Cine en conversación, sesión de junio 15 de 2013

Ciclo: Migraciones forzadas, un problema milenario.

Película: En este mundo

Director: Michael Winterbottom

Año: 2002

En el calor desértico del medio oriente encontramos a Jamal y aEnayatullah, dos jóvenes primos que viven en la ciudad paquistaní de Peshawarm justo al lado de la frontera de Afganistán, poco después de la retaliación norteamericana a causa del 11 de septiembre. Jamal crece en un campo de refugiados, mientras Enayatullah, un poco mayor que su primo, trabaja en el puesto que su familia tiene en el mercado. A los dos chicos los asalta una oportunidad, un sueño: ir a Londres para tener una vida mejor. Sin embargo para este viaje, para esta odisea, no dependen de ellos mismos sino que sucesivamente estarán en manos de los contrabandistas de inmigrantes: igual que los millones que cruzan fronteras en tantos lugares del mundo agobiados por la pobreza, por el hastío, por la presión de las circunstancias. La aventura inimaginable, incierta, agobiante y peligrosa de estos dos chicos inicia en la aridez de Pakistán, por tierra, para llegar a Irán en autobús y camión, luego siguen a pie desde Teherán hasta la exótica Turquía pasando por el frio del Kurdistán, en una ruta frecuentada igualmente por los contrabandistas. Una vez llegan a Estambul entablan amistad con una familia, también inmigrante, padre, madre y un niño aún de brazos, que se dirige a Dinamarca, y con la cual lo que parece un viaje al menos realizable se convierte en la caída inesperada al reino de la oscuridad, pues los dos jóvenes y aquella inocente familia deben pasar cuarenta horas dentro de un contenedor de carga que viaja a bordo de un barco que navega por el Mediterráneo hasta desembarcar en Trieste, Italia. Y así es como el sueño se convierte en una pesadilla: Enayatullah y los dos padres de la criatura mueren asfixiados en tanto Jamal huye desesperado y el bebé queda ahora en los brazos de un funcionario italiano, sorprendido con lo que encontró en un día de trabajo. Entonces a Jamal, ya solitario, le queda un camino aún más incierto; mas gracias a un robo por necesidad, logra llegar hasta un campo de refugiados en Francia, y como una ratita se mete en un camión que subirá al Eurostar, el vehículo que lo llevará hasta su destino final: Londres, la tierra prometida, soñada, el lugar en donde lo espera el futuro, una vida mejor, el paraíso... Sin embargo el paraíso no existe.

Este filme de Winterbottom nos dejó ante la pregunta ¿qué fue lo que vimos: documental o ficción? ¿Es allí la realidad registrada o recreada? Esa ambigüedad nos plantea un acercamiento distinto con quienes aparecen ¿Son personas o personajes? De ahí que la muerte de Enayatullah no es un simple acontecimiento anecdótico sino que nos invita a detenernos sobre lo que le ha pasado al joven, sobre si de verdad está vivo o está muerto. Y es que la mezcla de documental y ficción incita a atender la historia tanto como el contexto que la causa y casi que la justifica: los refugiados que sólo tienen esperanza en la migración. Pues ¿Qué significa ser de un campo de refugiados? Allí la humanidad pervive en un limbo, casi que sin espacio ni tiempo, sin raíces, sin libertad ni esperanza. Por eso tantos se lanzan a esa peligrosa aventura de cruzar las fronteras; no obstante, el inmigrante en su viaje continúa en otra suerte de limbo, e incluso, así consiga llegar a su lugar de destino, vivirá en otro limbo pues siempre estará el estigma de ser alguien diferente, como un roedor, señalado por su lugar de origen, acaso en ocasiones sin poder rebasar esas otras fronteras tan hostiles como las físicas: las que demarcan los prejuicios. Sin embargo, así en ese duro trayecto entre países se haga presente la falta de solidaridad de las naciones y el oportunismo de los traficantes que hacen de los seres humanos objetos rentable para contrabandear, en lo pequeño surgen formas amables entre los viajeros, entre quienes se reconocen como iguales, como desterrados que buscan algo mejor y que pueden compartir un rato en un divertido partido de fútbol al lado del mar, del gran océano que los separa de la tierra prometida.

Pero ¿Qué es lo que se representan de esa tierra, qué hay en el imaginario de esos viajeros, qué significaba para ellos ir a Londres? Una ilusión, una promesa, una esperanza, la última salida, tal vez la última puerta que pueden abrir pero que está a miles de kilómetros. Y esa puerta los conduce a la ciudad, al mundo de las posibilidades y de los derechos, de los sueños y también de unas nuevas y duras realidades. ¿Nos atreveríamos nosotros a ir en busca de esa puerta que parece a los ojos de la imaginación el cofre que guarda el tesoro? Quizás la única alternativa para muchos en diferentes lugares de este mundo es buscarla, y por eso el director Winterbottom finaliza esta película volviendo a Pakistán, y nos muestra los rostros de esos niños a los que tal vez sólo les espera en el futuro salir en busca de esa puerta no importa que se encuentre más allá de la frontera.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA