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Cine en conversación

Coordina: Gustavo Restrepo

Día: Viernes. Hora: 6:15 p.m.

Periodicidad: Quincenal

Lugar: Sede CorpoZuleta. Calle 46 N° 70A-60

Entrada libre

Próximo ciclo: Jonas Mekas, cantos sobre la belleza de la creación

 

Ciclos anteriores

2019

Las otras películas de Bernardo Bertolucci

2018

Descubriendo seres de cine, Kenji Mizoguchi

Ellas: una íntima mirada al mundo

Cine MADE IN CHINA

2017

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Cien años de la revolución rusa

¿Y quién no le debe a Kurosawa? II

Cine en conversación, sesión de julio 27 del 2013

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto I

Película: César debe morir

Dirección: Paolo y Vittorio Taviani

Año: 2012

En siglos por venir se verá a actores representar

esta grandiosa escena nuestra, en reinos aún por nacer

y en idiomas aún por inventar.

Tomado de: César debe morir

 

Gracias a un taller teatral la cárcel romana de Rebbibia se transforma en la sede del gran imperio que gobierna Julio César, y bajo la dirección de Fabio Cavalli, algunos de los poco ejemplares prisioneros, Salvatore, Cosimo, Giovanni, Antonio, Juan Dario, Vittorio, Rosario y Vicenzo, hombres rudos, crueles en otro momento de sus vidas, déspotas, homicidas y sinvergüenzas, asumirán la tarea de darle fin a la presencia del tirano. Es así como en nuestros días los reos asumen el texto que Shakespeare escribió hace más de cuatro siglos, y prácticamente lo vivifican, lo encarnan y hacen de todo alrededor parte del escenario. “A veces parece que Shakespeare habla de Nápoles” dice uno de los actores, pues en tanto transcurre la película dejan de ser solo presos; de una afirmación como esas se reconocen los dos planos en que se desenvuelve la película: a color mientras realizan la representación oficial de la obra y a blanco y negro, durante los ensayos, cuando los presos alcanzan una forma de la libertad. Giovanni Arcuri será en adelante el poderoso César, Cosimo Rega el conspirador Casio y Salvatore Striano asumirá no el rol sino la existencia misma de Bruto, el angustiado traidor. No es por eso gratuito el doble juego de este filme: hombres encerrados en un espacio institucional ponen en escena a personajes en búsqueda de la libertad; hombres que han perdido acaso con justa causa el mundo de afuera, encuentran, también con justa causa, el universo que habita en ellos desde muy adentro. Y es que después de abandonar la sala, nosotros los espectadores, ya no veremos de igual manera a un recluso, ni a Shakespeare, ni a Julio César, ni a Casio y sobre todo a Bruto, ese hombre del filme y el de hace dos mil años que se debatió en el gran dilema que atravesó su vida: salvar a Roma penetrando con un puñal el pecho de su mejor amigo.

César debe morir cuestiona en principio lugares comunes que en ocasiones se enuncian ¿Qué hacen unos “monstruos de la sociedad”, criminales, narcotraficantes, ladrones, homicidas, representando una sublime obra? Sin embargo vemos que los presos interpretan con tanta sensibilidad, como pasión, se transforman y permiten que el espíritu del gran maestro del teatro isabelino ingrese en ellos y recorra todos los pasillos y las celdas de la prisión, de ahí que la misma cárcel desaparece, incluso para los espectadores (que son en ocasiones los compañeros de celda) pues ya no se trata de un presidio, sino de la gran Roma. Aun así persisten ciertas paradojas: en primer lugar sobre lo que estamos viendo: ¿documental o ficción? También es atractivo el hecho de que los reclusos luchen por una libertad imaginaria ya que en su presente real no la tienen; y en tercer lugar, así estén purgando una deuda, en la obra están obligados a cometer un nuevo crimen, uno de los mayores: la traición. Así pues, cabe preguntarse ¿qué es lo liberador de lo artístico? Fue evidente que en la mayoría de los participantes, gracias a esa actividad teatral, se posibilitó una transformación personal, y por ella los actores pudieron salirse e ingresar en sí mismos, conocer y conocerse. Mas, cuando se sabe que algo de la vida está irremediablemente perdido ¿Por qué promover un tipo de arte que genera una crisis, que confronta, que nos lleva a salir de un estado anterior sumido en la segura resignación y en la anestésica conformidad? Es muy pertinente esta película para pensar con mayor detalle lo que significa el papel resocializador de la condena en una cárcel y el arte como un medio para llevarlo a cabo, ya que ante esta representación de los hermanos Taviani se afianza la idea de que el mundo no puede dividirse tajantemente entre buenos sin responsabilidad y malos a quienes hay que castigar.

Queda la cuestión de que semejante actividad teatral en dicho filme se realizó con seres muy particulares ¿Podría replicarse esa experiencia con igual éxito en nuestra ciudad? ¿Qué resultaría? Incertidumbre. Como fue incertidumbre lo que vimos en la mirada de aquél reo Cosimo Rega –condenado a cadena perpetua por homicidio- quien en la última función dejó el papel de Casio tirado sobre las tablas, y al regresar solo encontró el vació que lo obligó a pronunciar una frase desgarradora y desesperante: “Desde que conozco el arte, esta celda se ha convertido en una prisión”

Eduardo Cano.

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA