Jean Renoir banner 01

Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo: Jonas Mekas, cantos sobre la belleza de la creación

 

Ciclos anteriores

2019

Las otras películas de Bernardo Bertolucci

2018

Descubriendo seres de cine, Kenji Mizoguchi

Ellas: una íntima mirada al mundo

Cine MADE IN CHINA

2017

Manoel de Oliveira: la lucidez y la duda del lusitano

Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

CINE EN CONVERSACION

Sesión del 17 de marzo del 2012

TITULO:    LA DECISIÓN DE SOPHIE

DIRECTOR: ALAN J. PAKULA

GUIÓN: ALAN J. PAKULA

PAISES: ESTADOS UNIDOS-INGLATERRA

AÑO: 1982

DURACIÓN: 2h-30 min.

Continuando con nuestro ciclo “Mujeres en busca de sí mismas” asistimos, nuevamente en compañía de la extraordinaria Meryl Streep, a la dramática historia de dos seres, a los cuales, en forma diferente, la realidad les ha propinado profundas heridas, difíciles de sanar. Una realidad de la que tratan de escapar mintiéndose a sí mismos, pero a la que tarde o temprano tendrán que enfrentar. Y de la forma en que la enfrenten, dependen sus vidas.

Corre el año de 1947, cuando Stingo, un escritor en ciernes, procedente del sur de los Estados Unidos, llega a Nueva York donde piensa escribir su primera novela. Instalado en una casa, cuyo color rosa parece ser el augurio de un feliz futuro, conoce a una pareja conformada por Sophie, polaca sobreviviente de Auschwitz y Nathan, joven estadounidense judío, quienes viven en la misma pensión y sostienen una tormentosa relación. Entre estos tres personajes se establece una estrecha amistad y es así como Stingo descubre poco a poco, la triste historia de Sophie y la verdadera condición de Nathan, quien dice ser un biólogo comprometido en trascendentales investigaciones, a puertas de un supuesto premio Nobel, pero quien es en realidad un hombre con una larga historia de esquizofrenia.

Dos seres atormentados: Sophie, aferrada a ese hombre, trata de escapar de ese pasado real, que emerge a cada instante, colmándola de dolor y culpa, a pesar de que ha elaborado una serie de mentiras para hacerlo desaparecer; Nathan, a quien el mundo real abandona en cada crisis para ser sustituido por fantasmas implacables que lo sumergen en un oscuro mundo de celos, desconfianza y violencia, momentos en los cuales, fuera de sí, odia a esa mujer, la misma a la que en lucidez, colma de ternura y para la que inventa mundos fantásticos. ¡No te das cuenta que estamos muriendo!, le grita a Sophie en uno de los frecuentes altercados, como presagiando que no existe salvación para ellos; huye entonces para regresar horas después, arrojándose a sus pies e implorando perdón. Y la escena se repite una y otra vez. Un grito doloroso sale de la garganta de Sophie: ¡No te vayas, nos necesitamos el uno al otro! Como dos náufragos que se aferran a la tabla, ellos sienten que sus destinos están trágicamente atados, para bien, o para mal… Finalmente, comprendiendo que no hay esperanza, deciden terminar con sus vidas. Es el precio por esa paz que la vida les negó, un acto de liberación. Tal vez sea ésta la verdadera decisión de Sophie.

Hay momentos de la vida que exigen una decisión difícil, despiadada tal vez, pero … ¿esa decisión que atormenta a Sophie, por la que se culpa y que la hace sentir no merecedora del amor de un hombre bueno, ese momento en que entrega a su pequeña hija al oficial nazi, corresponde realmente a una decisión suya? ¿Era ella quien estaba eligiendo? ¡No se puede hablar de decisión sin libertad! Y Sophie no era un ser libre entonces. Quizás, si hubiera comprendido esta verdad, se habría perdonado, permitiéndose reconstruir su vida. Pero se unió a un hombre que tampoco era libre, un hombre cuya mente no le pertenecía pues estaba enajenada a la oscuridad. Curiosa paradoja la que encierra Nathan, un ser que oscila entre la razón y la sinrazón y que construye para sí la fantasía del científico, hombre comprometido con el discurso lógico. ¡Sin embargo, reconozcamos que nunca nos será clara esa débil frontera entre razón y locura. Y quizás Nathan, en su desmesura, represente tan sólo el sentido de la posibilidad.

Por otra parte, el director nos muestra cómo el ser humano puede generar momentos de reflexión aunque finalmente no pueda actuar en contra de los códigos impuestos: está ese médico que trata de ahogar en el alcohol, la frustración por el juramento hipocrático traicionado, por jugar a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en ese infierno de los campos de concentración; y también en aquella adolescente a cuya casa llega a trabajar Sophie; en ella hay lugar para un sentimiento piadoso frente a la vulnerable prisionera que torpemente intenta robar un radio de invaluable importancia para sus compañeros de infortunio. 

Dirigiendo ahora nuestra mirada al aspecto artístico de esta cinta, tenemos que reconocer la excelente fotografía del inigualable Néstor Almendros, el barcelonés fallecido en 1992. Él, como pocos, comprendió las posibilidades de este arte aplicado al cine, no sólo en la construcción de diversas estéticas y de las atmósferas necesarias a la historia de una película, sino también como resorte para despertar las emociones en el espectador. Con él se consolida la importancia de este oficio equiparable con la del director. El uso de la cámara con un fin determinado se puede observar en la escena en donde ésta sale del campo de prisioneros, remonta el muro que lo separa de la residencia privada del teniente a cargo, y se detiene en lo alto, mostrándonos un mundo totalmente opuesto, paradisíaco, en donde unos chiquillos retozan alegremente en un cuidado jardín; pareciera querer llamar la atención sobre esas dos realidades tan disímiles en sus condiciones, pero tan cerca físicamente, sólo una pared de por medio. Una tragedia que se cernía sobre miles de seres indefensos pero aparentemente invisible para una sociedad conducida por el odio y los prejuicios. Y unas palabras finales para destacar la portentosa actuación de Meryl Streep que le valió la distinción del Oscar como mejor actriz; sumergida totalmente en su personaje nos hace vivir la tragedia de esa Sophie, que puede ser la de muchas mujeres que buscan su propio destino, a veces con éxito, a veces sin él, como en el caso de la protagonista. Destacable también Kevin Klein en su primer papel en un largometraje, encarnando a Nathan Landau.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA