ese genocidio no se nos puede olvidar a los seres humanos. De ahí que lo particular de esta animación, es que hace más soportable el drama al que asistimos sin caer en el amarillismo. Ese último mensaje del filme  debe ponernos a pensar sobre todo en nuestro país, el cual parece cada vez sin memoria, y debe incitar al rechazo de la guerra ya que ésta es lo peor de la humanidad, la enajenación más terrible, es la destrucción sin misericordia y sistemática del otro. Por eso luego de ver “Vals con Bashir” siempre sigue ese silencio propio de la culpa y de la muerte.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA