Cine en conversación, sesión de junio 22 de 2013

CICLO: MIGRACIONES FORZADAS, UN PROBLEMA MILENARIO.

TÍTULO: BIUTIFUL

DIRECTOR: ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU

GUIÓN: ARMANDO BO Y NICOLÁS GIACOBONE

PAIS: MÉJICO

AÑO: 2010

DURACIÓN: 145 min

La belleza y serenidad de la primera escena, y anticipemos, que es también la última, en donde el protagonista habla con un joven, su padre, en un bosque cubierto de nieve, no permite presagiar lo que a continuación veremos. La penosa existencia de Uxbal, un hombre que lucha por la supervivencia de sus dos hijos, de una esposa alcohólica y depresiva, y por la suya propia, amenazada por un cáncer que devora sus entrañas. La historia se desenvuelve en una Barcelona desconocida por los circuitos turísticos, el barrio de Santa Coloma, asiento de inmigrantes y desposeídos; allí se mezclan chinos, africanos, asiáticos, que llegaron en busca de las oportunidades que su país les niega, o expulsados por los conflictos políticos.

En nuestra anterior proyección, después de acompañar a Jamal en su azaroso viaje, lo dejamos en Londres, culminando con “éxito” su aventura; esta película podríamos interpretarla como el seguimiento a esos miles de “Jamales” porque, paralelo al drama individual de Uxbal, está aquel de los inmigrantes, esclavizados en ese mercado que se ha creado en las sociedades desarrolladas, y del que hace parte Uxbal, así él tenga una mirada sensible frente a la miseria de esas existencias.

Este hombre es, él mismo, un marginado; un ser que sobrevive penosamente en esa Barcelona gris; es consciente de su responsabilidad por los dos hijos, cuyo futuro inmediato trata de dejar cubierto frente a la inminencia de la muerte. Como hijo de “charnegos” aquellos individuos trasladados forzosamente en tiempos de Franco a Cataluña, para tratar de diluir su cultura, es un extranjero más en su propio país; vive gracias a los negocios que hace clandestinamente, llevando a pequeños empresarios los inmigrantes ilegales que llegan a la ciudad. Un ser contradictorio, pues a pesar de que los explota, le preocupa que gocen de un mínimo de bienestar, y eso es lo que provoca la tragedia que hace explotar en mil pedazos ese inframundo en el que se movía. Tratando de protegerlos del frío consigue a buen precio unas hornillas para la calefacción del cuarto en donde duermen hacinados, decenas de chinos que trabajan en un taller de confección, pero son esas hornillas las que provocan la muerte, por intoxicación, a más de dos decenas de trabajadores.

Un individuo que es consciente del maltrato a que son sometidos esos indefensos, pero no tiene otra opción, pues como lo afirma, “el universo no paga el arriendo”. Escindido de la urbe opulenta como aquellos con los que comercia, batalla a diario por su sobrevivencia, no existe alternativa. Todos mueren lentamente, unos antes, como Uxbal, otros entregan cada día un poco de su precaria existencia, y hay quienes, abruptamente, se sumergen en la nada, como lo hicieron aquellos infelices mientras dormían.

Seguimos al protagonista en su desesperado trajinar, cobrando allí, pagando allá, incluso al policía corrupto para que disminuya su presión sobre los africanos que venden en las calles sus artesanías y, cuando las fuerzas le abandonan, corre donde aquella mujer que lo sostiene espiritualmente, y que nos plantea un tema muy interesante; el mundo de lo suprasensible, de gran arraigo en la cultura popular y en el que se refugian tantos seres que han perdido la esperanza. Uxbal mismo dice tener la facultad de oír a quienes han abandonado este mundo.

Un momento conmovedor para resaltar: aquel en que Uxbal y su mujer piden perdón y se perdonan mutuamente, pues los dos se han fallado; la vida que les ha tocado vivir los ha destrozado y de ese amor e ilusiones que seguramente los animaron hace muchos años, sólo queda la amargura y la sensación de fracaso. Dos seres que quizás apostaron sus vidas a unos sueños que quedaron desperdigados por ahí, a lo largo de sus vidas; la confesión de sus fracasos, el deseo de obtener el perdón que los redima de la culpa para morir en paz, la necesidad de saldar todas sus cuentas antes de emprender el último y más incierto viaje del hombre. Aquí tendría justo lugar, esa reflexión de Musil en su novela “Un hombre sin atributos”: “Cuando se sufre mucho y cuando, aún en vida, siente uno que empieza a desprenderse poco a poco, su corteza corporal, surge la inclinación a perdonar y pedir perdón” (Tomo II, cap. 4, pág.39)

Alguien advertía sobre cómo esta situación de explotación al inmigrante, pasa inadvertida; nos hemos insensibilizado gracias a la banalización que hacen los medios de comunicación y el problema se ha reducido a frías estadísticas que registran a quienes mueren tratando de alcanzar la “tierra prometida”. Cada época, cada fenómeno social, produce una migración diferente; hace 500 años, miles de aventureros se internaban en mares desconocidos tras la leyenda del dorado; hoy, los conflictos y persecuciones políticas o religiosas, expulsan de sus países a miles de individuos hacia otras naciones que a su vez, los relanzan fuera de sus fronteras. Y ¿cómo no volver los ojos hacia el caso colombiano? Millones de campesinos en las últimas décadas, han debido abandonar sus tierras para ponerse a salvo de la violencia que ha azotado el agro colombiano.

No es fácil pensar en una solución que brinde condiciones dignas a esos trashumantes, pero lo que sí podemos afirmar es que debería aflorar la solidaridad frente a ese extrañamiento que sufre quien deja su tierra y a quien le es imposible, por la discriminación y la desconfianza que genera, establecer un vínculo con su nuevo entorno.

Cerramos la pasada sesión, haciendo un reconocimiento a la portentosa actuación de Javier Bardem en su papel de Uxbal y quien prácticamente lleva a sus espaldas, todo el peso de la película.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA