Es un libro que en los primeros pasajes depara la impresión de que hay en él, en la historia que se va desarrollando, algo ingenioso, imprevisible. Pasa que a uno nunca se le ocurriría adivinar al leer el título −La magnitud de la tragedia− cuál es la tragedia de la que se va a tratar en él: esa difícil y tan penosa situación de Ramón María y su miembro.

Al leerlo nos encontramos ante una escritura desprovista de florituras y ante un autor que hace de la escritura una oportunidad para tratar un tema que es tabú, −así al menos en nuestro contexto cultural−, como es el de la sexualidad, aquí en los capítulos leídos hasta el presente, en las experiencias de Ramón María tanto con la particular situación que comenzó a vivir una noche de embriaguez al fragor de una viril preocupación como cuando se encuentra con sus amantes, y en las de Ana Francisca, su hijastra, por ejemplo con Javier Ignacio; y lo hace sin complicarse, sin demorarse demasiado en ello. Más que tratarse de un libro de “denuncia”, de poner en la voz de personajes cosas que tienen que ser conocidas, lo que hay en él es la expresión de cosas que estaban prohibidas, cosas de las que no se “debía hablar”.  Y sin embargo, no hay en el texto pasaje alguno que sea grotesco. Encontramos allí experiencias sexuales tratadas sin enredos. ¡No se trata tampoco de un asunto pornográfico!

Tendríamos que preguntarnos el porqué nos sorprende la risa cuando se mencionan, como pasa en el libro, asuntos referidos a la sexualidad; preguntarnos si esa risa es tal vez la manifestación de una dificultad cultural, personal que nos habita: sí la sexualidad es un asunto serio de  la vida humana –y los asuntos serios de la vida si bien por principio no excluyen la hilaridad, si exigen e imponen cierta disposición anímica, intelectual, sensible−, por qué nos sucede que a la hora de abordarla, en una conversación por ejemplo, lo único que se nos ocurre hacer es acudir al chiste y a provocar la risa, cuando no callarnos.

En algunos pasajes del texto se puede apreciar también cuál es la situación de la familia en un contexto como el de esa cultura en la que toma lugar la historia, un rasgo de ese asunto. Esto, por ejemplo, se percibe si se atiende a la manera como Ana Francisca se refiere a su madre, de su vida, de cómo fue que la “trajo al mundo”

La de Monzó, así en este libro, es una narración realista: es un libro en el que abundan pasajes cotidianos, casuales, fortuitos. Nos presenta la realidad de todos los días y como nos sucede que su lectura nos depara cierta incomodidad, lo que puede llegar a poner de manifiesto es nuestras posibilidades para abordar en la lectura y aún más en la conversación una trama como la propuesta.

Santiago Gutiérrez G.