Cine en conversación, sesión de mayo 25 de 2013

 

CICLO: JACK NICHOLSON EN LA DECADA DE LOS 70.

DIRECTOR: BOB RAFELSON.

GUIÓN: ADRIEN JOYCE.

AÑO: 1970.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS.

DURACIÓN: 90 min.

 

Robert (Bob) Dupea, interpretado magníficamente por Jack Nicholson, es un joven nacido en un hogar burgués de músicos, él mismo tocaba el piano, y parece que lo hacía bien; sin embargo, lo encontramos sumergido en el rudo trabajo de una explotación petrolífera, malgastando su tiempo libre entre amigos, cerveza, bolos y una mujer con quien convive y para quien se ha vuelto incómodamente indispensable. Por momentos, percibimos, a través de sus esporádicas explosiones de violencia en solitario, la frustración y rabia que esa vida parece generarle.

 

Para la época en que fue rodada la película, la sociedad norteamericana experimentaba profundos cambios; al optimismo de los exitosos años 50, había llegado una década marcada por el rechazo a la absurda guerra que libraba ese país en Vietnam, con miles de jóvenes sacrificados inútilmente. De la sociedad se había apoderado la decepción y la desesperanza en el futuro; entre la juventud, había nacido un poderoso movimiento de rechazo a ese mundo que se le ofrecía. Bob, parece encarnar ese espíritu cuestionador y rebelde del momento. No encontró su lugar al lado de un padre distante, con quien nunca pudo hablar; tampoco está satisfecho en ese entorno laboral en donde no significa nada como individuo; da lo mismo que su trabajo lo esté desempeñando el sujeto X o Y; y el pequeño círculo de amigos, incluida la joven con quien convive, sólo logran aturdir momentáneamente su desazón. Se siente extranjero en cualquier lugar. Quizás no tenga definido lo que busca, pero lo que sí tiene claro es que la vida que hasta ahora ha llevado, no da respuesta a sus expectativas como ser humano. El fugaz retorno al hogar, a causa de la enfermedad del padre, no hace otra cosa que confirmarle que su lugar no está allí. Somos entonces testigos de ese monólogo con el padre; por primera vez puede hablarle de sus sentimientos, de cómo nunca existió una relación entre los dos, cerrando con esa afirmación contundente de Bob, resumen de la brecha que siempre existió entre los dos: “si pudieras hablar, no estaríamos hablando ahora” Queda saldada una vieja deuda y comprende que ahora debe dar un rumbo distinto a su vida. Que en lo efímero, en lo azaroso, no encontrará paz para su espíritu.

 

¿Qué hace que algunos individuos no logren entrar en los moldes que ofrece la sociedad y por el contrario, enfrenten el riesgo que significa buscar caminos diferentes, autónomos, lejos de lo convencional que se ofrece como garantía de seguridad y bienestar? ¿Qué potencia al individuo para despertar su conciencia de sujeto dueño de su propio destino? Son interrogantes cuya respuesta podría llenar mucho papel; pero en repetidas ocasiones nos hemos referido al arte que, tanto en su producción como en su goce, puede conferir sentido a una vida.

 

Al lado de nuestro personaje aparecen otros seres, con sus propias angustias, las que buscan resolver de diferente forma: aquella ecologista radical, con un discurso desbordado pero contradictorio, pues en tanto que habla de contaminación no para de arrojar humo de su cigarrillo; Rayette, la compañera de Bob, quien tiene como razón de su existencia la presencia de ese hombre, y la sola idea de que él la abandone, la arroja a la desesperación.

 

Hay situaciones con visos de comicidad, pero que reflejan las absurdas normas en que se encasilla la sociedad,  como aquella en que la camarera se niega a atender el pedido de Bob, que sólo pide que supriman algunos elementos accesorios de un menú. Como si todos estuviésemos obligados a aceptar lo que el común de los mortales desea, como si estuviéramos condenados a la uniformidad. En suma, una estupenda película sobre el malestar que pueden generar las sociedades desarrolladas, que ofrecen todo lo que juzgan necesario para que el hombre sea feliz, malestar que va contagiando las demás sociedades candidatas a adquirir ese anhelado status.

 

Finalmente destaquemos otros aspectos importantes de esta cinta, como son las actuaciones de Jack Nicholson y Karen Black interpretando a Rayette, igual que la excelente fotografía a cargo del húngaro, nacionalizado en los Estados Unidos, Laszlo Kovacks.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA