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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo: Jonas Mekas, cantos sobre la belleza de la creación

 

Ciclos anteriores

2019

Las otras películas de Bernardo Bertolucci

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Cine MADE IN CHINA

2017

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Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

CINE EN CONVERSACIÓN

Sesión del 3 de marzo de 2012

TITULO: LA AMANTE DEL TENIENTE FRANCÉS

DIRECTOR: KAREL REISZ

GUIÓN: HAROLD PINTER

PAIS: REINO UNIDO

AÑO: 1981

DURACIÓN: 123 min.

Los afanes previos al inicio de una grabación  dan paso a una figura casi fantasmal que se desplaza por un malecón en medio del fuerte oleaje de aquella costa; tal es la imagen que nos introduce en una extraordinaria historia, o mejor dicho en dos historias que se suceden paralelamente en esta película dirigida por Karel Reisz, judío nacido en Ostrava, antigua Checoeslovaquia, en 1926 y fallecido en Londres en el 2002, país al que había llegado como refugiado a los doce años; Sus padres murieron finalmente en Auschwitz.

Charles Smithson, paleontólogo, llega a Lyme para adelantar algunas investigaciones; allí conoce a Ernestina, una joven de la burguesía local con quien, meses más tarde, se compromete en matrimonio. Sin embargo, un día, mientras pasea con su prometida cerca del acantilado, ve a una mujer joven, que se cubre con una capa negra y camina por el malecón, mujer que llama poderosamente su atención. Charles indaga a Ernestina sobre la identidad de esta mujer y ella le narra la historia de “Poor Tragedy”, como le llaman algunos o “La amante del teniente francés”, como es más conocida. Esta mujer habría sostenido un romance con un militar francés quien luego la abandonó, y ella, vuelve cada día al malecón, por donde partió, esperando quizás que ese mar le devuelva a su amado. El joven científico trata de acercase a Sarah, así se llama la misteriosa mujer, pero ésta huye de su presencia como un animalito asustadizo. Sin embargo, después de varios intentos, logra ganar su confianza y ella le narra su tragedia. Una mutua atracción nace y aunque Charles lucha contra ella, termina rompiendo su compromiso, cosa que le acarrea el deshonor en ese pequeño pueblo que es Lyme.

El director, uno de los iniciadores del movimiento “free cinema” o cine libre, nos plantea paralelamente otra historia, que es la personal que viven Anne y Mike, actores que encarnan a los personajes de la película.  Con gran maestría, los tiempos e historias se alternan agregando pequeños retazos hasta completarlas, historias por lo demás, similares. Su intención sin embargo, como lo aclara en una entrevista, no era hacer cine dentro del cine; simplemente quería contar dos historias que se parecen, en diferentes tiempos, en diferentes sociedades y los mismos actores.

La historia de Charles y Sarah, que podríamos llamar la “ficción”, se sitúa en plena era victoriana, época llena de contradicciones: mientras que desde el trono y la iglesia anglicana se esforzaban por imponer rígidos códigos morales a la sociedad inglesa, basados en ideales tales como el compromiso con el trabajo, la moral y las buenas costumbres, coexistían hechos como la infidelidad y el auge de la prostitución, impulsada esta última por la prosperidad de una clase burguesa, alimentada por la revolución industrial y el creciente comercio; tenían lugar además las primeras manifestaciones obreras contra la explotación y la pobreza a la que habían sido arrojadas las gentes más desvalidas. En este contexto, aparecen grandes transgresores: escritores como Oscar Wilde, científicos como Charles Darwin, cuya teoría evolucionista desafiaba las enseñanzas creacionistas del cristianismo. Añadamos que la presión de la sociedad en la pequeña Lyme seguramente era más asfixiante; lo confirma la expresión que la señora Poultney dirige a Charles: “Hay cosas que en Londres son corrientes, pero que aquí no son bien vistas por las personas decentes”

Igual que aquellos seres que marchan en contravía, Sarah es definitivamente, una mujer diferente, cuyo compromiso en la vida es con la libertad. Y para defender esa libertad, no duda en inmolarse, inventando una historia que realmente no ocurrió como ella lo divulgó; inventó aquella versión como única forma  de no parecerse a las demás mujeres, provocando su aislamiento y el ser arrojada del seno de una sociedad pacata; así se asegura de no repetir el mismo destino que percibe en sus demás congéneres: conformar un hogar con esposo e hijos; “a veces les tengo lástima” le confiesa a Charles. No acepta ese destino convencional que la sociedad ha construido para las mujeres. Por eso, prefiere vivir como aquellos leprosos de los tiempos bíblicos, señalados por todos y de cuya cercanía huían despavoridos ante el temor de ser contagiados. Sarah no acepta ninguna de las opciones que la sociedad de entonces ofrecía a una mujer si no tenía garantizada una buena fortuna que le permitiera sobrevivir: casarse para construir una familia, ser obrera, o por último, prostituta. “La vergüenza me ha permitido ser libre” le manifiesta al joven científico. Y como ratificando su voluntad de independencia, huye de Charles y sólo reaparece cuando se siente una mujer libre. Ha marchado a Londres; ahora tiene un trabajo que le permite vivir; siente que ha construido verdaderamente su libertad y así, se presenta ante el ser amado.

Algo similar ocurre en la historia de Anne y Mike: ambos están casados pero no pueden huir de esa pasión que los envuelve; y la vida que les espera allá afuera, después de terminar la filmación, se les vuelve insoportable.  En vano, tratan de solucionarla con forzadas reuniones de colegas, pues los consume la angustia frente a esas barreras que no se sienten capaces de derribar.  De nuevo aquí, es la mujer quien decide el destino de ese amor. Anne abandona el escenario, dando a entender que hay algo por encima de aquella pasión que no le permite dar paso a su deseo. Pero, no obstante la admiración que nos suscita Charles al enfrentar las consecuencias de su decisión, no podemos caer en la tentación de tildar de cobardes a estos otros dos seres; quizás tras cada uno de ellos, hay una historia construida ya con otras personas, historia que no es fácil arrojar por la borda de un momento a otro. La película no emite juicios morales, sólo presenta unos hechos. El mismo director pareciera jugar con los dos finales, adjudicando uno feliz para la historia de “ficción” y otro para la “real” e indicando que tales finales podrían haberse intercambiado.

Dediquemos ahora unas líneas para hablar de la factura de la película: la recreación de la época es maravillosa, y está complementada con una excelente fotografía a cargo de Freddie Francis. La música ayuda a crear la atmósfera en cada momento. La escena inicial nos descubre uno de los recursos del cine moderno: el travelling, o sea, el movimiento de la cámara que se desliza sobre rieles o mediante una grúa, para acompañar el movimiento de los personajes. Importante resulta también advertir que en el cine, las imágenes pueden sugerir sentidos no explícitos; y nos referimos por ejemplo, a la escena en la que Sarah en el malecón y en medio de una terrible tormenta, otea el horizonte, con la remota esperanza, quizás, de que la concreción de un sueño aparezca por allí; sin embargo, es a sus espaldas, donde surge aquel que representará su destino. En resumen, hemos asistido a una maravillosa película que reúne méritos en su dirección, la ambientación de la época, la fotografía y en dos reconocidos actores como son Meryl Streep y Jeremy Irons en los dos personajes que encarnan. No en vano son numerosos los reconocimientos otorgados a esta cinta.

BEATRIZ FLOREZ

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