Sesión del 17 de septiembre del 2011

TITULO: UN MUNDO MARAVILLOSO

DIRECTOR: LUIS ESTRADA RODRIGUEZ

GUIÓN: LUIS ESTRADA R., JAIME SAMPERIO

PAIS: MEXICO

AÑO: 2006

DURACIÓN: 118 min.

 

Del mismo director de “La Ley de Herodes”, asistimos en esta, la penúltima sesión del ciclo “Poder e Individuo” a una película que constituye una aguda crítica a todos los estamentos de la sociedad: Estado, Iglesia, políticos, medios de comunicación y aún, a los mismos pobres.

Un alto funcionario del Gobierno expone en un foro mundial sobre la pobreza, ante una refinada élite social, los exitosos resultados de las políticas económicas que ha aplicado en su país y que han logrado reducir a niveles ínfimos la pobreza. Así se inicia esta historia. Luego viene el hilarante accidente que cambia la vida de Juan Pérez, un vagabundo que duerme bajo cualquier puente junto a sus compañeros de suerte mientras sueña con casarse  con Rosita, y quien accidentalmente queda atrapado en la cornisa de un edificio.  La prensa amarillista presenta este hecho como un intento de suicidio, elevando al despreocupado hombre a la categoría de “paladín de la democracia que ha intentado inmolarse para protestar contra las políticas neoliberales del gobierno”.  El Secretario de Economía, temeroso de que este incidente lesione su imagen, decide acallar al supuesto inconforme otorgándole casa y un automóvil. Pero el caso se complica cuando los compañeros de infortunio de Juan, enterados de lo sucedido, amenazan a su vez con suicidios para obtener los mismos beneficios.  Las medidas para remediar esta situación y prevenir futuras asonadas no se hacen esperar: Juan, quien se ha casado con su novia y sólo lleva unas horas disfrutando de su nueva vida, es llevado a la cárcel junto con sus imitadores y la pobreza es declarada delito. De esta forma, el funcionario ha eliminado uno de los más graves problemas de esa sociedad. La ironía final: el secretario gana el premio nobel de economía por haber acabado con la miseria en su país, en tanto que Juan ha retornado a su antigua condición.

Del desconcierto inicial en que nos deja la cinta, pasamos a escudriñar en esa caricaturización de personajes y situaciones, y así emergen las primeras reflexiones; la pobre imagen de los medios de comunicación que nos entrega este director: el único criterio para determinar la importancia de una noticia es su impacto sobre el público; la única restricción, que no afecte los mercados; el jefe de redacción dice a sus periodistas: “un poco de sangre nos garantizará más ventas”. Los titulares se piensan en función del efecto sobre los lectores. La información que suministran no tiene la finalidad de entregar al ciudadano elementos para un análisis objetivo de la situación sino de capturar su fugaz atención.

Los funcionarios del gobierno están totalmente desconectados de la realidad del país; no están seguros ni siquiera del salario mínimo legal vigente y la demagogia es su herramienta favorita: Pérez, por primera vez en su vida, es visible para el Estado y tratado como un ciudadano digno de atención. Pero, ¿acaso no cabe a los pobres responsabilidad alguna por su situación? ¿La milenaria resignación con que afrontan su suerte, la que atribuyen a la “voluntad divina” o cuando más, a su mala suerte, no ha contribuido a ese estado de cosas?  Pero por otro lado, ¿están en condiciones de organizarse para luchar por sus derechos? Eso requeriría el acceso de todos a una educación para la democracia, que los hiciera conscientes de sus derechos y de sus obligaciones.

La película no intenta una separación maniquea de buenos y malos; la presentación de los personajes no nos permite identificarnos con ninguno.  Luis Estrada declaraba que no intentó hacer un estudio sociológico sobre la pobreza, sólo exponer los perniciosos resultados de la globalización y las políticas neoliberales que han multiplicado el número de pobres en el mundo; quizás por eso no se toca el tema del narcotráfico. Si bien es cierto que es necesario profundizar en las lógicas del capitalismo para entender su dinámica, la cinta tiene el mérito de poner al descubierto las estructuras del sistema para entender sus efectos: desempleo, marginalismo con todas sus secuelas de miseria física y espiritual, adicciones….

También queda expuesto el individualismo que penetra todas las clases sociales, aún aquellas desfavorecidas; ese ingenuo “voluntarismo” que lleva a soñar con un vuelco de la situación, posible para cualquiera que se lo proponga, impulsa a estos seres a luchar individualmente.  Y respecto al final de la historia, ciertamente no podemos concluir que una simple cuestión de supervivencia puede llevar a privar de la vida al otro; eso sería justificar la barbarie, dar libre salida a los más oscuros instintos que pueda albergar un ser humano. Para concluir, resulta importante resaltar que hay cierta evocación del cine de Buñuel, notoria en aquella escena donde los cuatro menesterosos comen opíparamente mientras afirman que “es mejor ser ricos por un día que pobres toda la vida”.

BEATRIZ FLOREZ       

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA