Ciclo: La mirada de los grandes directores

Junio 18 de 2011

Película: Ocho y medio

Director: Federico Fellini

Año: 1960

Guido Anselmi, el famoso guionista y director de cine, debe hacer su siguiente filme. Sin embargo no encuentra la historia ni el tema de su película y mucho menos tiene las respuestas que todo el equipo de producción le exige para iniciar con éxitos todo el trabajo. Se siente asfixiado, presionado, invadido y no logra darle una conexión efectiva a ese maravilloso mundo que ocurre ante su mente, y, sin siquiera explicárselo, Guido está en el centro de una crisis creativa que le va señalando todo lo que ha sido su vida llena de recuerdos que vuelven con el enigmático «Asa-Nisi-Masa», que invocó cuando era sólo un chiquillo, o de deseos profundos como el de dominar a todas las mujeres que se ha encontrado. Además su vida personal no es precisamente ejemplo de serenidad pues Guido se balancea entre Luisa, su esposa, Carla, su amante y Claudia, una hermosa joven quien aparece como una nueva musa en su vida. Finalmente, en un evento organizado por los productores en el set de lo que es una monstruosa arquitectura en construcción, quizás símbolo de lo que fue su película, Guido encontrará una salida a su angustia luego de suicidarse y de hallar la razón de todo ese collage que se le aparecía a él, y al espectador, durante toda la película.

Luego de terminar de ver la proyección de Ocho y medio cierta perplejidad parecida a la de Guido siguió a los asistentes. ¿Qué acabábamos de ver? Más aun teniendo en cuenta que la película de Fellini no se puede delimitar identificando una historia y un tema pues sería caer en el error que Guido evadía mientras que era lo que el crítico le reclamaba. Debemos recordar que Guido era un director confundido y atravesado por todos los fantasmas, recuerdos y deseos que marcan a cualquier persona, pero que en un ser dedicado a la creación adquieren mayor relevancia. Así descubrimos gracias al filme que de alguna manera todos vivimos una especie de tragicomedia que se juega entre lo pasado y lo presente y que lo importante no es tanto una acumulación de los años sino el intento de hacer una resignificación de todo lo que nos sucede, aún sin recordarlo, como quizás fue el intento de Guido, quien, por medio de imágenes, unió su vida a la película que estaba deseando crear, llegando a trascender lo habitual. La conquista de Guido no es llegar a una certeza sino el aceptar su imperfección y el intentar crear con su humanidad fragmentada y dispersa. De ahí que Guido, el personaje, Guido, el director, y Guido, la metáfora del creador, sirven como elemento de ordenación para evidenciar ese conflicto que tal vez es en el espacio del arte en donde mejor se tramita: un conflicto con la vida que se hace, con los recuerdos que van y vienen y con los deseos que marcan toda nuestra existencia. Creo que ese intento admirablemente trabajado por Fellini hace que esta película se a una obra maestra.

Por último recordemos que cada arte tiene una manera de auto-referenciarse. Así como hay pintura acerca de la pintura o literatura que trata de escritores y de poetas, Ocho y medio de Fellini es una película que trata del cine pero lo vincula a la vida. De ahí que no es raro que Guido sea un director, que esté rodeado de actores, de productores, de un crítico y de todo el equipo que interviene en cualquier filmación. Por eso es una película cinematográfica, pues no sólo se centra en contar una historia, sino que lo hace utilizando la única herramienta que le permite mostrar y experimentar de una forma singular e inimitable. Por eso Fellini puso su ojo detrás de una cámara.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA